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Con la llegada de las altas temperaturas, el primer instinto al entrar en casa es buscar el mando del aire acondicionado. Parece el único salvavidas viable para sobrevivir al calor extremo, pero tiene un alto precio, y no hablamos únicamente del impacto en la factura de la luz.

El arquitecto Edu Saz es tajante al respecto y advierte en su canal de YouTube de que "el aire acondicionado no siempre es la solución para enfriar tu casa".

En sus propias palabras, este sistema "incrementa considerablemente el gasto energético", no es accesible para todo el mundo y reseca enormemente el ambiente, volviéndolo muy incómodo para muchas personas.

Frente a esta dependencia eléctrica, la alternativa más inteligente, económica y saludable se llama arquitectura bioclimática. Esta disciplina se basa en recuperar el sentido común de la construcción tradicional para que la propia vivienda regule su temperatura de forma pasiva.

El gran objetivo es alcanzar el ansiado confort térmico interior, que para una persona en reposo se sitúa entre los 22 y 27 grados centígrados, con una humedad relativa de entre el 20% y el 80%. Para lograrlo sin encender ningún aparato, el experto detalla varias estrategias fundamentales que mantendrán tu hogar fresco.

El primer paso para evitar que la casa se convierta en un horno es bloquear la radiación exterior frenando el temido "efecto invernadero". Saz desaconseja rotundamente las grandes cristaleras orientadas al sur durante el verano, un problema que se puede mitigar instalando lamas horizontales o verticales, voladizos y porches que desvíen los rayos del sol.

A esto se suma la importancia de la vegetación estratégica, ya que plantar árboles de hoja caduca en el exterior proporcionará una sombra vital en verano mientras deja pasar la luz en invierno. Además, al igual que ocurre con nuestra ropa, los colores oscuros absorben muchísimo más calor, por lo que pintar las fachadas de blanco o usar materiales tradicionales como la cal ayudará enormemente a reflejar la radiación.

Aire acondicionado Daikin Omicrono

La ventilación cruzada, que consiste en abrir ventanas en fachadas opuestas para que corra la brisa y expulse el aire caliente, es un método infalible para refrigerar cualquier hogar. Sin embargo, hay un detalle técnico que marca la diferencia. Saz lanza un aviso fundamental para quienes estén pensando en hacer reformas: hay que huir de las ventanas correderas.

Las hojas abatibles son siempre la mejor opción porque duplican el porcentaje de ventilación al poder abrirse por completo y ofrecen un sellado térmico muy superior. Asimismo, el experto recuerda que no se debe escatimar en unos buenos cerramientos, puesto que un muro bien aislado de poco sirve si el calor acaba entrando por unos cristales deficientes o por el tambor de la persiana.

Si alguna vez te has fijado en el intenso frescor que hace dentro de una iglesia antigua en pleno mes de agosto, has experimentado la inercia térmica. Sus gruesos muros de piedra absorben el calor de forma muy lenta durante el día y lo liberan de noche, una cualidad ideal para las primeras viviendas de uso continuo.

Por el contrario, para segundas residencias o casas de fin de semana, el arquitecto recomienda emplear materiales de baja inercia, como la madera, que permiten aclimatar las estancias rápidamente.

Otra técnica estructural brillante es el llamado efecto chimenea. Sabiendo que el aire caliente pesa menos y tiende a subir, basta con diseñar aberturas en la parte superior de la casa para que el calor escape de forma natural, succionando así el aire fresco desde las zonas inferiores.

Por último, los elementos naturales actúan como el climatizador más antiguo del mundo. Si dispones de una piscina o una fuente frente a la ventana, la brisa exterior se enfriará por evaporación justo antes de entrar a tu salón. En el caso de vivir en un piso urbano sin jardín, las plantas de interior se convertirán en tus mayores aliadas.

A través de su proceso de transpiración, las plantas absorben el exceso de calor de la habitación y evaporan agua, logrando bajar la temperatura del ambiente de forma natural, muy económica y completamente sostenible.