En el combate moderno, donde la tecnología de la vigilancia ha transformado cada palmo de terreno en un espacio expuesto —el campo de batalla transparente, en su máxima expresión—, la capacidad de actuar sin ser detectado y la facultad de dominar el movimiento deciden el éxito de una operación.
En la Brigada 'Rey Alfonso XII' II de la Legión, con cuarteles generales en la Base 'Álvarez de Sotomayor' de Viator (Almería), la exigencia táctica no admite un milímetro de margen de error.
"El credo legionario es la columna vertebral, nuestra Biblia", explica orgulloso un caballero legionario a EL ESPAÑOL durante un ejercicio. Un código de valores que cohesiona a la unidad y mantiene un nivel de instrucción de máxima exigencia.
Sobre esta base moral y disciplinaria se estructuran dos de las capacidades más determinantes de la fuerza terrestre: la infiltración lejana con tiradores de precisión y el trabajo especializado de los zapadores que "rompe la brecha" garantizando el avance y la movilidad propia, pero también el bloqueo de los enemigos.
La sombra ejecutora
Avanzar en silencio, mimetizarse con el entorno y penetrar en las líneas enemigas exige unas cualidades muy determinadas.
Un día con la BRILEG: Drones, francotiradores y vehículos blindados
Una combinación perfecta entre la resistencia física para caminar decenas de kilómetros con más de 30 kilos de equipo y la extrema delicadeza de reptar entre matorrales de forma tan sigilosa como una sombra.
Estos son los principios básicos de las misiones encomendadas a los equipos de tiradores de precisión, que se erigen como los ojos, oídos y brazos ejecutores en el corazón del despliegue adversario.
La secuencia operativa, como ocurre en casi todos los aspectos de las Fuerzas Armadas, está calculada al milímetro y al milisegundo para garantizar la ocultación absoluta.
El proceso comienza con un despliegue motorizado hasta la zona de desembarco, desde donde se inicia la aproximación a pie rumbo al sector de inserción.
"El primer paso es el movimiento vehicular hasta una zona segura", según detalló a este medio el caballero legionario Sánchez. "La segunda fase es el traslado a pie, que puede superar los 30 km dependiendo de la misión".
Por último, el tercer paso de estos tiradores de precisión es soltar la mochila y ejecutar la "infiltración en ocultación para realizar la misión", detalla el legionario.
Tras la suelta de las mochilas en una ubicación segura, los binomios reducen su silueta empleando medios de camuflaje para fundirse con el terreno. Entre ellos destacan pintarse la piel de la cara y cubrirse con trajes Ghillie.
Cada movimiento, en esta fase, se realiza bajo la atenta mirada del equipo. Especialmente de la persona que se encarga de ser la conciencia situacional mientras los tiradores se apostan en la ubicación más ventajosa.
La finalidad de este despliegue sigiloso es vital para el desarrollo de la batalla. Como parte del ejercicio, los legionarios recibieron "una orden de operaciones con la misión de pasar información a nuestro escalón superior para que otras unidades puedan entrar dentro de una población en la que se ha detectado al enemigo", explica el caballero legionario Sánchez.
Una vez los militares ocupan su posición sobre una colina, a unos cuantos centenares de metros de la ubicación enemiga, la letalidad sigue latente en todo momento.
Legionario con un lanzamisiles Spike
En cuanto a la observación, los militares también pueden emplear los sistemas de visión avanzada que se integran dentro de lanzadores de misiles contracarro como los Spike. "Nos proporciona muchos aumentos, conectividad con la tablet y sensor infrarrojos para condiciones de baja o nula luminosidad", explicó en este caso otro caballero legionario.
"Además de pasarle toda la información a nuestros superiores, también podríamos ejecutar un disparo preciso a un enemigo rentable en el caso de tener la oportunidad", indica.
En el escenario bélico actual, la infiltración se ha vuelto exponencialmente más peligrosa por la profusión de sensores en el campo de batalla. La presencia de múltiples medios de detección obliga a los legionarios a extremar la cautela.
"Hoy por hoy, tenemos ojos en cualquier lado", advierte Sánchez, siendo los drones uno de los principales vectores amenazantes. "Por eso cada paso que damos hay que tenerlo muy bien analizado y por ello la instrucción diaria tiene que ser cada vez más exhaustiva".
Zapadores: llave de movilidad
Mientras que la infiltración busca la invisibilidad para golpear o informar, las unidades de zapadores representan la fuerza más férrea combinada con la ingeniería táctica para los campos de batalla.
Integrados en la Bandera de Zapadores II de la Legión, estos efectivos garantizan que la fuerza propia mantenga su capacidad de maniobra mientras asfixian los movimientos de los adversarios.
Teniente Fernández Blanco frente al 8x8 'Dragón'
"Nosotros somos Zapadores y pertenecemos al Arma de Ingeniero", ha recalcado a EL ESPAÑOL el teniente Fernández Blanco, jefe de la primera sección de la segunda compañía de zapadores.
Su cometido en primera —primerísima— línea es esencial para la maniobra del resto de las unidades.
"El trabajo de los zapadores es un trabajo de combate", prosiguió el teniente Fernández Blanco. "De apoyo a las unidades de combate en el ámbito de la movilidad".
El teniente lo resume en proporcionar "libertad de movimiento a nuestras propias unidades, y proporcionar contramovilidad al enemigo".
Las actividades de los zapadores abarcan desde el tendido e instalación de obstáculos —como alambradas— hasta la fortificación de posiciones o la protección de elementos clave.
Su misión resulta imprescindible para posibilitar un avance seguro del resto de componentes del Ejército: "Facilitamos la protección y, sobre todo, la proyección de todas las unidades", que abarcan infantería, caballería o artillería.
Para cumplir estos cometidos en entornos de alta intensidad, la unidad se encuentra en pleno proceso de modernización con la llegada de nuevas plataformas blindadas. Entre ellas destaca la recepción del Vehículo de Combate de Zapadores (VCZ) 8x8 Dragón, equipado con pala empujadora y sistemas especializados para su labor.
La entrega oficial de las primeras unidades se realizó a principios de este año y, actualmente, ya tienen 60 en Almería, a las que hay que añadir casi 40 más en el Regimiento de Ingenieros Nº1 en Castrillo del Val (Burgos).
8x8 'Dragón' en su versión de Zapadores
La Legión en Almería, como Brigada Experimental, es la encargada de probar esta nueva plataforma, que espera ponerse en servicio a lo largo del próximo año.
La implantación de un vehículo blindado de esta envergadura ha requerido adaptar los procedimientos operativos estándar de la unidad.
"Como es un vehículo de nueva recepción, estamos poco a poco integrándolo", ha resaltado el teniente Fernández Blanco. También adecuándose a él, "puesto que nuestros procedimientos ahora cambian".
Esta constante evolución táctica responde a un análisis directo de las lecciones que dejan los teatros de operaciones internacionales más recientes.
La doctrina de ingenieros de la Legión se actualiza a medida que cambian los patrones del combate moderno. La guerra en Ucrania, principalmente, está sirviendo para adquirir conocimiento sobre los nuevos campos de batalla, especialmente en todo lo que rodea a los drones FPV.
"Como los medios cambian y hay distintos conflictos, lo que tratamos es que todo lo que van sacando como lecciones aprendidas lo integremos para corregirlo en nuestras técnicas", concluye el teniente.
