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Felipe VI ha insistido en Melilla en que "estamos preparados para defender nuestros valores y nuestras libertades". Unas declaraciones que cobran todo el sentido tras la confirmación oficial del presidente del Gobierno de que la llegada masiva de inmigrantes a Ceuta a finales de julio de 2026 coincidió con la entrada de buques de guerra marroquíes en aguas españolas.

El Rey subrayó que “cualquier amenaza a la frontera de un Estado miembro lo es para el conjunto de la UE” y advirtió de que “nadie confunda con debilidad nuestras convicciones. Estamos preparados para defenderlas”.

La entrada de buques de guerra marroquíes en aguas de Ceuta que hemos conocido estos días, más de dos meses después, reúne para especialistas militares y de inteligencia consultados por EL ESPAÑOL los cuatro elementos característicos de un ataque de guerra híbrida: el desdibujamiento de las líneas rojas, la concatenación de efectos, la acumulación gradual de hechos consumados y las denominadas sondas probatorias.

4 patrones de la guerra híbrida

1. Desdibujamiento del umbral/línea roja: Mover y diluir la línea que desencadenaría una respuesta militar del Estado afectado, manteniéndolo como una "acción hostil" pero calificada de puntual para evitar represalias. El objetivo, desde esta perspectiva analítica, sería desplazar los límites de lo que el Estado afectado considera tolerable sin desencadenar una escalada”, aseguran.

2. Atribución y concatenación de efectos sinérgicos: Las fuentes militares apuntan al “contraste entre unos flujos migratorios cuya eventual instrumentalización estatal debe demostrarse y una presencia naval militar cuya autoría resulta inequívoca”. Es necesario "Coordinar acciones cuya autoría estatal directa resulta difusa o controvertida —como los flujos migratorios atribuidos al Majzén, la red informal de poder y clientelismo que orbita en torno a la monarquía marroquí—, frente a actuaciones de atribución inequívoca, como el despliegue de fragatas", señalan.

3. Sumatorio acumulativo de efectos (analogía de la rana en el agua): Cambiar el statu quo de forma progresiva mediante acumulación de pequeños hechos consumados sin respuesta a lo largo del tiempo (asaltos a la valla, invasión de 80.000 inmigrantes en Ceuta, escalada verbal de los dirigentes marroquíes previas a las elecciones del pasado 23 de septiembre, incluso del rey de Marruecos). Y, por supuesto, la entrada en aguas españolas de buques de guerra marroquíes.

4. Sondas probatorias ("meter el dedo en el agua"): Testear la tolerancia de la respuesta; si no hay reacción, incrementar la intensidad o extender la presión (como dirigirse posteriormente a Chafarinas). Marruecos ha ido escalando la intensidad de sus actos y declaraciones.

Precisamente la lógica de la denominada zona gris, dentro de las acciones de guerra híbrida, consiste en desarrollar actuaciones que se sitúan por debajo del umbral de un conflicto armado, pero que pueden alterar el statu quo, poner a prueba la capacidad de respuesta del adversario y generar costes políticos, económicos y operativos sostenidos.

El almirante (R) Juan Rodríguez Garat, apunta directamente a Rabat como artífice de una estrategia de guerra híbrida, y subraya que presencia de los buques marroquíes "no puede interpretarse como un simple incidente de navegación". "Es una huella deliberada. El Gobierno de Marruecos ha empleado esta medida para presionar al Gobierno de España", afirma.

"Es un paso más. Mucho más difícil de camuflar que el de la invasión de Ceuta porque, al fin y al cabo, eso se disfraza debajo del fenómeno migratorio, pero los barcos no están llenos de migrantes", asegura en declaraciones a EL ESPAÑOL.

"Esto no es puntual, esto es una política que sigue Marruecos desde siempre, desde que se firmó la Convención de Jamaica", asegura Rodríguez Garat, en referencia a la convención internacional sobre el derecho del mar que reconoce las 12 millas náuticas. "Marruecos se ha negado siempre a reconocer las aguas territoriales de Ceuta y de Melilla", subraya.

Eugenia Hernández, CEO de Prime Defense y directora de la UNINT (Unidad de Análisis de Inteligencia Económica de la UAM), considera que “existen indicios suficientes para examinar los acontecimientos de Ceuta desde la perspectiva de las amenazas híbridas”, dado que estos se caracterizan “por la combinación de instrumentos y también por las dificultades para atribuir responsabilidades”.

