El rearme mundial se ha consolidado como una prioridad estratégica de las principales potencias y abre una década de crecimiento para la industria de defensa.
El gasto militar global, que alcanzó los 2,9 billones de dólares en 2025 —el 2,5% del PIB mundial y el undécimo año consecutivo de incremento—, podría rondar los 3,5 billones en 2030 y superar los 4,4 billones en 2035, impulsado por la guerra de Ucrania, la inestabilidad en Oriente Medio y la rivalidad entre las grandes potencias.
En este escenario, proyecciones recogidas por Deutsche Bank en su informe Perspectives Special: La defensa en un mundo fragmentado, anticipan un nuevo ciclo de expansión para las empresas europeas de aeroespacial y defensa, cuyos beneficios por acción podrían crecer a un ritmo anual cercano al 20% hasta 2028.
El cambio en las prioridades de seguridad está desencadenando una transformación de los presupuestos públicos y de la industria militar. La necesidad de reponer arsenales, aumentar la producción de munición, reforzar la defensa aérea y desarrollar nuevas capacidades tecnológicas está impulsando programas de inversión a largo plazo.
Para Europa, el desafío consiste en aprovechar este ciclo para recuperar capacidades industriales, reducir dependencias estratégicas y responder a un entorno geopolítico cada vez más incierto.
Fuente: SIPRI, Deutsche Bank AG. Datos a fecha de 9 de octubre de 2026.
La invasión rusa de Ucrania ha evidenciado las exigencias de un conflicto de alta intensidad, desde el consumo masivo de munición hasta la necesidad de disponer de sistemas antiaéreos, artillería y capacidades de guerra electrónica.
A ello se suman la inestabilidad en Oriente Medio, la competencia estratégica entre Estados Unidos y China y las incertidumbres sobre el compromiso estadounidense con la seguridad europea, factores que están acelerando los planes de modernización militar.
Europa acelera el rearme
La Unión Europea ha situado el fortalecimiento de sus capacidades militares en el centro de su agenda estratégica. La iniciativa Readiness 2030, vinculada al plan ReArm Europe, pretende movilizar más de 800.000 millones de euros en inversiones relacionadas con la defensa mediante financiación nacional y nuevos instrumentos europeos.
El objetivo es corregir años de inversión insuficiente, reponer los arsenales comprometidos por la guerra de Ucrania y reforzar la capacidad industrial del continente.
Entre las prioridades figuran la defensa antiaérea y antimisiles, la producción de munición, los drones y sistemas antidrones, la movilidad militar, la guerra electrónica, el espacio y las capacidades de mando, control y comunicaciones.
A este esfuerzo se suma el compromiso adoptado por los aliados de la OTAN en la cumbre de La Haya de 2025: avanzar hacia una inversión equivalente al 5% del PIB en 2035.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte.
De ese porcentaje, al menos el 3,5% se destinará a defensa en sentido estricto y hasta un 1,5% adicional podrá cubrir infraestructuras, resiliencia y otros ámbitos relacionados con la seguridad.
La magnitud de los planes abre oportunidades para los fabricantes europeos, pero también plantea un desafío industrial. Las empresas tendrán que ampliar sus líneas de producción, reforzar las cadenas de suministro y cumplir los plazos de entrega en un mercado en el que numerosos países compiten por los mismos equipos y componentes.
Beneficios al alza
Las perspectivas de crecimiento no se limitan al aumento de los presupuestos públicos. Deutsche Bank identifica una mejora significativa de los resultados de las principales compañías mundiales de aeroespacial y defensa.
En 2025, las cien mayores empresas del sector superaron conjuntamente el billón de dólares en ingresos, un incremento interanual del 14%. Sus beneficios aumentaron un 46%, hasta los 124.400 millones de dólares.
El avance, sin embargo, no se distribuyó de manera uniforme. Casi el 40% del incremento de los beneficios procedió de los cuatro principales fabricantes de motores aeronáuticos, según el informe.
El dato refleja el peso de determinados segmentos industriales y advierte de que el crecimiento agregado del sector no implica una evolución idéntica para todas las compañías.
