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El colapso presupuestario y operativo de la truncada clase Constellation dejó una herida profunda en la planificación estratégica de la Marina de los Estados Unidos (US Navy).

Diseñado originalmente como un programa ágil para dotar a la flota de superficie de hasta una veintena de fragatas de misiles guiados de coste moderado, el proyecto acabó devorado por la burocracia técnica, la sobreingeniería y una parálisis en la cadena de suministros que disparó los costes por unidad por encima de los 1.500 millones de dólares (1.324 millones de euros) y acumuló retrasos de casi cuatro años.

La decisión del Pentágono de rescindir los contratos de producción, en noviembre de 2025, para limitar los daños marcó uno de los episodios más amargos en la historia reciente de los proyectos de adquisiciones militares en Washington.

De esta manera, ante la urgencia de mantener una masa crítica de buques frente al auge de competidores globales como China, la Casa Blanca -bajo la administración Trump- y la cúpula de la US Navy han iniciado un agresivo proceso de revisión estratégica.

La ineficacia crónica de su industria naval ha llevado al Gobierno estadounidense a considerar la adquisición de buques diseñados e incluso construidos en el extranjero para acelerar la expansión de su propia flota.

Diseños consolidados de aliados internacionales como la clase Mogami de Japón, la clase Chungnam de Corea del Sur o la clase Istanbul de Turquía forman parte de los análisis que el Pentágono contempla en su informe de alternativas de combate de superficie.

Para Fincantieri Marine Group, la filial estadounidense del gigante naval italiano responsable de la frustrada clase Constellation, este escenario supone la oportunidad perfecta para una sonora revancha comercial y tecnológica.

El fracaso del programa Constellation se debió, en gran medida, a la desnaturalización del objetivo inicial, que no era otro que desarrollar buques en base al diseño de una plataforma madura, probada y en producción activa: la fragata multipropósito franco-italiana FREMM.

No obstante, las demandas de la US Navy para adaptar el diseño a más de 500 requisitos de supervivencia, resistencia a explosiones y la integración forzada de sistemas de combate locales redujeron la comunalidad con las FREMM originales a un raquítico 15%.

Fragata Luigi Rizzo, clase Fremm Matteo Rizzi

Aquella acumulación de modificaciones alteró la arquitectura naval, añadió cientos de toneladas no planificadas al casco y desbarató la viabilidad constructiva en los astilleros que la empresa semipública italiana posee en el Estado de Wisconsin.

Ahora, con la US Navy evaluando opciones para un nuevo programa de fragatas, Fincantieri busca reinstalar la plataforma FREMM en el centro del debate, pero esta vez con una condición indispensable: la disciplina en el diseño.

La FREMM EVO

La dirección del grupo sostiene que la infraestructura creada y las inversiones multimillonarias realizadas en suelo estadounidense no deben descartarse, sino reorientarse hacia la versión más avanzada del buque, la denominada FREMM EVO, minimizando las intervenciones técnicas que descarrilaron el intento anterior.

En palabras de George Moutafis, director ejecutivo de Fincantieri Marine Group, la clave del éxito en esta nueva etapa reside en evitar la tentación de modificar radicalmente lo que ya funciona en la mar.

"En este momento, la Navy y la Administración podrían entablar el diálogo adecuado con nosotros para planificar el desarrollo de manera que permita una rápida puesta en marcha y una construcción ágil, sin que las complicaciones del diseño se interpongan", ha afirmado el directivo a USNI News.

"Acepten el diseño actual, que funciona bien, y comiencen a trabajar en él para que las unidades estén disponibles para la flota”, ha dicho Moutafis sin tapujos.

Fragata FREMM de Italia Marina Militare

Según Fincantieri, la cadena de suministro que el grupo construyó a un elevado coste durante el proyecto Constellation podría aplicarse al diseño FREMM EVO con pocas modificaciones para evitar los cambios de diseño que llevaron a la cancelación del programa anterior.

Este factor industrial pretende posicionar al astillero italiano como la alternativa más rápida para la base industrial de EEUU, en un momento donde construir desde cero supone un riesgo inasumible.

Presentada formalmente en 2024 con encargos iniciales por parte de la Marina Militare de Italia y acuerdos posteriores de exportación por tres unidades para Portugal, la FREMM EVO representa un salto cualitativo en la guerra naval moderna.

Con una eslora de casi 144 metros y un desplazamiento de 6.500 toneladas a plena carga, la nave mantiene las dimensiones del casco original pero integra mejoras críticas en la superestructura y en su arquitectura sensorial.

El elemento diferenciador de la plataforma EVO radica en el radar de doble banda Leonardo Kronos DBR, un sistema que combina antenas de barrido electrónico activo AESA en bandas C y X. Esta integración ofrece una fusión de datos de alta precisión para el seguimiento simultáneo de múltiples amenazas, incluyendo capacidades de defensa contra misiles balísticos en su fase terminal mediante interceptores Aster 30.

A este equipamiento de detección y al armamento convencional de cañones, torpedos y celdas de lanzamiento vertical Sylver, se le añade un novedoso conjunto modular específicamente desarrollado para la guerra antidrones, gestionado a través de algoritmos de inteligencia artificial capaces de neutralizar enjambres no tripulados.

Para Fincantieri, la FREMM EVO representa la convergencia entre una plataforma madura ya probada en operaciones reales y una actualización tecnológica alineada con las amenazas emergentes del siglo XXI. La incógnita estriba en saber si la Casa Blanca, golpeada por el fiasco del programa cancelado, estará dispuesta a conceder una segunda oportunidad al diseño europeo.