La arquitectura de seguridad en el Indo-Pacífico atraviesa una metamorfosis sin precedentes impulsada por la necesidad imperiosa de contrarrestar la veloz expansión naval de China. En este contexto, la cooperación entre las principales democracias de la región se ha consolidado con la materialización de uno de los acuerdos de defensa más significativos de las últimas décadas: la construcción de fragatas japonesas de la clase Mogami para la Marina Real Australiana.
Tras una reunión bilateral celebrada en Canberra entre el ministro de Industria de Defensa australiano, Pat Conroy, y autoridades japonesas se confirmó el inicio de los trabajos sobre el primero de un total de 11 buques en territorio nipón, según ha publicado el medio especializado Australia Defence Magazine.
Paralelamente, los equipos técnicos de ambos países trabajan en la compleja transferencia industrial que permitirá, en una fase posterior, trasladar la producción completa de estas unidades de última generación a astilleros australianos.
Esta iniciativa se enmarca dentro del denominado Project Sea 3000, el plan maestro del Ministerio de Defensa de Australia para modernizar las capacidades navales del país. Según el cronograma oficial establecido, los tres primeros buques de la serie se construirán íntegramente en el histórico astillero naval de Mitsubishi Heavy Industries, en Nagasaki, instalación de referencia global en ingeniería naval pesada.
La entrega de la primera fragata a la Marina Real Australiana está prevista para 2029, mientras que su entrada en servicio activo se producirá un año después. La secuencia de fabricación continuará de forma gradual en las instalaciones japonesas hasta la puesta en marcha del tercer buque, en 2034.
La segunda fase del proyecto supone un salto cualitativo para la base industrial de defensa australiana. A principios de la próxima década, el astillero local Austal asumirá la construcción en suelo australiano de las siete fragatas restantes de la clase Mogami, garantizando así la soberanía tecnológica del país y la generación de empleo cualificado en el sector marítimo militar.
Se prevé que este programa de construcción naval implique un desembolso de 20.000 millones de dólares australianos (12.400 millones de euros) durante la próxima década, el doble de la cantidad presupuestada por Canberra hace dos años.
Los buques japoneses
La elección de la clase Mogami por parte de Canberra responde a la indudable superioridad técnica que caracteriza a estos buques de diseño japonés. A diferencia de las plataformas navales tradicionales, caracterizadas por requerir tripulaciones muy numerosas, las fragatas Mogami destacan por una concepción moderna y extremadamente eficiente.
Están concebidas para operar en entornos de alta amenaza con una dotación de personal de apenas 90 marineros, lo que supone casi la mitad del contingente habitual en embarcaciones de tonelaje equivalente (4.800 toneladas).
Ilustración de una fragata de la clase Mogami mejorada (i) y otra de la clase Mogami original.
Esta drástica reducción del factor humano se logra gracias a la incorporación de un puente de mando circular hipertecnológico y a la integración de sistemas automatizados avanzados capaces de gestionar de forma autónoma la navegación, la lucha contra minas y las complejas operaciones de combate antisubmarino.
La supervivencia operacional de estas naves radica asimismo en las propiedades de sigilo de su estructura externa. El casco ha sido diseñado meticulosamente con líneas angulosas enfocadas a minimizar la firma de radar, otorgando al buque una capacidad furtiva crucial para operar con garantías dentro del radio de alcance de los misiles antibuque chinos.
Además, la autonomía del buque resulta idónea para la inmensidad del teatro de operaciones del océano Pacífico, ya que puede alcanzar hasta 10.000 millas náuticas (18.500 kilómetros) a una velocidad superior a los 30 nudos. Estas prestaciones convierten a la Mogami en una plataforma idónea para patrullar y garantizar la seguridad de las rutas comerciales marítimas vitales para la economía global.
Para Pekín, la consolidación de una flota conformada por fragatas furtivas de alta tecnología operadas de manera coordinada por una coalición de naciones aliadas representa un obstáculo de primera magnitud para sus pretensiones de dominación marítima.
La amenaza para las ambiciones chinas no proviene únicamente de la notable potencia de fuego individual de cada Mogami, la cual integra avanzados lanzadores verticales de misiles y sistemas de defensa aérea de última generación, sino sobre todo de la densa red de inteligencia, detección temprana y logística compartida que estas sofisticadas plataformas permiten articular en todo el Indo-Pacífico.
