La fragata F-101 Álvaro de Bazán de la Armada española ha regresado a su base en el Arsenal Militar de Ferrol después de 161 días de despliegue y 30.000 millas náuticas navegadas, el equivalente a aproximadamente 1,3 vueltas al mundo.
La misión, iniciada el 12 de mayo, ha llevado a uno de los principales buques de combate de la Armada española a operar junto a fuerzas navales de Estados Unidos, Japón y otros socios internacionales en los océanos Atlántico y Pacífico.
Más allá del adiestramiento, la operación ha permitido a España reforzar su presencia naval en el Indo-Pacífico, una región donde confluyen las principales rutas marítimas del comercio mundial y aumenta la competencia estratégica entre las grandes potencias.
Uno de los hitos del despliegue fue la participación de la Álvaro de Bazán en RIMPAC 2026, celebrado en aguas de Hawái. La fragata representó por primera vez a España en este ejercicio, considerado el mayor del mundo en el ámbito marítimo, con alrededor de 30 países, 35 buques, cinco submarinos y más de 200 aeronaves.
Durante las maniobras, la F-101 lanzó un misil antibuque Harpoon contra un buque desclasificado en un ejercicio de hundimiento controlado, conocido como SINKEX, coordinado con el destructor japonés JS Kongo.
La actividad permitió poner a prueba sus capacidades de combate en un escenario multinacional y operar junto a fuerzas navales de distintas procedencias.
La participación española cobra relevancia en un entorno en el que la libertad de navegación, la protección de las líneas de comunicación marítima y la capacidad de respuesta conjunta se han convertido en prioridades para las potencias con intereses en la región.
La capacidad de desplegar durante meses una fragata con sistemas avanzados de combate evidencia la voluntad española de contribuir a la seguridad marítima más allá de su entorno geográfico inmediato.
La F-101 a su llegada a Ferrol.
El despliegue continuó en Sudamérica con la participación de la fragata en GALAPEX, en Ecuador, y UNITAS LXVII-2026, organizado por la Marina de Guerra del Perú.
Durante UNITAS, la Álvaro de Bazán disparó su cañón principal de cinco pulgadas contra el antiguo buque anfibio peruano B.A.P. Eten, en otro ejercicio SINKEX. También ejecutó misiones de fuego naval de apoyo en la bahía de Salinas.
Antes de iniciar el regreso a España, la dotación realizó una escala logística en Cartagena de Indias, Colombia.
A lo largo del despliegue, las escalas portuarias y las actividades de representación contribuyeron a estrechar los vínculos con los países participantes.
El sistema AEGIS
Tras RIMPAC, la fragata asumió el papel de buque de mando durante PACIFIC DRAGON 26, un ejercicio bienal centrado en la defensa contra misiles balísticos. Para ello, embarcó al comandante y al Estado Mayor del Destroyer Squadron 31 de la Marina estadounidense.
Durante las maniobras, el sistema de combate AEGIS de la F-101 participó en tareas de detección y seguimiento de amenazas balísticas.
Fragata de la clase F-100 de la Armada Española con el sistema de combate Aegis integrado en su torre principal.
Esta capacidad resulta especialmente relevante en un escenario internacional en el que los misiles de largo alcance y la defensa antimisil ocupan un lugar creciente en la planificación militar.
La integración con unidades estadounidenses permitió a la Armada española ejercitar procedimientos de mando y coordinación en un entorno tecnológico complejo, en el que compartir información y construir una imagen común de las amenazas resulta fundamental.
Proyección de fuerza
El regreso a Ferrol cierra una misión que ha combinado ejercicios de combate, empleo real de armamento y cooperación con marinas aliadas. También pone de relieve la importancia de mantener buques preparados para operar durante largos periodos lejos de sus bases y en escenarios con exigencias operativas muy diferentes.
Para España, la presencia naval en el Indo-Pacífico permite reforzar sus relaciones con socios estratégicos y participar en iniciativas destinadas a preservar la seguridad marítima internacional.
En una región esencial para las cadenas de suministro y el comercio global, la capacidad de desplegar unidades de combate y trabajar con otras marinas constituye una herramienta de influencia y cooperación.
Las 30.000 millas recorridas por la Álvaro de Bazán representan, por tanto, algo más que una exigente travesía: reflejan la capacidad de la Armada para proyectar fuerzas, integrarse en operaciones multinacionales y defender los intereses españoles en escenarios alejados de sus aguas.
