Nacho Castañón
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Con la llegada de las altas temperaturas veraniegas, las terrazas y azoteas se convierten en el oasis particular de muchos hogares. La tentación de colocar una piscina hinchable o desmontable para refrescarse es enorme, pero este gesto aparentemente inocente esconde un peligro real que ya está provocando accidentes graves.

El último suceso en España tuvo lugar en Girona, donde el desplome de la terraza de un primer piso mientras dos jóvenes de 26 y 27 años se bañaban ha encendido todas las alarmas.

Tras el colapso, ambas cayeron al local inferior y tuvieron que ser hospitalizadas, una de ellas en estado grave, obligando además a los bomberos a desalojar el edificio por los severos daños sufridos en las vigas.

A raíz de este grave incidente, el Colegio de la Arquitectura Técnica de Barcelona ha lanzado una advertencia contundente sobre los enormes riesgos estructurales que implican estas instalaciones.

La explicación técnica detrás de estos accidentes es matemática pura: la mayoría de las terrazas de las viviendas convencionales están diseñadas para soportar una sobrecarga de uso de unos 200 kilogramos por metro cuadrado.

Una piscina desmontable. Foto de archivo.

Esto significa que una simple piscina portátil con apenas 20 centímetros de agua ya consume prácticamente toda la resistencia para la que fue calculado el suelo, poniendo la estructura al límite de su capacidad.

El peligro se multiplica si tenemos en cuenta el envejecimiento y el desgaste natural de los materiales. Si un edificio no ha recibido un mantenimiento regular a lo largo de los años, su capacidad de resistencia disminuye drásticamente, haciendo que el peso del agua actúe como un detonante fatal.

Este problema no es un hecho aislado del presente verano; la historia reciente acumula casos similares muy preocupantes. En Palma de Mallorca, una piscina de grandes dimensiones provocó deformaciones y crujidos en todo un bloque que obligaron a su desalojo inmediato, mientras que en localidades como Terrassa o Elda se han vivido hundimientos de techos similares por culpa de instalaciones que acumulaban miles de litros de agua.

Curiosamente, los arquitectos técnicos recuerdan que el agua no es el único enemigo invisible de nuestros balcones. Elementos tan cotidianos como las jardineras grandes, que pueden llegar a pesar hasta 500 kilos por metro cuadrado, o las estanterías masivas repletas de libros, representan una sobrecarga silenciosa muy similar.

Incluso las aglomeraciones de personas en fiestas pueden resultar críticas, especialmente por las vibraciones que genera la gente al saltar a la vez.

Para disfrutar del verano con total tranquilidad y evitar que una tarde de relax termine en tragedia, los expertos recomiendan tres pasos indispensables antes de comprar cualquier piscina.

Estos son verificar a fondo el año de construcción y el estado real del inmueble, informar siempre a la comunidad de vecinos al tratarse de elementos comunes de la finca y, por encima de todo, solicitar un informe técnico profesional que garantice por escrito que la estructura de la casa es completamente segura.