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LO ESENCIAL
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Desde hace unos pocos años, el espacio ha pasado de ser un dominio secundario a uno de los más importantes dentro de las operaciones militares. Es además, el más opaco de todos y el que más ha acelerado su expansión con tecnologías que, en muchos casos, se mantienen bajo el más absoluto de los secretos.

Las grandes potencias espaciales del planeta libran una carrera silenciosa bajo una premisa muy clara: quien domina la órbita terrestre, también domina la seguridad de la Tierra. Sin embargo, "el espacio es una especie de Wild Wild West porque ni está controlado ni tiene fronteras", ha explicado Álvaro Sánchez, CEO de Integrasys, a EL ESPAÑOL.

Conscientes de esta vulnerabilidad, quince países miembros de la Unión Europea —entre los que se encuentra España— firmaron el pasado 25 de septiembre un acuerdo para permitir que las fuerzas armadas accedan y compartan datos sobre objetos y actividades en órbita.

La iniciativa, según han explicado desde la Agencia Europea de Defensa (EDA), busca crear un mecanismo común de Space Domain Awareness (SDA) dotado con un presupuesto de 50 millones de euros que pretende alcanzar su capacidad operativa inicial para 2029.

El objetivo detrás de este nuevo programa es eliminar la dependencia prácticamente exclusiva de los sistemas de vigilancia e inteligencia espacial de Estados Unidos o de los proveedores comerciales privados.

Esta falta de regulación y supervisión efectiva se traduce en un incremento constante de incidentes hostiles, lo que ha llevado a las grandes potencias espaciales a equipar con armas sus satélites.

En órbita ya se han visto algunos ataques que parecen premeditados, como jamming, spoofing o el empleo de láser. "Hay muchas capacidades que hacen que se degraden o se pierdan satélites", explica Sánchez.

Inteligencia orbital

Dentro de este marco de amenazas difusas, el programa de la EDA busca recopilar y unificar una imagen orbital reconocida y compartida por todos los países que tienen —o tendrán— esta capacidad.

Sin embargo, recopilar datos orbitales desde telescopios terrestres resulta insuficiente ante satélites que maniobran para acosar a otros o rastrear activos clave. Es en este ámbito donde la tecnología industrial avanzada es diferenciadora.

La conciencia del dominio espacial más a la vanguardia requiere mirar mucho más de cerca. Una de las técnicas más avanzadas en el ramo es el denominado Non-Earth Imaging, que consiste en reorientar las cámaras de un satélite de observación de la Tierra hacia otro satélite que comparte su misma órbita.

"Si uso un satélite de observación terrestre y lo apunto a otro satélite para sacarle una imagen, lo vas a tener mucho más cerca que con un telescopio terrestre", explica Álvaro Sánchez.

A esta técnica se le suma la inteligencia artificial con el objetivo de caracterizar los componentes. Gracias a algoritmos avanzados integrados en las plataformas, el software analiza la estructura del objetivo para determinar qué carga útil lleva a bordo y qué intenciones persigue.

Aunque el verdadero salto cualitativo de la inteligencia espacial radica en la integración multisensorial.

Para disponer de una conciencia situacional plena no basta con realizar fotografías; es igualmente imprescindible analizar qué datos emite y cómo se comunica el satélite a estudio.

Álvaro Sánchez recurre para este caso a una analogía sobre cómo debe estructurarse el Space Domain Awareness: "La IA sobre la imagen es como el ojo, que identifica lo que hay, mientras que la inteligencia de señales es el oído".

"Si combinas ambas fuentes de información entiendes qué hay y qué hace", afirma. Esta fusión de información desde el espacio permite determinar si un satélite no identificado es una plataforma inofensiva o, por el contrario, se trata de un sistema de espionaje en una maniobra de acercamiento orbital.

Soberanía estratégica

La iniciativa de la EDA llega, además, en un momento crítico para los países de la Unión Europea.

Hasta la fecha, únicamente potencias espaciales de primer orden como España, Francia, Alemania o Italia disponen de acceso a datos de inteligencia espacial, mientras que la mayoría de los socios comunitarios operaban condicionados por información de terceros.

La hoja de ruta marcada por la EDA para garantizar la preparación de la defensa en 2030 exige que Europa también proteja de forma autónoma sus activos espaciales, valorados en miles de millones de euros y vitales tanto para la vida diaria de los ciudadanos como para las operaciones militares modernas.

"Debemos proteger nuestros activos espaciales más de lo que hacemos", ha concluido Álvaro Sánchez.