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La guerra de Ucrania primero y la de Irán después ha mermado de forma crítica las reservas de armamento. Entre los países más afectados está Estados Unidos, cuya escasez de misiles interceptores en su arsenal ha provocado un efecto dominó en las entregas planeadas a sus países aliados.

Polonia es el mejor ejemplo de ello. El general Ireneusz Nowak, comandante operativo del ejército polaco, reconoció ayer que las entregas de algunos sistemas de armas estadounidenses al país se retrasarán. Entre ellos, los misiles interceptores que alimentan los lanzadores Patriot.

Se trata de la confirmación oficial de algo que lleva sobrevolando meses entre los despachos de los ministerios de defensa de algunas naciones, especialmente aquellas que dependen de tecnología estadounidense para sus sistemas críticos.

El pasado abril, según recogió Reuters, funcionarios estadounidenses ya habían informado a algunos de sus homólogos europeos que era probable que se retrasaran algunas entregas de armas previamente contratadas, apuntando directamente a que la guerra con Irán estaba consumiendo las reservas.

"En este momento, parece que nosotros también nos veremos afectados", declaró el general Nowak. "Esto es muy evidente en el caso de los misiles PAC-3 MSE Patriot; sin duda, se retrasarán", puntualizó durante su intervención en el Foro de Seguridad de Varsovia.

"En general, habrá un impacto y se producirán retrasos adicionales en las entregas ya programadas o que ya están contempladas en el contrato", reafirmó

Si bien España mantiene el encargo de sistemas Patriot, que todo apunta a que llegarán a partir del 2030, otros países ya han buscado alternativas tras descartar esta tecnología estadounidense. El mejor ejemplo reciente lo encarna Suiza, que ya anunció su intención de adquirir el L-SAM surcoreano para su Ejército.

Desde el Gobierno de Estados Unidos han lanzado un plan de rearme muy importante, con miles de millones en encargos de todo tipo de armas a su industria con el objetivo de acelerar la producción.

Sin embargo, las últimas estimaciones apuntan a que será a partir de 2029 cuando los arsenales comiencen a llenarse de nuevo para EEUU.

A finales del pasado mes de julio, el Pentágono adjudicó a Lockheed Martin un contrato de 58.600 millones de dólares con el objetivo de adquirir misiles interceptores PAC-3 MSE.

Esta fue la segunda fase del contrato, tal y como indicó Lockheed Martin en un comunicado, tras la adjudicación el pasado abril de 4.700 millones de dólares para este mismo fin.

La nueva financiación, explicaron, permite a la compañía estadounidense "potenciar aún más la producción del PAC-3 MSE y triplicar su capacidad para finales del 2030".

El PAC-3 MSE "se ha consolidado como el interceptor de defensa aérea y antimisiles más avanzado gracias a su rendimiento probado en operaciones reales".

Lockheed Martin ha incrementado de forma notable la producción del sistema en los últimos años, coincidiendo con la guerra de Ucrania —donde está desplegado— y el incremento mundial de adquisiciones de este tipo de sistemas.

En cuanto al contrato recién recibido por el Pentágono, desde la compañía aseguraron que fortalecerá el Arsenal of Freedom impulsado por la administración Trump y ofrecerá "las capacidades de defensa aérea más avanzadas del país a una velocidad y escala sin precedentes".