Anduril, Castelion, Lockheed Martin, Mach Industries y RTX desarrollarán prototipos del PrSM Increment 4, una nueva versión del misil que podrá ser lanzada desde los sistemas móviles M142 HIMARS, diseñado para atacar buques en movimiento y objetivos terrestres a más de 1.000 kilómetros.
Washington refuerza así la capacidad de sus fuerzas terrestres para mantener en riesgo a la Armada china desde las cadenas de islas del Indo-Pacífico.
Para ello, el Ejército de Estados Unidos ha puesto en marcha una nueva carrera tecnológica para dotarse de una capacidad de ataque marítimo de largo alcance, mediante la adjudicación de cinco contratos bajo acuerdos de Other Transaction Authority (OTA), un mecanismo que el Pentágono emplea para acelerar el desarrollo, la experimentación y la incorporación de tecnologías emergentes.
El PrSM Increment 4 es, por tanto, una pieza más del esfuerzo de Washington para adaptar sus fuerzas a un escenario en el que la superioridad naval y aérea ya no puede darse por descontada y en el que la dispersión, el alcance y la capacidad de supervivencia de los lanzadores terrestres adquieren un peso creciente.
El programa contempla que las compañías desarrollen sus primeros prototipos durante el año fiscal 2027, cuando se realizará una primera competición de vuelo y una selección de los diseños que continuarán en el programa. En 2028 está previsto un segundo ciclo de pruebas y una nueva criba.
La exigencia de superar los 1.000 kilómetros supone aproximadamente duplicar el alcance de las primeras versiones del PrSM.
Además, el nuevo misil deberá poder operar en el área de responsabilidad del Indo-Pacífico, una condición que sitúa el programa directamente en el marco de la estrategia estadounidense para hacer frente a las capacidades de negación de acceso y control de área desarrolladas por China.
Convertir a los HIMARS en cazabuques
El PrSM Increment 4 representa un salto respecto al desarrollo actual del programa. La primera versión, Increment 1, sustituye al veterano Army Tactical Missile System (ATACMS), mientras que el Increment 2 incorpora un buscador multimodo capaz de localizar y seguir objetivos móviles tanto terrestres como marítimos.
De hecho, el Ejército estadounidense adjudicó recientemente a Lockheed Martin un contrato de 1.200 millones de dólares para la entrega inicial de misiles PrSM Increment 2. Esta versión proporciona al HIMARS una capacidad de ataque contra buques en movimiento con un alcance operativo de hasta unos 500 kilómetros.
El Increment 4 llevará esta arquitectura mucho más lejos. El objetivo es disponer de una plataforma móvil capaz de desplegarse en islas y zonas costeras, cambiar rápidamente de posición y amenazar a buques situados a cientos de kilómetros de distancia.
La documentación del programa exige, además, una arquitectura abierta que permita incorporar nuevas tecnologías y actualizaciones durante el ciclo de vida del misil.
Lanzamiento de un PrSM Increment 2 de Lockheed Martin en una prueba de vuelo del Ejército de EEUU, agosto de 2026.
La combinación de HIMARS, movilidad y misiles de muy largo alcance encaja con el concepto estadounidense de dispersar unidades terrestres por el Indo-Pacífico para complicar la localización y destrucción de sus fuerzas.
Los lanzadores pueden desplegarse en posiciones avanzadas de la primera cadena de islas, desde Japón hasta Filipinas, y operar desde enclaves cuya geografía dificulta la acción de las fuerzas navales y aéreas adversarias.
El ejercicio Balikatan 2026, desarrollado entre Estados Unidos y Filipinas, ya mostró esta tendencia, con el despliegue de sistemas HIMARS en distintos puntos próximos al estrecho de Luzón.
Esa zona tiene una importancia estratégica especial por su proximidad a Taiwán y por constituir uno de los espacios clave de acceso entre el Pacífico occidental y el mar de Filipinas.
Cinco competidores
La competición también refleja la transformación que está experimentando la industria estadounidense de defensa. Junto a Lockheed Martin y RTX, dos de los grandes contratistas tradicionales del Pentágono, aparecen compañías más jóvenes como Anduril, Castelion y Mach Industries.
Castelion, por ejemplo, trabaja ya en tecnologías hipersónicas y ha desarrollado el Blackbeard, un misil que la compañía pretende integrar en diferentes plataformas. El Ejército había contratado anteriormente a la empresa para estudiar su integración sobre HIMARS, mientras que la Armada estadounidense trabaja con Castelion en una versión para aviones de combate F/A-18E/F.
HIMARS lanzando un misil.
Lockheed Martin parte, por su parte, de una posición especialmente avanzada dentro del programa PrSM. La compañía ya ha realizado ensayos relacionados con su propuesta para el Increment 4, incluido un ensayo de propulsión en el que demostró la transición entre el propulsor inicial y el ramjet, una tecnología destinada a proporcionar al misil capacidad de vuelo sostenido a alta velocidad.
La competición permitirá al Ejército comparar diferentes aproximaciones tecnológicas antes de seleccionar el sistema que continuará hacia la fase de producción.
El calendario contempla un primer fly-off en 2027 y otro en 2028, mientras que la documentación de adquisición contempla posteriormente una fase de cualificación y preparación para la producción.
Frente al poder naval chino
El desarrollo del PrSM Increment 4 forma parte de un cambio más amplio en la concepción estadounidense de la guerra en el Indo-Pacífico. Washington está tratando de aumentar el número de plataformas capaces de atacar buques chinos desde tierra y, al mismo tiempo, distribuirlas por una extensa red de islas y posiciones avanzadas.
La idea es crear una red de fuegos de precisión terrestres, navales y aéreos capaz de amenazar las rutas de aproximación de la Armada china y dificultar sus operaciones durante una eventual crisis en torno a Taiwán o en el mar de Filipinas.
Con un misil de más de 1.000 kilómetros de alcance, el HIMARS dejaría de ser únicamente un sistema de artillería de cohetes de largo alcance para convertirse en uno de los elementos de una arquitectura de negación marítima distribuida.
El arma busca, en definitiva, que una plataforma relativamente pequeña y móvil pueda poner en riesgo a buques de superficie situados a gran distancia.
Para el Ejército estadounidense, el reto ya no consiste únicamente en alcanzar objetivos terrestres en profundidad. El objetivo es poder detectar, seguir y atacar desde tierra a fuerzas navales en movimiento, integrando sensores, inteligencia y fuegos de precisión a lo largo de la primera cadena de islas del Pacífico.
