EEUU quiere multiplicar por cientos su arsenal de armas autónomas: de miles de unidades a cientos de miles este año y a millones en los próximos. El Pentágono pide 50.000 millones de dólares extra para industrializar la producción de drones y sistemas robóticos a una escala sin precedentes.
Así lo ha anunciado el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, en el marco de la conferencia de la Association of the United States Army (AUSA).
"En última instancia, estaremos operando con cientos de miles de sistemas de ataque unidireccional este año y llegaremos a los millones en los próximos años, a un ritmo que este departamento nunca ha visto", afirmó.
Hegseth presentó los fondos como una inversión puntual, no como una partida anual recurrente, para acelerar la fabricación y ampliar la disponibilidad de estas capacidades.
El objetivo es incorporar sistemas de menor coste en cantidades muy superiores a las habituales en los programas tradicionales de armamento.
La petición de 50.000 millones de dólares es independiente de la propuesta presupuestaria del Pentágono para el ejercicio fiscal de 2027, que ya contempla otros 53.600 millones para la iniciativa Drone Dominance.
La financiación adicional todavía debe superar el proceso de aprobación correspondiente y no implica que todo el dinero vaya a destinarse exclusivamente a la compra de drones.
La iniciativa Drone Dominance permite dimensionar la apuesta estadounidense por los sistemas no tripulados. De los 53.600 millones de dólares previstos en la propuesta para 2027, 16.900 millones se destinan a la adquisición de sistemas no tripulados y 14.400 millones a capacidades contra drones.
Otros 13.500 millones corresponden a logística en entornos disputados, mientras que 4.500 millones se reservan para autonomía colaborativa y 4.300 millones para sistemas institucionales y personal.
La distribución refleja que el esfuerzo no se limita a adquirir plataformas. El Pentágono también pretende reforzar las defensas frente a las amenazas no tripuladas, integrar sistemas autónomos en las operaciones y garantizar el abastecimiento en escenarios donde las líneas logísticas pueden quedar expuestas a ataques.
La estrategia busca que los drones y otros sistemas robóticos dejen de ser capacidades limitadas a determinadas unidades y pasen a formar parte habitual del equipamiento militar.
340.000 drones en dos años para el ejército
El Ejército de Tierra estadounidense ya ha concretado parte de esta ambición. En diciembre de 2025 anunció un programa de 1.000 millones de dólares para financiar aproximadamente 340.000 pequeños sistemas aéreos no tripulados durante dos años.
El plan contemplaba entregar decenas de miles de drones a las unidades de combate en 2026 y alcanzar cientos de miles en 2027. La iniciativa pretende acelerar la producción, reducir los costes y ampliar la capacidad industrial para responder a pedidos de gran volumen.
Un vehículo blindado ligero Stryker, equipado con un sistema de sensores contradrón, asignado al 2.º Regimiento de Caballería, dependiente del V Cuerpo.
El programa también busca incorporar nuevos proveedores y facilitar la participación de compañías que no pertenecen a la base industrial tradicional de Defensa.
El secretario interino del Ejército, Adam Telle, ha defendido que las Fuerzas Armadas deben mantener la colaboración con los grandes contratistas, pero abrir al mismo tiempo sus programas a nuevos fabricantes.
Para ello, el servicio pretende ampliar el acceso de las empresas a sus campos de pruebas.
De este modo, los desarrolladores podrán evaluar sus sistemas, recibir observaciones de los militares y mejorar sus productos antes de incorporarlos a las unidades operativas.
Reducir las trabas a la industria
La transformación del arsenal estadounidense exige también cambios en los procedimientos de contratación. Hegseth ha pedido identificar las normas que pueden modificarse sin necesidad de aprobar nuevas leyes para acelerar la incorporación de tecnología.
"Quiero que me digáis qué normas se pueden eliminar de un plumazo", afirmó ante los representantes del sector y los responsables militares.
El secretario de Defensa considera que el Pentágono debe facilitar la competencia en un mercado históricamente dominado por grandes contratistas y plataformas costosas.
Las empresas tradicionales seguirán siendo importantes, pero Washington busca ampliar el número de proveedores capaces de fabricar sistemas más económicos y producirlos a gran escala.
La iniciativa plantea un desafío industrial: disponer de tecnología avanzada no garantiza la capacidad de fabricar miles de unidades en plazos reducidos.
Para alcanzar los volúmenes previstos, EEUU necesitará ampliar su red de proveedores, asegurar el suministro de componentes y aumentar su capacidad productiva.
Drones, robots terrestres y fuegos autónomos
La estrategia del Ejército estadounidense va más allá de los sistemas aéreos. Telle explicó que el servicio trabaja en un modelo que integre drones, plataformas terrestres autónomas, fuegos autónomos y sistemas de transporte no tripulados en las futuras operaciones de combate.
El objetivo es coordinar estas capacidades y distribuirlas entre las unidades, evitando que cada organización desarrolle soluciones aisladas. El Ejército también quiere reforzar la formación en robótica para disponer de personal capaz de manejar, mantener e integrar estos equipos.
Telle puso como ejemplo la especialidad militar 390A, vinculada a la robótica, cuyos suboficiales especialistas pueden mantener sus conocimientos técnicos a lo largo de su carrera y transmitirlos a otros soldados.
La producción masiva, por tanto, deberá ir acompañada de personal especializado, mantenimiento, integración en las redes de mando y control y capacidad para reponer los sistemas perdidos o dañados durante las operaciones.
