Mientras que en España el debate tecnológico se centra en la digitalización y el acceso a la IA por parte de los integrantes de la Unión Europea, sobre todo por su regulación, en Estados Unidos el panorama político-industrial está sufriendo un vuelco.
El expresidente estadounidense Donald Trump ha manifestado en su red social que Apple e Intel producirán procesadores dentro de las fronteras norteamericanas, lo que ha disparado las acciones de esta última.
Este planteamiento supone un cambio radical en la forma en que estas empresas gestionan sus procesos de abastecimiento. La intención detrás de estas afirmaciones es reducir la dependencia histórica de las factorías ubicadas en el continente asiático.
Durante una intervención pública reciente el mandatario detalló que mantuvo conversaciones con los directivos principales de estas empresas. Según sus palabras, los líderes de las compañías mostraron una disposición favorable para levantar nuevas plantas manufactureras en suelo estadounidense.
El argumento central de la administración se basa en el uso de herramientas fiscales ventajosas para incentivar el retorno industrial. La imposición de aranceles elevados a los productos importados funcionaría como el mecanismo de presión principal para estas marcas.
Intel ya cuenta con una base de operaciones históricas de manufactura dentro del territorio estadounidense, aunque gran parte de su cadena sigue externalizada. Por su parte Apple depende casi por completo de socios asiáticos como Foxconn para el ensamblaje de sus dispositivos móviles.
La transición hacia una producción local obligaría a rediseñar de manera completa los flujos logísticos actuales de Apple. Este movimiento estratégico busca asegurar la soberanía tecnológica en un momento de tensiones comerciales internacionales muy complejas.
No son pocos los expertos que han recibido estas declaraciones con un notable escepticismo debido a la complejidad de los procesos. La construcción de plantas de semiconductores requiere inversiones multimillonarias y periodos de tiempo que superan habitualmente el lustro.
Además la disponibilidad de mano de obra cualificada en tareas específicas de fundición es actualmente escasa en la región americana. Las cadenas de suministro en Asia no solo ofrecen costes menores sino también una infraestructura logística extremadamente especializada y madura.
A pesar de las dificultades el discurso político insiste en que la creación de empleo interno justificará los esfuerzos económicos. El mandatario confía en que los nuevos marcos regulatorios compensen las diferencias de costes respecto a los mercados extranjeros.
La presión sobre Tim Cook, consejero delegado de Apple, ha sido una constante en los mensajes emitidos por el Ejecutivo estadounidense. La compañía de Cupertino ha preferido mantener una postura de prudencia y silencio institucional ante los últimos anuncios políticos.
Por otro lado, Intel ha mostrado tradicionalmente mayor sintonía con los planes de expansión de la capacidad de fabricación nacional. Su estrategia de negocio actual contempla la apertura a transformarse en una fundición para terceros clientes de la industria.
El impacto de esta decisión afectaría no solo a los smartphones sino a cualquier aparato electrónico que dependa de semiconductores de última generación. Los coches, los electrodomésticos y los servidores verían alterados sus costes de desarrollo a nivel global.
Los consumidores finales podrían experimentar variaciones significativas en los precios de los dispositivos si la producción se encarece. No obstante, los defensores de la medida alegan que la seguridad nacional ante posibles bloqueos comerciales prioritarios mitiga el riesgo.
El éxito de esta iniciativa dependerá de la continuidad de las políticas proteccionistas y de las subvenciones directas que reciba el sector privado.
