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Un equipo científico vinculado al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha probado eficazmente un revolucionario sistema para fundir chatarra tecnológica, ejecutado íntegramente por profesionales del CENIM.

Esta innovación puntera, desarrollada a través de modernos hornos de inmersión térmica, consigue rescatar materias primas sumamente codiciadas. Elementos estratégicos como el platino, la plata o el cobre pueden extraerse ahora localmente, rebajando drásticamente aquellas importaciones extranjeras que todavía lastran fuertemente a Europa.

Respaldada por el Ministerio de Ciencia, esta ambiciosa iniciativa transforma radicalmente el tratamiento actual de los desechos. El secreto operativo radica en propulsar gas y oxígeno sobre los restos derretidos, agilizando enormemente la separación final.

Así, aislar cada componente resulta extremadamente pulcro y eficaz, convirtiendo multitud de aparatos obsoletos que antes contaminaban gravemente nuestro entorno natural en unos valiosísimos activos para poder garantizar con total seguridad un próspero porvenir industrial.

El corazón de este avance es una planta piloto donde los residuos electrónicos se someten a temperaturas extremas, superando los 1.200 grados. A diferencia de los métodos convencionales, el horno del CENIM-CSIC optimiza el uso de la energía y el tiempo de procesado.

"En los hornos tradicionales, el calor se aplica desde fuera, por lo que tarda en llegar al interior", ha explicado Félix Antonio López, investigador del CENIM-CSIC y figura clave en el desarrollo. La innovación radica en el uso de una lanza metálica que introduce oxígeno y combustible en el corazón del material fundido, generando una turbulencia que homogeniza la mezcla.

Según López, esta técnica "acelera las reacciones químicas, mejora la eficiencia energética y permite procesar materiales heterogéneos". La separación de los materiales se produce de forma casi natural gracias a la física de fluidos.

Horno vertical de lanza sumergida del CENIM-CSIC. Félix Antonio López (CENIM-CSIC) Félix Antonio López (CENIM-CSIC) Omicrono

Debido a su densidad, el cobre y los metales preciosos como el oro o la plata se hunden en el fondo del reactor, mientras que los materiales no metálicos —la escoria— quedan flotando en la superficie.

Esta capacidad de "cribado" es vital para tratar residuos complejos, como los teléfonos móviles o los ordenadores, donde conviven multitud de componentes. La primera colada experimental ha confirmado que es posible obtener un mayor aprovechamiento del material con un menor impacto ambiental, validando un modelo de negocio circular que hasta ahora parecía lejano para la industria continental.

Este hito no ha sido un esfuerzo aislado del sector público. Se trata de un éxito de la colaboración público-privada, donde el CENIM-CSIC ha trabajado mano a mano con Atlantic Copper —la tercera fundición más importante de Europa— y Glencore Technology. Esta unión ha permitido trasladar el conocimiento del laboratorio a un entorno de aplicación industrial real.

La relevancia de este avance trasciende lo científico para entrar de lleno en la geopolítica. Europa genera millones de toneladas de basura electrónica al año, pero una gran parte de sus metales críticos se pierde o acaba siendo procesada fuera del continente.

"Este avance permite avanzar hacia un modelo en el que Europa no solo gestiona sus residuos electrónicos, sino que extrae de ellos materias primas de alto valor y las reincorpora a su propio sistema productivo", subraya el investigador López.

La investigación demuestra que España tiene la capacidad de liderar el tratamiento de estos residuos dentro del territorio europeo. Al evitar que los materiales y los beneficios económicos salgan de la Unión Europea, se refuerza la autonomía estratégica y se fomenta la creación de empleo especializado.

En definitiva, la ciencia española ofrece una solución real a tres de los grandes retos de la industria moderna: la gestión de residuos, la seguridad de suministro de materias primas y la competitividad frente a potencias como China o Estados Unidos.

"Este avance demuestra la capacidad de Europa para transformar sus residuos electrónicos en una fuente propia de metales críticos y estratégicos, asegurando que el valor económico e industrial permanezca en el continente", concluye Félix Antonio López