Tras la cancelación del programa de fragatas F126 el pasado junio, Alemania decidió emplear los recursos económicos ya comprometidos en reforzar sus capacidades de guerra antisubmarina en el dominio naval.
Esta decisión llega tras varios años de incremento de actividad sumergida en las aguas más septentrionales del océano Atlántico por parte de la flota de guerra de Rusia, que ha establecido esta región como una de sus prioridades tras la apertura de rutas marítimas por el mar del Norte.
Ahora, Berlín ha recibido la luz verde de los legisladores para llevar a cabo la adquisición de ocho buques Meko A-200 DEU, construidos por el astillero alemán TKMS.
El comité de presupuestos del Bundestag aprobó la compra de las primeras cuatro embarcaciones el pasado 8 de julio, pero no ha sido hasta ahora cuando el Ministerio de Defensa ha recibido todos los permisos para completar la flota deseada.
La entrega de la primera unidad está prevista para el 2029 y servirán de apoyo a las misiones de la OTAN en el mar Báltico, mar del Norte, el Atlántico y el Ártico. El programa por los ocho buques tiene un coste estimado de 11.600 millones de euros.
El cambio de programa estuvo motivado fundamentalmente por "considerables retrasos en el proyecto, los previsibles aumentos de costes y los riesgos que habría conllevado un cambio de contratista general", según explicó el Ministerio de Defensa alemán, refiriéndose a las fragatas F126 desarrolladas por el astillero neerlandés Damen Schelde Naval Shipbuilding (DSNS).
El presupuesto inicial rondaba los 10.000 millones de euros. Sin embargo, según Defensa, DSNS comunicó posteriormente un "retraso considerable" y la imposibilidad de completar el programa dentro de los plazos y costes acordados.
Fragata F126
Ante esta situación, Berlín estudió a partir de 2025 la posibilidad de transferir el contrato principal a Naval Vessels Lürssen (NVL). No obstante, las estimaciones apuntaban a que el coste total del proyecto podría superar los 18.000 millones de euros, una cifra que terminó por hacer inviable la continuidad del programa.
Ahora, la compañía naval reclama al Bundestag 4.700 millones de euros en concepto de daños y perjuicios, alegando que la rescisión del contrato por parte de Berlín tuvo motivaciones políticas y carecía de fundamento legal, tal y como recogió Der Spiegel hace solo unos días.
Buques antisubmarinos
"La caza de submarinos desde el mar reviste la máxima importancia dentro de la OTAN y, por lo tanto, también constituye una prioridad nacional", señaló el Ministerio de Defensa en un comunicado."El cumplimiento puntual y completo de las obligaciones contraídas con la OTAN es decisivo en la adquisición de fragatas".
Ahora, "tras un examen exhaustivo, el inspector de la Armada ha confirmado que las fragatas del tipo MEKO A-200 DEU estarían en condiciones de cumplir la misión principal de la Armada alemana en la caza de submarinos y, con ello, también nuestros compromisos con la OTAN", explicó el Ministerio.
Este tipo de fragatas, de unos 120–121 metros y alrededor de 3.700–4.000 toneladas de desplazamiento, están pensadas para operaciones de largo radio de acción y pueden configurarse según la misión: guerra antisubmarina, defensa antiaérea y combate de superficie.
Su arquitectura modular facilita la integración y actualización de sensores y armas; normalmente incorporan un cañón principal de 76–127 mm, lanzadores de misiles antibuque (por ejemplo Exocet), celdas VLS para misiles superficie-aire, sistemas de guerra electrónica y misiles antiaéreos de corto/medio alcance, además de lanzadores de torpedos y artillería de defensa próxima.
La propulsión suele ser CODAG-WARP (combinación diésel+turbina con chorro de agua) para alcanzar alrededor de 28–29 nudos y un gran alcance de crucero.
Pérdidas millonarias
La cancelación está teniendo un elevado coste económico. Alemania ha desembolsado ya más de 2.000 millones de euros desde la adjudicación del contrato en junio de 2020, una cantidad que deberá provisionarse pese a que los trabajos de construcción del primer buque ya habían comenzado en el astillero de Wolgast.
En un intento por salvar el proyecto, el Ministerio de Defensa había previsto transferir el papel de contratista principal a NVL, compañía que posteriormente fue adquirida por Rheinmetall por unos 1.500 millones de euros.
La operación abría la puerta a que el gigante alemán de defensa asumiera la dirección del programa, una posibilidad que finalmente ha quedado descartada.
La decisión supone un duro golpe para Rheinmetall, que contaba con hacerse cargo del proyecto durante el segundo trimestre del año y veía en las F126 uno de los grandes contratos navales de la próxima década. El mismo día del anuncio de la cancelación, la compañía de defensa alemana se desplomó un 19% en la bolsa.
