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Cada verano miles de españoles entran en una tienda o abren una web decididos a comprar un aire acondicionado. La mayoría se fija en la marca, el precio y la potencia, pero pasa por alto el dato que más dinero puede ahorrarles a largo plazo.

Se trata de la etiqueta energética, obligatoria por ley en todos los equipos de climatización desde hace más de una década, tal y como recoge Consumo Responde, el servicio de información al consumidor de la Junta de Andalucía. Esta etiqueta clasifica los aparatos por letras, de la A a la G, según su consumo real durante toda la temporada de uso.

El problema es que, aunque casi todo el mundo reconoce visualmente esta pegatina, pocos la usan de verdad para decidir. Según los datos del Eurobarómetro de la Comisión Europea, un 93% de los consumidores europeos identifica la etiqueta, pero solo un 75% afirma que ha influido en su compra en los últimos 5 años.

Eso significa que uno de cada cuatro compradores la ignora por completo a la hora de decidirse por un modelo u otro. Y entre los que sí la miran, muchos no llegan a entender realmente lo que están viendo.

Un estudio publicado en la base científica PMC, que analizó el comportamiento de los compradores mediante seguimiento ocular, llegó a una conclusión reveladora. La etiqueta capta la atención visual del consumidor, pero su efecto real sobre la elección final del producto es sorprendentemente bajo.

Es decir, la miramos por encima, pero no la usamos como herramienta de decisión. El propio estudio apunta que el formato actual de la etiqueta no ayuda a integrar bien toda la información que contiene.

A esto se suma otro matiz importante que denuncia la Organización de Consumidores y Usuarios. Según OCU, las clasificaciones energéticas actuales de los aires acondicionados no siempre reflejan la realidad climática de países como España.

Etiqueta de un aire condicionado Naturgy Omicrono

La organización pide desde hace tiempo revisar varios aspectos del cálculo, ya que la etiqueta puede llevar al consumidor a elegir un modelo mal dimensionado para su vivienda. En otras palabras, incluso quien intenta hacer bien los deberes puede recibir una información incompleta.

Pero más allá de estos matices, el ahorro económico de fijarse en la etiqueta es real y está documentado. Un análisis recogido por COPE, basado en datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, calcula que elegir bien este detalle puede suponer un ahorro de unos 200 euros al año en la factura de la luz.

La energética Repsol ofrece una cifra similar desde otro ángulo. Según explica en su guía de consejos para ahorrar luz, un modelo con etiqueta A puede lograr hasta un 40% menos de consumo frente a los equipos que más gastan, aunque su precio inicial sea algo mayor.

Ese sobrecoste, según la propia compañía, se amortiza en poco tiempo gracias al menor gasto mensual. La web especializada e-ficiencia.com añade otro dato para poner las cosas en perspectiva.

Aparatos de aire acondicionado en la fachada de un edificio. Pixabay

Un equipo A+++ puede ahorrar hasta un 40% de energía frente a uno A+, y hasta un 60% frente a un modelo de clase B o inferior. La diferencia entre dos aparatos que parecen similares en la tienda puede ser, en la práctica, de cientos de euros a lo largo de varios veranos.

El portal técnico ClimaJobs, especializado en climatización, ofrece cifras muy parecidas tras analizar miles de instalaciones reales. Según su guía sobre consumo del aire acondicionado, un equipo eficiente permite un ahorro anual de entre 120 y 200 euros, con una amortización de la inversión inicial de entre tres y cinco años.

Todo apunta, por tanto, a que el problema no es la falta de información. La etiqueta existe, es obligatoria y contiene datos útiles, respaldados por guías técnicas oficiales como las que publica el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía.

El verdadero problema está en cómo la leemos, o en si llegamos a leerla siquiera antes de pagar. La próxima vez que entres en una tienda a comprar un aire acondicionado, esa pequeña pegatina de colores puede valer, literalmente, cientos de euros en los próximos veranos.