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Lituania ha decidido reforzar militarmente su frontera con Kaliningrado ante el temor de que Rusia pueda recurrir a los movimientos migratorios como instrumento de presión dentro de su estrategia de guerra híbrida. Los primeros efectivos ya están siendo desplegados en el sector meridional del país.

Vilna desplegará alrededor de un centenar de soldados para apoyar a la Guardia de Fronteras durante las próximas semanas, en previsión de posibles intentos de entrada irregular desde el enclave ruso, así lo ha confirmado el ministro de Defensa lituano, Robertas Kaunas, a la radiotelevisión pública LRT.

Para Lituania, el refuerzo de la frontera con Kaliningrado se inscribe en una estrategia de protección de su territorio ante un entorno de seguridad cada vez más complejo desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania.

La medida responde a una petición del ministro del Interior, Martynas Katelynas, que reclamó reforzar la vigilancia de la frontera con Kaliningrado ante un escenario que Vilna considera plausible: que una eventual nueva movilización militar decretada por el Kremlin provoque la salida de ciudadanos rusos que intenten evitar el reclutamiento y solicitar asilo en territorio de la Unión Europea.

Katelynas ha advertido de que la Guardia de Fronteras se encuentra actualmente "desbordada" por la carga de trabajo y necesita apoyo adicional, especialmente ante el incremento de los intentos de entrada irregular.

El precedente de Bielorrusia

La decisión lituana llega después de un incidente registrado en la frontera entre Letonia y Bielorrusia, donde militares que apoyaban a los guardias fronterizos detectaron a individuos armados que dirigían a grupos de personas, presumiblemente migrantes, hacia territorio letón. Las fuerzas letonas lograron impedir el cruce.

El episodio ha elevado nuevamente la preocupación en los países bálticos por el empleo de la presión migratoria como herramienta de guerra híbrida. Letonia puso en marcha en agosto la operación conjunta de seguridad 'Licántropo', destinada a combatir lo que las autoridades del país consideran una campaña de presión migratoria procedente de Bielorrusia.

La Guardia de Fronteras letona ha anunciado que la operación se prolongará hasta finales de año. Según sus datos, durante 2026 se han rechazado ya más de 11.000 intentos de entrada irregular, de los que unos 1.400 se habrían producido desde el inicio de 'Licántropo'.

El escenario que preocupa ahora a Lituania presenta, sin embargo, una característica diferente. No se trataría necesariamente de grupos de migrantes procedentes de terceros países canalizados hacia la frontera, sino de una posible llegada masiva de ciudadanos rusos que intenten escapar de una nueva movilización.

"Puede que nos encontremos con los (rusos) que quieren evitar la movilización y quieren entrar en territorio de Lituania para solicitar asilo", afirmó Katelynas.

Kaliningrado, un enclave estratégico

La frontera lituana con Kaliningrado tiene además una importancia estratégica que trasciende la dimensión migratoria. El enclave ruso se encuentra encajonado entre Lituania y Polonia, separado del resto de Rusia, y constituye uno de los principales puntos de apoyo militar de Moscú en el flanco oriental de la OTAN.

Cualquier incremento de la presión sobre esta frontera es observado, por tanto, desde una perspectiva de seguridad mucho más amplia. Los países bálticos han reforzado en los últimos años sus capacidades militares, sus infraestructuras fronterizas y sus mecanismos de respuesta frente a amenazas convencionales e híbridas.

La preocupación por la utilización de la migración como instrumento de presión tampoco es nueva en Europa.

En los últimos años, Polonia, Finlandia, Lituania y Letonia han denunciado diferentes episodios en los que los flujos migratorios han terminado convirtiéndose en un elemento de presión sobre las fronteras exteriores de la UE.

España conoce también este tipo de escenarios. Ceuta constituye uno de los ejemplos más evidentes de cómo los movimientos migratorios pueden adquirir una dimensión de seguridad nacional cuando se producen en un contexto de tensión política y fronteriza. A finales de julio, cerca de 80.000 migrantes entraron en la Ciudad Autónoma de forma ilegal.

La crisis de mayo de 2021, cuando miles de personas entraron en la ciudad autónoma en apenas unas horas, puso de manifiesto la vulnerabilidad de las fronteras exteriores europeas ante este tipo de dinámicas.

El concepto de guerra híbrida engloba precisamente el empleo combinado de instrumentos militares y no militares —desde la presión migratoria y la desinformación hasta los ciberataques, el sabotaje o la coerción económica— para generar inestabilidad y presionar a un adversario sin recurrir necesariamente a un enfrentamiento militar abierto.