Japón continúa reforzando su capacidad submarina ante el creciente poder naval de China y la tensión estratégica en el Indo-Pacífico. Mitsubishi Heavy Industries (MHI) acaba de botar en su astillero de Kobe el JS Shōgei (SS-519), el séptimo submarino de la clase Taigei construido para la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón (JMSDF).
Su botadura llega en un momento en el que la dimensión submarina gana peso en la competición estratégica del Indo-Pacífico y en la carrera de capacidades entre China, Japón y Estados Unidos.
Con un desplazamiento estándar de 3.000 toneladas, el nuevo sumergible está diseñado para ampliar las capacidades japonesas de vigilancia y combate bajo el agua en un área estratégica que se extiende desde el mar de China Oriental hasta el Pacífico occidental. Su entrada en servicio está prevista para marzo de 2028.
El Shōgei mide 84 metros de eslora y 9,1 metros de manga y cuenta con una dotación de unos 70 militares. Su sistema de propulsión combina dos generadores diésel Kawasaki 12V 25/31 con baterías de ion-litio, una tecnología que Japón comenzó a desarrollar en 1997 y que incorporó por primera vez operacionalmente en 2020, según avanza Army Recognition.
Frente a las baterías de plomo tradicionales, las de ion-litio proporcionan una mayor densidad energética y permiten una mayor capacidad de almacenamiento.
La clase Taigei fue diseñada desde el principio alrededor de esta tecnología, en lugar de incorporar posteriormente un sistema de baterías de mayor capacidad.
La discreción acústica es otro de los elementos centrales del diseño.
El submarino incorpora sistemas de aislamiento de maquinaria destinados a reducir las vibraciones transmitidas al agua y cuenta con el sonar ZQQ-8, que combina sensores de proa y laterales con una antena remolcada de fibra óptica. El sistema permite detectar y seguir contactos desde diferentes posiciones y mejorar su clasificación.
En una guerra submarina en la que localizar primero al adversario puede resultar decisivo, la combinación de baja firma acústica y sensores pasivos constituye una de las principales ventajas de estos sumergibles.
Torpedos y misiles antibuque
El armamento del Shōgei se articula alrededor de seis tubos lanzatorpedos de 533 milímetros, capaces de emplear los nuevos torpedos pesados japoneses Type 18 y misiles antibuque UGM-84L Harpoon Block II.
Estos últimos cuentan con un alcance declarado de hasta 248 kilómetros y permiten atacar buques de superficie a distancias muy superiores al horizonte inmediato del submarino. El sistema se complementa con equipos de contramedidas destinados a aumentar la capacidad de supervivencia frente a ataques con torpedos.
La incorporación del Shogei se produce mientras Tokio prepara una evolución mucho más ambiciosa de su fuerza submarina.
El pasado julio, la Agencia de Adquisición, Tecnología y Logística de Japón (ATLA) adjudicó a MHI un contrato de 3.900 millones de yenes —unos 24,6 millones de dólares— para optimizar el diseño de un nuevo submarino equipado con sistemas de lanzamiento vertical (VLS).
El objetivo es superar las limitaciones de los actuales tubos lanzatorpedos y disponer de una plataforma capaz de integrar misiles de mayor alcance.
El programa responde a la nueva orientación estratégica de Japón, que desde 2022 contempla el desarrollo de capacidades de ataque a distancia para hacer frente a amenazas situadas más allá del entorno inmediato del archipiélago.
La evolución de la flota submarina japonesa adquiere así una clara dimensión geopolítica. China está ampliando rápidamente su Armada y sus capacidades para operar más allá de la primera cadena de islas, mientras mantiene una creciente presión militar sobre Taiwán y en el mar de China Oriental.
Para Tokio, los submarinos constituyen una herramienta de negación de acceso marítimo capaz de dificultar las operaciones de una fuerza naval adversaria y proteger las principales rutas marítimas japonesas.
El radio de operaciones que se contempla para la próxima generación —desde el entorno del archipiélago hasta el mar de China Oriental, el mar de Filipinas y el Pacífico occidental— refleja además la ampliación del espacio estratégico que Japón necesita cubrir.
No descarta la propulsión nuclear
El debate sobre la futura generación de sumergibles alcanza incluso a la propulsión. Japón estudia distintas alternativas y no ha descartado la posibilidad de recurrir a submarinos de propulsión nuclear.
El ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, confirmó en septiembre que esta opción continúa sobre la mesa.
La cuestión cobra especial importancia por las enormes distancias del Indo-Pacífico: mientras un submarino convencional debe gestionar sus reservas de batería y regresar periódicamente a profundidad de snorkel para recargar, uno nuclear puede mantener durante periodos mucho más prolongados velocidades elevadas bajo el agua.
Japón todavía no ha decidido el desplazamiento, el número de celdas VLS, el armamento, la propulsión ni el calendario de construcción de este futuro submarino.
Pero el rumbo estratégico ya está definido: Tokio quiere disponer de una fuerza submarina más silenciosa, con mayor alcance y capacidad para operar a mayor distancia de sus costas.
El JS Shōgei, con un coste de 80.500 millones de yenes, es el último exponente de esa transformación.
