Distintas maniobras aéreas internacionales han puesto de manifiesto una realidad que preocupa a la industria militar europea y, especialmente, a la aeroespacial: los aviones de combate chinos están demostrando ser capaces de superar los diversos modelos de cazas desarrollados en el Viejo Continente.
Uno de los últimos episodios en los que aeronaves occidentales han palidecido frente a los sistemas del gigante asiático ha tenido lugar en Egipto durante el ejercicio bilateral Eagles of Civilization 2026, desarrollado entre mediados de agosto y principios de septiembre.
En este escenario de adiestramiento, la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación de China ha puesto a prueba sus cazabombarderos pesados J-16 frente a una fuerza mixta de la Fuerza Aérea egipcia, compuesta por cazas de origen francés y ruso: el Dassault Rafale y el Mikoyan MiG-29M, respectivamente.
Esta semana, la televisión estatal china CCTV ha emitido balances operativos que destacaban cómo sus aeronaves lograron imponerse en el combate más allá del alcance visual, incluso encontrándose en una situación de desventaja numérica.
El entrenamiento alcanzó su punto álgido durante la tercera jornada de ejercicios, en la que una formación de cuatro cazas chinos J-16 se midió contra una escuadra egipcia formada por seis aparatos: dos Rafale y cuatro MiG-29M.
Para compensar la inferioridad, el contingente chino integró en su arquitectura de combate una aeronave de alerta temprana y control aerotransportado KJ-500.
Este avión actuó como un nodo centralizado de mando, exploración y transmisión de datos, distribuyendo información táctica a los J-16 para que estos pudieran operar sin la necesidad constante de delatar su posición mediante sus propios radares.
Caza J-16 de China
"Cuando empezó la batalla aérea, nos olvidamos de la desventaja numérica y que se trataba de Rafales. Solo necesitábamos evadir sus armas y, mediante la coordinación táctica, compensamos la brecha numérica”, ha destacado a la cadena pública china el piloto Wei Yuexin, quien desempeñó roles operativos y de control durante las maniobras.
Asimismo, el aviador ha enfatizado el papel crucial de la coordinación entre plataformas, la ejecución precisa de las maniobras defensivas y la guerra electrónica, un ámbito en el que los aparatos chinos demostraron una notable sofisticación.
De hecho, de acuerdo al militar, la efectividad de las interferencias causó una profunda impresión en los egipcios: "Lo que más me impresionó fue lo mucho que apreciaron y se interesaron por nuestro uso de la guerra electrónica. Pensaron que nuestro ritmo y nuestra capacidad de interferencia eran excelentes”.
Las conversaciones al finalizar las jornadas operativas reflejaron el interés técnico provocado por el material chino. "Cuando charlábamos, no solo elogiaban nuestras habilidades, sino también nuestros cazas J-16 y los misiles PL-15. Podía sentirlo en sus ojos. Estaban aprobando el desarrollo de nuestro país", ha subrayado Wei.
Dassault Rafale
No obstante, a pesar de los logros exhibidos en el combate a larga distancia mediante el uso del radar AESA, sensores avanzados y el misil aire-aire de largo alcance PL-15, el piloto chino ha admitido las limitaciones de la plataforma de Pekín cuando el enfrentamiento se trasladó a corta distancia, donde las aeronaves egipcias tuvieron un mejor desempeño.
El J-16 es una aeronave bimotor pesada optimizada para misiones de ataque multipropósito que deriva de la familia del Su-27 soviético. Por su parte, tanto el Rafale francés como el MiG-29 ruso son cazas medianos dotados de una agilidad superior y una elevada relación empuje-peso, lo que les otorga ventajas en el combate maniobrado.
J-10CE vs. Eurofighter
El desempeño del J-16 en Egipto no constituye un hecho aislado, sino que se enmarca en una serie de antecedentes en los que la aviación militar china ha mostrado resultados contundentes frente a plataformas de diseño europeo.
Un episodio similar ocurrió en enero de 2024 durante el ejercicio conjunto Zilzal-II, celebrado en los cielos del golfo Pérsico.
En aquellas maniobras, pilotos de la Fuerza Aérea de Pakistán a los mandos de cazas ligeros de fabricación china J-10CE se enfrentaron a los Eurofighter Typhoon Tranche 3A operados por la Fuerza Aérea del Emirato de Catar.
Aquel encuentro concluyó con un marcador de 9-0 a favor del avión diseñado en China, resultado que la televisión estatal de Pekín calificó de hito histórico.
El J-10CE se impuso en los cuatro enfrentamientos simulados más allá del alcance visual gracias a la eficacia de sus radares de escaneo electrónico activo y sus sensores, e igualmente dominó los cinco combates aéreos cercanos disputados contra el caza europeo.
Este tipo de resultados en ejercicios internacionales está siendo aprovechado por China no solo para consolidar la doctrina operativa de sus fuerzas armadas, sino también como un argumento promocional para posicionar su industria de defensa en el mercado internacional de aviación de combate.
