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Washington vuelve a frenar la ayuda militar a Ucrania. El secretario de Estado, Marco Rubio, admitió este martes que parte de los interceptores comprados por socios europeos para Kiev podrían estar a la espera de autorización estadounidense.

Un retraso que evidencia, una vez más, que la defensa ucraniana depende en gran medida de las prioridades estratégicas y los compromisos militares de la Administración de Donald Trump.

Rubio negó, no obstante, que exista una “directiva política deliberada para perjudicar a Ucrania”, y atribuyó las revisiones a necesidades operativas de EEUU, sus aliados y su despliegue en Europa.

Así respondió en Bombay el jefe de la diplomacia estadounidense a las preguntas sobre un envío que, según Kiev, sigue a la espera de la autorización del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth: “Podría ser el caso. Estas cuestiones se revisan constantemente, según si los interceptores se necesitan en otro escenario o deben permanecer en Europa”.

Las explicaciones estadounidenses no despejan cuándo se autorizarán los interceptores pendientes ni garantizan que futuras entregas queden al margen de las prioridades operativas de Washington.

EEUU debe salvaguardar sus bases, atender sus compromisos con la OTAN y distribuir sus capacidades entre varios frentes estratégicos. “Tenemos bases en Europa, y nuestros socios también”, subrayó Rubio, quien citó la reciente amenaza contra un aeródromo británico y otras instalaciones aéreas europeas.

Obviando que la guerra con Irán ha dejado los arsenales estadounidenses de defensa antimisiles notablemente mermados.

Según estimaciones del CSIS, Washington pasó de unos 2.330 interceptores Patriot antes del conflicto a entre 759 y 827 a finales de julio, mientras que sus existencias de THAAD cayeron de 452 a entre 234 y 278 unidades; la Oficina de Presupuesto del Congreso calcula que reponer estos stocks podría llevar al menos cinco años.

Esa escasez explica en buena parte la cautela de la Administración Trump a la hora de autorizar nuevas transferencias a Ucrania: cada interceptor Patriot destinado a Kiev compite con las necesidades de las bases estadounidenses en Oriente Próximo, la defensa de Israel y los compromisos con otros aliados.

Los Patriot, una pieza crítica

Las declaraciones se producen después de que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunciara retrasos en la entrega de misiles interceptores para los sistemas Patriot, esenciales para hacer frente a los misiles balísticos rusos y proteger infraestructuras estratégicas.

La cuestión trasciende la logística de los envíos. La escasez de interceptores obliga a Kiev a priorizar qué objetivos protege, mientras que la capacidad de reponer munición depende de una industria occidental sometida a una elevada demanda y de decisiones políticas sobre el destino de las reservas disponibles.

Misil Patriot Departamento de Defensa de EEUU

Para Europa, el episodio plantea, además, un dilema estratégico: aumentar su contribución a la defensa de Ucrania no garantiza por sí solo que pueda prescindir de las autorizaciones, capacidades y suministros estadounidenses.

Financiar armamento no elimina, por sí sola, las dependencias tecnológicas ni el control estadounidense sobre los plazos de entrega.

La autonomía europea en materia de defensa sigue condicionada por dependencias que afectan tanto al armamento como a los sistemas de inteligencia y comunicaciones.

Inteligencia y Starlink

El desacuerdo se extiende a otros dos ámbitos decisivos para las operaciones ucranianas: la inteligencia militar y las comunicaciones por satélite.

Zelenski ha denunciado interrupciones en el flujo de información estadounidense y restricciones en Starlink, la red de la empresa de Elon Musk utilizada por las Fuerzas Armadas ucranianas.

Kiev sostiene que estas limitaciones pueden reducir su capacidad para anticipar ataques, coordinar unidades y mantener sus operaciones frente a Rusia.

El presidente ucraniano las ha vinculado a una posible estrategia de presión de la Administración Trump para forzar a Ucrania a aceptar un acuerdo con Moscú, una interpretación que Washington rechaza.

Starlink Omicrono

"Vi a alguien asociado con el Gobierno ucraniano decir que la gente en Ucrania está muriendo porque Estados Unidos les está denegando información. Eso es escandaloso. Es indignante. Eso sencillamente no es verdad", ha respondido Rubio.

El jefe de la diplomacia estadounidense ha atribuido provisionalmente los problemas registrados los días 13 y 18 para detectar ataques aéreos a una "cuestión técnica", aunque ha precisado que el incidente continúa bajo investigación.

"No fue resultado de ninguna directiva estadounidense de no proporcionar aviso anticipado de un ataque", ha afirmado.

Rubio ha asegurado que Washington sigue facilitando a Ucrania "las mismas alertas de siempre" y ha recordado, en referencia a Starlink, que "es una empresa privada y comercial".