El teléfono no ha parado de sonarle a Alfredo Estirado (54), CEO de TRC, en las últimas 24 horas. Un día después de conocerse que Indra ha adquirido el 30% de la empresa que fundó a los 18 años, recibe a EL ESPAÑOL para brindar detalles sobre la operación, cuyas negociaciones, asegura, se han prolongado a lo largo del último año y medio.
"Esto empieza en tiempos de Ángel Escribano, ha sido un proceso lento", señala Estirado. "Se ha hecho una due diligence bastante estricta por parte de Indra, tanto de la parte financiera como legal y de recursos humanos, lo cual nos da tranquilidad, más siendo una empresa cotizada".
De hecho, el empresario afirma que durante todos estos meses el acuerdo estuvo a punto de naufragar en más de una oportunidad. "Sin ir más lejos, el viernes anterior", detalla.
Sorteado este último "malentendido entre las partes", a la primera persona que Estirado llamó el pasado miércoles para darle la noticia fue a su padre: "Papá, ha salido".
¿Quién gana más en esta operación?
Yo creo que ganamos los dos, suma por todos lados. Primero, en TRC tenemos el conocimiento y las capacidades, pero nos faltaba un volumen como el que tiene Indra para poder seguir escalando con lo que hemos hecho hasta ahora a pequeña escala. A su vez, Indra, que ha hecho una inversión muy fuerte en IndraMind, consigue complementar lo que ellos ya tienen.
Es un paso que tiene todo el sentido del mundo. Una empresa con mucho conocimiento y un producto bueno, pero menos capacidades financieras, lo mete en una plataforma generada por Indra, que también es buena.
El acuerdo alcanzado ahora es por el 30% de TRC, pero durante los próximos dos años la idea es llegar al 100%...
Dependerá de la necesidad que tengan de integrar los negocios y la facilidad que haya para hacerlo. Por eso se hace una inversión inicial del 30% para empezar a consolidar la actividad y los negocios para, cuando estemos preparados, hacer ya la integración del 100%.
¿Durante este periodo TRC mantendrá su autonomía?
TRC sigue siendo una empresa autónoma, con una participación de un socio importante que nos va a apoyar en el alcance de los proyectos.
¿Y cuando se llegue finalmente al 100%?
Pues me jubilarán... Bueno, no, de hecho me hacen quedarme un par de años o tres, no me acuerdo. Fuera de bromas, será fenomenal porque significará que hemos conseguido que los negocios estén 100% integrados.
¿Era inevitable que TRC terminara siendo comprada por algún gigante del sector?
TRC estaba en una ratio de crecimiento altísimo con unos flujos de caja muy solventes. Éramos un caramelo porque teníamos una plataforma que solo había que escalar y la capacidad de escalar se podía hacer con el tiempo y era mucho más fácil que fuera integrada en una plataforma mayor.
¿Habéis tenido otras ofertas?
Hemos tenido muchísimas propuestas de varias empresas internacionales que querían comprarnos y, de alguna manera, me siento orgulloso de que no hayamos tenido que vender a un tercer país o a un fondo de inversión.
¿Cuáles eran esas otras ofertas?
Hemos tenido de un grupo francés, de un grupo americano y muchos fondos de inversión, como JP Morgan, por ejemplo. Hubo un momento en el que teníamos como 25 propuestas sobre la mesa.
Personalmente, quería que fuera un socio industrial, no un socio financiero, y que fuera 100% español porque, al final, todos lo hemos creado aquí. El concepto de soberanía tecnológica empieza porque las empresas nos pongamos de acuerdo, de no ser así el conocimiento se nos va con las patentes.
Hemos capitalizado todo lo que se ha generado en España, con recursos humanos españoles, en una empresa nacional. Y eso me gusta.
Alfredo Estirado, CEO de TRC
¿Cree que el mercado español está madurando en ese sentido?
Yo creo que la soga ahoga. Sí, el sentido común se está imponiendo y espero que haya más casos como este. No sé si con Indra o con quien sea, pero, de lo contrario, la microempresa no va a poder luchar en un mercado tan globalizado, especialmente con los fondos viniendo de Europa.
Si ya nos costaba luchar en los programas aquí, en España, imagínate si nos vamos a un programa europeo...
¿TRC tendrá ahora mayores posibilidades a la hora de optar a proyectos públicos, ya sean nacionales o europeos?
Claro. Se nos abren unas oportunidades que antes no teníamos y, si en algún momento, nuestros clientes, que nos han visto hacer bien las cosas, podían cuestionarse nuestras capacidades de escalar, con Indra como socio es muy fácil justificar ahora que esa escalabilidad sí la tenemos.
¿Cuáles son los proyectos que tiene con TRC antes de que se complete la venta a Indra?
Mi sueño sería haber rematado el proyecto de TRC, llevarlo a su máxima escala. Ver que todo lo que hemos parido con mucho esfuerzo se convierte en una realidad, que se vende en España y, si es posible, fuera también.
¿Es este el desenlace natural de toda esta aventura?
Creo que sí. Estoy muy contento y, al mismo tiempo, siento que pierdo un niño. Yo monté esta empresa con 18 años y ha sido la relación más larga que he tenido en mi vida, 37 años. Uno tiene sentimientos contradictorios, pero yo sí sé que lo natural es que esta empresa termine.
Además, es una forma de terminar bastante normal, integrándose en otra más grande. A mí me parece un final feliz.
¿Se ve dentro de Indra?
Si me dejan hacer lo que sé hacer... Por eso me llamaba mucho más la atención que fuera un socio industrial, porque hay proyectos y cosas que hacer. Indra tiene un reto muy grande por delante ahora.
A mí lo que me va a costar es ponerme chaqueta y corbata.