En Europa, las previsiones apuntan a que el ciclo expansivo continuará durante los próximos años. Las estimaciones de consenso recogidas por Deutsche Bank sitúan el crecimiento anual compuesto del beneficio por acción del índice MSCI Europe Aerospace & Defence cerca del 20% entre 2026 y 2028, frente al 13,5% previsto para el MSCI Europe en su conjunto.
Estas cifras son previsiones para el índice europeo, no una garantía de resultados para cada empresa. Su materialización dependerá de la ejecución de los contratos, la capacidad de incrementar la producción, los costes de los componentes y la conversión de los nuevos pedidos en ingresos y márgenes efectivos.
La industria europea gana peso
El comportamiento bursátil de los últimos años refleja las expectativas que ha despertado el rearme. Desde octubre de 2021, el índice MSCI Europe Aerospace & Defence acumulaba una subida superior al 210%, frente al 58,4% del MSCI Europe, según los datos incluidos en el informe y actualizados hasta el 9 de octubre de 2026.
La evolución más reciente, no obstante, muestra que el avance no es lineal. El índice europeo de aeroespacial y defensa retrocedía un 11,1% en lo que iba de 2026, mientras que el MSCI Europe caía un 1,5% en el mismo periodo.
La corrección evidencia que las expectativas de crecimiento no eliminan los riesgos de valoración ni la volatilidad de los mercados.
Para las compañías, el reto será responder al aumento de la demanda sin que los retrasos industriales, la escasez de componentes o los sobrecostes reduzcan la rentabilidad. También deberán invertir en nuevas instalaciones, personal especializado y tecnologías capaces de responder a las necesidades de las fuerzas armadas.
Drones, interceptores e IA
La transformación del campo de batalla constituye otro de los motores de la inversión. La proliferación de drones de bajo coste está obligando a revisar los modelos tradicionales de defensa aérea.
Neutralizar un aparato no tripulado relativamente barato mediante un misil cuyo precio puede alcanzar varios millones de dólares plantea un problema tanto operativo como económico.
El informe recoge una diferencia significativa entre los costes de ambos sistemas: algunos drones pueden situarse entre los 10.000 y los 50.000 dólares, mientras que los interceptores pueden costar entre uno y cuatro millones de dólares.
Esta asimetría está impulsando el desarrollo de alternativas más económicas, sistemas de detección integrados, armas de energía dirigida y soluciones capaces de neutralizar amenazas mediante distintas capas de defensa.
La inteligencia artificial, el software, los satélites, los semiconductores, la computación en la nube y la ciberseguridad también están adquiriendo un papel central.
Las capacidades militares dependen cada vez más de la integración entre plataformas físicas y sistemas digitales, desde la detección y clasificación de objetivos hasta la gestión de operaciones y la protección de redes militares.
Esta evolución amplía las oportunidades de negocio más allá de los contratistas tradicionales. Las empresas tecnológicas y los proveedores de componentes críticos pueden beneficiarse de una demanda creciente, aunque también tendrán que competir por suministros estratégicos y talento especializado.
Soberanía industrial europea
El aumento del gasto militar no garantiza por sí solo una mayor autonomía estratégica para Europa. Una parte de las nuevas inversiones puede acabar en sistemas adquiridos fuera del continente si los fabricantes europeos no consiguen ofrecer soluciones a tiempo, con suficiente capacidad de producción y a precios competitivos.
Reforzar la base industrial europea, reducir la dependencia de componentes críticos y coordinar los programas nacionales será esencial para aprovechar el ciclo inversor. La fragmentación de la demanda y la multiplicación de requisitos distintos entre países pueden limitar las economías de escala y dificultar que la industria responda con rapidez a las necesidades militares.
Los gobiernos también tendrán que evaluar los resultados de sus inversiones más allá de las cifras presupuestarias. La clave será comprobar cuántos sistemas se entregan, cuándo entran en servicio y qué capacidades operativas aportan a las fuerzas armadas.
Las proyecciones de Deutsche Bank dibujan un horizonte de expansión para la defensa mundial y, en particular, para las empresas europeas del sector. Pero la oportunidad dependerá de que los compromisos financieros se traduzcan en producción, innovación y capacidades militares reales.
La próxima década pondrá a prueba tanto la voluntad política de invertir como la capacidad de la industria europea para responder a la demanda y convertir el rearme en una ventaja industrial duradera.
