La Fuerza Aérea de Estados Unidos prepara una transformación de su aviación de combate para operar frente a defensas aéreas avanzadas, con el objetivo de aumentar el número de cazas disponibles y elevar al 60% la proporción de aviones furtivos en 2035.
El F-35A será la plataforma principal, mientras que el futuro F-47 relevará progresivamente al F-22 Raptor. Pero alcanzar el 60% previsto no garantizará por sí solo una mayor capacidad de combate: dependerá del cumplimiento de los nuevos programas y de que la flota conserve suficientes aparatos operativos.
En la actualidad, los F-35A representan cerca del 30% de la flota y los F-22, en torno al 10%. Para 2035, la cuota del F-35 alcanzará el 40%, y los F-22 y F-47 duplicarán su peso conjunto hasta el 20%.
Además, en sus previsiones, la Fuerza Aérea también calcula que necesitará unos 1.509 cazas asignados a misiones de combate en 2035, frente a los 1.271 estimados para 2026. El incremento de 238 aparatos refleja la dimensión de la expansión prevista, que deberá combinar la incorporación de nuevos modelos con la sustitución de aeronaves más antiguas.
En paralelo, los F-16 perderían protagonismo dentro de la flota, mientras que los F-15 ganarían peso relativo. Ambos modelos seguirían representando una parte sustancial de los cazas estadounidenses, en una estructura que combinará aviones furtivos con plataformas convencionales.
F-35 estadounidense
Estas estimaciones sobre la futura composición de la flota fueron expuestas este martes por el teniente general David Tabor, subjefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea para Planes y Programas, durante una comparecencia informativa en el Pentágono, según la revista especializada Air & Space Forces Magazine.
La apuesta por los aparatos furtivos responde a la necesidad de operar en espacios aéreos cada vez más disputados, donde los radares y los sistemas de misiles tierra-aire avanzados elevan los riesgos para las aeronaves convencionales.
El objetivo es disponer de plataformas con mayor capacidad de supervivencia sin renunciar a una flota numerosa que pueda sostener operaciones prolongadas.
El futuro F-47 relevo del F-22
El F-47 es el caza de sexta generación que Boeing desarrolla dentro del programa Next Generation Air Dominance (NGAD). La compañía recibió en marzo de 2025 el contrato de desarrollo de ingeniería y fabricación, pero el aparato continúa en fase de desarrollo.
Su contribución a la flota de 2035 dependerá de los avances técnicos y del calendario de producción y entrada en servicio.
El teniente general David Tabor indicó que la Fuerza Aérea mantiene la intención de adquirir un número de F-47 aproximadamente comparable a los 186 F-22 construidos originalmente.
Esa cifra corresponde a la producción histórica del Raptor, no al número de unidades que permanecen operativas en la actualidad. Tampoco significa que esa cantidad de F-47 vaya a estar disponible en 2035.
El relevo será determinante para mantener la capacidad estadounidense de penetrar en espacios aéreos defendidos y disputar la superioridad aérea frente a adversarios con sistemas avanzados de detección e interceptación.
El reto industrial
La propuesta presupuestaria para el ejercicio fiscal de 2027 contempla la adquisición de 38 F-35A y 24 F-15EX, un total de 62 cazas. Esta cifra queda por debajo de los 72 aparatos anuales que responsables de la Fuerza Aérea han defendido como objetivo.
El calendario industrial será decisivo para alcanzar las metas. Los F-16 más antiguos llegarán al límite de su vida útil a mediados de la próxima década, según Tabor, mientras que la posibilidad de adquirir nuevas unidades de este modelo sigue sin decidirse.
Si las retiradas se adelantan a la llegada de los nuevos aparatos, la Fuerza Aérea ganará en proporción de cazas furtivos, pero no necesariamente en capacidad operativa.
El ritmo de la modernización dependerá, además, de que la industria cumpla sus promesas de producción, de que el Congreso apruebe la financiación necesaria y de que los aviones estén disponibles, mantenidos y dotados de pilotos y personal de apoyo suficientes para sostener las salidas de combate.
La estrategia estadounidense combina así dos prioridades: aumentar el peso de los cazas furtivos para operar en entornos altamente defendidos y ampliar el número total de aviones disponibles para responder a distintos escenarios.
