Las instituciones comunitarias han dado luz verde a una de las normativas de protección animal más ambiciosas de su historia. Con un contundente respaldo de 558 votos favorables en la Eurocámara, Bruselas implementará un nuevo reglamento destinado a frenar el mercado negro, el abandono y las malas prácticas en la cría de animales de compañía.
El pilar central de esta iniciativa comunitaria establece la obligatoriedad de identificar de forma electrónica a todos los gatos y perros domésticos que residan dentro de las fronteras de los Estados miembros.
A partir de la fecha límite fijada, el registro mediante microchip dejará de depender de las leyes particulares de cada nación para convertirse en un mandato unificado en todo el continente. Sin embargo, el mayor avance de este acuerdo provisional radica en la conectividad técnica.
Europa exigirá que todos los censos nacionales de animales operen bajo una misma red, de modo que las bases de datos sean cien por cien compatibles. Esta interoperabilidad permitirá a las autoridades rastrear el origen, el estado legal y la titularidad de cualquier mascota independientemente del país en el que se encuentre.
Más allá del control administrativo, la legislación introduce vetos determinantes para el bienestar físico de las especies. Las nuevas directrices prohíben de forma tajante la reproducción entre ejemplares con lazos de consanguinidad, así como aquellas líneas de cría enfocadas en potenciar características físicas extremas que acaban mermando la salud respiratoria o la longevidad de ciertas razas.
Perro paseando.
Igualmente, las amputaciones con fines puramente estéticos o de exhibición y el uso de collares de adiestramiento con púas que carezcan de sistemas de liberación segura quedarán al margen de la ley.
Para los ciudadanos españoles, esta inminente transición europea aterriza sobre un terreno que ya cuenta con un fuerte respaldo normativo. La legislación nacional vigente en materia de bienestar animal se adelantó a estas directrices comunitarias, obligando a registrar no solo a perros y gatos, sino ampliando el espectro a hurones y conejos.
Las autoridades recuerdan periódicamente que mantener a un animal al margen de este sistema de registro centralizado constituye una falta grave frente a la ley. Los propietarios que decidan eludir esta responsabilidad se arriesgan a enfrentar expedientes sancionadores con multas que parten de los 10.000 euros y pueden elevarse hasta los 50.000 euros.
Desde el ámbito clínico, los profesionales veterinarios insisten en que este protocolo está diseñado pensando en la total seguridad del paciente. La inserción del transpondedor bajo la piel es una intervención muy rápida que no genera secuelas, molestias a largo plazo ni exige revisiones o baterías.
A cambio de este sencillo paso, las familias se aseguran el método más eficaz para recuperar a su compañero en caso de pérdida o robo. Además, este código de identificación único es la herramienta básica para certificar el historial de vacunación y tramitar la documentación de viaje necesaria para cruzar fronteras internacionales de forma completamente legal.
