La NASA ha presentado su nuevo superordenador, Aitken, que será clave para que el ser humano vuelva a pisar la luna. Pero curiosamente, una de las prioridades en su diseño ha estado en conseguir la máxima eficiencia posible.

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 "Más potente que el ordenador de la NASA" es un dicho muy común, aunque en realidad no nos diga mucho. Sí, la NASA tiene sistemas muy potentes, pero desde hace ya muchos años, si quieres la máxima potencia tienes que irte al sector privado. Y eso es porque, en realidad, la NASA no necesita tanto.

El Aitken es una demostración de esta filosofía de la organización. Con sus 3,69 petaflops de rendimiento teórico, es muy potente, pero no es nada comparado con los 200 petaflops del MareNostrum V que se instalará en Barcelona.

El superordenador más eficiente del mundo

El Aitken está basado en un sistema HPE SGI 8600, que usa procesadores Xeon de segunda generación de Intel; por lo tanto, son procesadores que cualquier empresa puede comprar para sus servidores y no son personalizados para la NASA. Lo que sí es personalizado es todo lo demás.

Y es que este sistema tiene nada menos que 46.080 núcleos, repartidos en 1.150 nódulos. En total, cuenta con 221 terabytes de almacenamiento y todos los nódulos están conectados por una red Infiniband de Mellanox. Eso es mucho hardware y muy potente, y eso implica que la gestión de la temperatura es vital, como con cualquier gran servidor.

Lo interesante es que la NASA ha optado por un diseño de módulo eficiente y se aprovecha de su localización en el centro de investigación Ames en Silicon Valley, California. El sistema de refrigeración usa el aire proveniente de fuera de la instalación, nuevas tecnologías y algoritmos para controlar los ventiladores, y un sistema de refrigeración líquida para disipar todo el calor generado por las decenas de miles de núcleos.

El sistema de refrigeración del Aitken está basado en el proyecto Electra de la NASA, amigable con el medio ambiente, y que consiguió ahorrar dos millones de kilovatios-hora en 2018. Con el Aitken se espera poder aprovechar toda su potencia sin gastar tanta energía en un sistema de refrigeración común.

El Aitken será usado por equipos de científicos para realizar complejas simulaciones, entre las que se encuentra una que simulará el interior del sol. Pero en los próximos años, principalmente se encargará de simulaciones de entrada, descenso y aterrizaje en la luna en futuras misiones.