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Muchos usuarios desconfían del modo noche de su aire acondicionado porque creen que dejarlo activo toda la madrugada dispara la factura. Sin embargo, esta función está diseñada precisamente para lo contrario.

El modo noche, también llamado Sleep o nocturno según la marca, no mantiene la temperatura fija durante toda la madrugada. En su lugar, va elevando el termostato de forma gradual, normalmente uno o dos grados cada hora, hasta un límite programado.

Esa subida progresiva imita el descenso natural de la temperatura corporal durante el sueño. El cuerpo humano necesita algo más de calor a medida que avanza la noche, así que el equipo se adapta a ese ritmo en lugar de forzar un frío constante.

El error habitual no está en dejar el equipo encendido, sino en apagarlo de golpe. Es cierto que dejar el aire acondicionado toda la noche puede costar alrededor de un euro en electricidad, y si usamos el modo noche incluso menos.

La clave está en la tecnología inverter que incorporan los equipos modernos. Una vez que la habitación alcanza la temperatura deseada, el compresor reduce su potencia y deja de trabajar al máximo rendimiento.

El modo noche aprovecha exactamente ese principio, pero lo lleva un paso más allá. Al ir subiendo el objetivo de temperatura poco a poco, el compresor necesita todavía menos esfuerzo para mantener la estancia fresca.

Esto contrasta con la costumbre de apagar el aparato en cuanto la habitación se enfría. Cuando el calor vuelve a acumularse en el dormitorio, el equipo tiene que arrancar de nuevo desde una temperatura más alta, y ese arranque es la parte que más energía consume.

Por eso, aunque parezca contradictorio, dejar el aire acondicionado funcionando con el modo noche activado suele salir más a cuenta que apagarlo y encenderlo varias veces. El consumo se reparte en un régimen suave en lugar de concentrarse en picos de arranque.

De hecho, los equipos modernos están pensados para autorregularse. Su función no es enfriar al máximo durante 8 horas seguidas, sino sostener una temperatura confortable con el mínimo gasto posible.

Una persona durmiendo con el aire acondicionado Diario de Cädiz Omicrono

El ahorro del modo noche depende también de otros factores ajenos al propio aparato. La cantidad de calor que entra en la vivienda a través de ventanas, persianas o paredes mal aisladas influye tanto como la programación del termostato.

Por eso los técnicos recomiendan combinar el modo noche con medidas sencillas. Bajar las persianas antes de que caiga el sol o ventilar la casa a primera hora de la mañana reduce la carga de calor que el equipo tiene que compensar después.

La temperatura de partida también importa. Programar el modo noche desde una habitación ya fresca, en torno a los 24 grados, exige mucho menos esfuerzo que activarlo cuando el dormitorio todavía está a 29 o 30 grados.

Otro aspecto que suele pasarse por alto es la diferencia entre apagar el equipo y ponerlo en modo noche. Apagarlo del todo interrumpe la deshumidificación de la habitación, y un ambiente más húmedo se percibe como más caluroso aunque el termómetro no haya subido tanto.

El modo noche, en cambio, mantiene ese proceso de deshumidificación funcionando a un ritmo bajo. La sensación térmica se conserva más estable durante toda la madrugada, incluso cuando el número que marca el termostato va subiendo poco a poco.