Aun así, advierte de que “si existió una planificación conjunta destinada a utilizar simultáneamente la presión migratoria, la presencia naval militar y eventualmente embarcaciones civiles para alterar el entorno de seguridad de Ceuta y condicionar la respuesta española, está aún por demostrarse cada uno de los términos”.

Fragata D601 "Mohammed VI" -

La experta subraya que resultan “relevantes las informaciones publicadas entre el 12 y el 14 de octubre de este 2026”, que confirman un incidente naval entre España y Marruecos en aguas de Ceuta coincidiendo con la crisis migratoria del 30 y 31 de julio.

“Se produjeron incursiones reiteradas de unidades de la Marina Real marroquí y maniobras que estuvieron cerca de provocar una colisión entre patrulleros de ambos países; esto está confirmado”, señala Hernández. “Pero la clave aquí es confirmar una actuación coordinada también con pesqueros marroquíes”, algo que apuntan algunos medios.

Según asegura la directora UNINT, "No se ha podido demostrar que los barcos de pesca se coordinen deliberadamente con la Armada marroquí siendo parte de su estrategia de hostigamiento, dando señales y siendo antenas civiles de la operación militar reconocida".

La experta subraya que la guerra híbrida no requiere un conflicto abierto: combina medios militares y civiles, presión económica, migración instrumentalizada, desinformación y acciones encubiertas para generar incertidumbre y dificultar la respuesta del país afectado.

"No es algo normal entre vecinos"

El almirante Rodríguez Garat también cuestiona que lo sucedido pueda despacharse como un incidente ordinario entre Estados que mantienen relaciones diplomáticas.

"Lo que ha pasado en Ceuta con los barcos de guerra de Marruecos no es algo normal entre vecinos, como aseguran algunos. Eso es falso. Yo he vivido esas situaciones, pero nunca con vecinos, siempre con enemigos. Nunca he tenido esos problemas ni con Portugal ni con Francia", afirma.

En su opinión, el episodio también pone de relieve la respuesta del Ejecutivo español. "Esto deja muy claras las intenciones de Marruecos y también la falta de respuesta del Gobierno de España. Aparte de ocultarlo, de crear un relato alternativo", sostiene.

Mientras la presión migratoria exige una respuesta policial, fronteriza y humanitaria, la presencia de unidades navales militares introduce una dimensión militar y diplomática que obliga a mantener la vigilancia marítima y, llegado el caso, desplegar medios para proteger los intereses españoles.

Despliegue naval y coste logístico

Desde el punto de vista militar, las incursiones al menos una fragata, La Mohamed VI, y varias patrulleras las que navegaron por la zona en plena invasión de migrantes en Ceuta también pueden interpretarse como una posible prueba de la capacidad española para gestionar simultáneamente la presión en tierra y la actividad naval.

Y aunque las incursiones cesaron la respuesta necesitó de la presencia operativa en el mar con la interlocución institucional o a través de "los canales habituales de cooperación bilateral", como aseguró la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

Lo cierto es que al inicio de la crisis de Ceuta, el Estado Mayor de la Defensa ordenó el despliegue del buque de acción marítima (BAM) Rayo, con base en el arsenal de Las Palmas de Gran Canaria, para reforzar la vigilancia de las aguas de la ciudad autónoma y apoyar las tareas logísticas.

La operación se amplió con la movilización de otros medios navales. La fragata Santa María, procedente de la base naval de Rota (Cádiz), comenzó patrullas de vigilancia, aunque una avería obligó a sustituirla por la fragata Navarra, integrada también en la 41.ª escuadrilla de escoltas de Rota.

Al despliegue se sumaron el buque de aprovisionamiento Tornado, empleado principalmente en labores logísticas, incluido el transporte de material desde Canarias, y el patrullero Vigía, con base en Puntales (Cádiz).

El episodio pone de relieve, además, una dimensión menos visible: "el coste logístico de mantener la vigilancia ante una situación de tensión.

Incluso sin que se produzca un intercambio de disparos, la disponibilidad de los buques exige sostener las dotaciones, el combustible, el abastecimiento, el mantenimiento y la preparación para las misiones asignadas", apuntan las mismas fuentes militares.

Aunque como apunta Rodríguez Garat, "Los buques están para eso. Nada más caro que lo que no tiene utilidad".