Elegir un aire acondicionado no es tan sencillo como parece. Muchos usuarios se dejan llevar por el precio o por la marca, sin reparar en un dato fundamental.
Ese dato es la potencia del equipo. Si no se calcula bien, el aparato puede quedarse corto o, por el contrario, resultar excesivo para la estancia.
Los técnicos del sector insisten en que este cálculo debe hacerse antes de comprar, no después. Un equipo mal dimensionado consume más energía de la necesaria y enfría peor.
Para entender el problema hay que conocer primero las unidades que se manejan. La más habitual en España sigue siendo la frigoría, aunque técnicamente sea una unidad en desuso.
Una frigoría equivale a una kilocaloría negativa, es decir, a la cantidad de calor que un equipo es capaz de extraer de una habitación. En el mercado internacional, en cambio, se suele hablar de BTU o de kilovatios.
Para pasar de una unidad a otra existen fórmulas sencillas. Un kilovatio equivale aproximadamente a 860 frigorías, y una frigoría equivale a unas cuatro BTU.
Con estas equivalencias en mente, el siguiente paso es calcular cuántas frigorías necesita realmente una habitación. La fórmula más extendida consiste en multiplicar los metros cuadrados de la estancia por 100.
Así, una habitación de 20 metros cuadrados necesitaría alrededor de 2.000 frigorías para climatizarse correctamente. Es un cálculo orientativo, pero sirve como primera referencia antes de acudir a un profesional.
Un aire acondicionado de Haier.
Otra forma de hacer el cálculo, algo más precisa, tiene en cuenta el volumen de la habitación y no solo su superficie. En este caso se multiplican los metros cúbicos por 50.
Para conocer el volumen basta con multiplicar la superficie por la altura del techo. Este método resulta especialmente útil en viviendas con techos altos, donde el cálculo por metros cuadrados se queda corto.
Sin embargo, ningún experto recomienda quedarse solo con estas fórmulas básicas. La orientación de la vivienda influye de forma notable en la carga térmica real que debe soportar el equipo.
Una habitación orientada al sur o al oeste recibe sol directo durante las horas de más calor. Eso puede suponer hasta un 20% más de necesidad de potencia frente a una estancia orientada al norte.
Esquema de cálculo de frigorías
Las ventanas también juegan un papel decisivo en este equilibrio. Son el punto más débil desde el punto de vista térmico, y una gran superficie acristalada puede disparar la carga de calor de una habitación.
El aislamiento del edificio es otro factor que los especialistas destacan una y otra vez. Una vivienda antigua y mal aislada necesitará más potencia que un piso nuevo con buenos cerramientos, aunque tengan el mismo tamaño.
Tampoco hay que olvidar las fuentes de calor internas. Los electrodomésticos, la iluminación o el número de personas que ocupan habitualmente la estancia suman calor que el aparato tendrá que compensar.
Por eso, cuando existe una fuente de calor relevante, como la cocina, se recomienda aumentar la potencia calculada en torno a un kilovatio adicional. En estancias muy soleadas o áticos, el incremento recomendado ronda el 15 por ciento sobre el valor inicial.
Los fabricantes suelen ofrecer equipos domésticos de referencia con dos potencias muy habituales en el mercado. Los de 2,5 kilovatios están pensados para estancias más pequeñas, mientras que los de 3,5 kilovatios se recomiendan a partir de los 20 metros cuadrados.
Elegir un equipo por debajo de las necesidades reales tiene consecuencias claras. El aire acondicionado trabajará de forma continua para intentar alcanzar la temperatura deseada, sin conseguirlo del todo.
Esto se traduce en un desgaste prematuro del compresor y en un gasto eléctrico mayor del esperado. La sensación de confort, además, nunca llega a ser la adecuada.
El problema contrario, un equipo sobredimensionado, tampoco es una buena noticia. La estancia se enfría demasiado rápido y el aparato se apaga y enciende constantemente, lo que también penaliza el consumo y la vida útil del compresor.
Además, un exceso de potencia puede generar una sensación de humedad desagradable. El equipo no tiene tiempo suficiente para deshumidificar el ambiente antes de alcanzar la temperatura marcada.
Por todo ello, los instaladores acreditados recomiendan no fiarse únicamente de las fórmulas rápidas que circulan por internet. Estas sirven como primera aproximación, pero no sustituyen un estudio profesional del espacio.
Existe además una cuestión normativa que muchos usuarios desconocen. Los equipos que superan las 4.500 frigorías, equivalentes a unos 5 kilovatios de potencia térmica, deben registrarse ante la administración correspondiente.
Este requisito suele afectar a instalaciones más grandes, como las de locales comerciales o viviendas con climatización centralizada. En el caso de un equipo doméstico estándar, lo habitual es no llegar a ese umbral.
En definitiva, calcular bien la potencia de un aire acondicionado antes de comprarlo evita disgustos posteriores. Un cálculo orientativo con la superficie o el volumen de la habitación es un buen punto de partida.
Pero factores como la orientación, el aislamiento, las ventanas o las fuentes de calor internas pueden cambiar por completo el resultado final. Consultar con un instalador profesional sigue siendo, según los expertos, la manera más fiable de acertar con la elección.
