Cuando se coloca un frigorífico en la cocina, casi siempre se piensa primero en la estética. El resultado es que muchos aparatos terminan encajados entre muebles sin dejar el espacio que realmente necesitan para funcionar.
Ese descuido tiene un nombre técnico sencillo: falta de ventilación. Y según técnicos e instaladores del sector, es uno de los errores más repetidos y más caros a largo plazo.
Un frigorífico no solo enfría por dentro, también genera calor por fuera. Ese calor se libera a través de las rejillas traseras o laterales, y necesita un espacio libre para disiparse en el aire de la cocina.
Si el aparato queda pegado a la pared o encajado entre columnas de mueble, ese calor no tiene adónde ir. El resultado es que el motor se ve obligado a trabajar más para compensar, y ahí empieza el problema.
El primer síntoma suele ser un consumo eléctrico más alto de lo normal. El compresor, al no poder liberar el calor con facilidad, se mantiene encendido durante más tiempo del que debería.
Con el tiempo, ese sobreesfuerzo pasa factura al propio motor. Los técnicos coinciden en que una ventilación insuficiente acorta la vida útil del electrodoméstico de forma notable.
Además del gasto energético, aparece otro efecto menos evidente: el ruido. Un motor forzado tiende a sonar más fuerte de lo habitual, algo que muchos usuarios notan pero no siempre relacionan con la instalación.
El problema más serio, sin embargo, tiene que ver con la conservación de los alimentos. Si el frigorífico no logra estabilizar bien su temperatura interna, la comida puede deteriorarse antes de lo esperado.
Los electrodomésticos encastrados, tan de moda por motivos estéticos, son especialmente propensos a este fallo. Se suele dejar hueco en la parte trasera, pero se olvida que también hace falta una salida de aire en los laterales o en la parte superior del mueble.
Sin esa salida, el calor queda atrapado dentro del propio armario de cocina. Es un error que rara vez se advierte en el momento de la compra o del diseño de la cocina.
UN técnico instalando un frigorífico
Detectarlo no requiere herramientas especiales. Basta con tocar las paredes laterales y la parte trasera del aparato para comprobar si están más calientes de lo que deberían.
Otras señales son un motor que funciona de forma casi continua o una acumulación de escarcha superior a la habitual en el congelador. Cualquiera de estos signos suele apuntar a un problema de flujo de aire.
La buena noticia es que el arreglo no exige comprar un aparato nuevo ni más potente. Basta con separar el frigorífico unos centímetros de la pared y de los muebles laterales, siguiendo siempre las distancias que indica el fabricante en el manual.
En el caso de los modelos integrados, conviene revisar que el mueble tenga rejillas u orificios reales de ventilación, y no solo un hueco cerrado. Consultar el manual antes de instalar la cocina evita, en la mayoría de los casos, tener que rehacer el trabajo después.
