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Las claves

Europa quiere acelerar el desarrollo de sus capacidades espaciales para reducir la distancia frente a Estados Unidos y China y, especialmente, frente a Starlink, la constelación de satélites de SpaceX, del magnate Elon Musk, que se ha convertido en una referencia mundial en las comunicaciones desde la órbita baja.

La Cumbre Espacial Internacional celebrada esta semana en París ha puesto de manifiesto que esta brecha ya no es únicamente tecnológica o industrial. También afecta a la seguridad y la autonomía estratégica europea, especialmente después de que la guerra de Ucrania haya demostrado el valor de las comunicaciones por satélite en un conflicto.

El director general de la Agencia Espacial Europea (ESA), Josef Aschbacher, ha resumido el desafío con una advertencia: “La dependencia tiene un coste”. Europa “no parte de cero”, pero la brecha con los líderes mundiales del sector espacial “se está ampliando, tanto financiera como tecnológicamente”.

Starlink ilustra claramente esa dependencia: la red de satélites en órbita baja de SpaceX se ha vuelto estratégica, como mostró su uso en Ucrania, pero también reveló los riesgos de depender de infraestructuras controladas por una empresa privada estadounidense.

En septiembre de 2022, durante una contraofensiva ucraniana, Elon Musk ordenó, según Reuters, desconectar Starlink en determinadas zonas del frente, provocando problemas de comunicaciones que afectaron a drones y unidades de artillería.

El episodio evidenció hasta qué punto una capacidad crítica para las operaciones militares podía quedar condicionada por la decisión de una compañía privada. Un episodio que se ha repetido en otras ocasiones en Ucrania y en otros puntos del planeta.

Algo que también quedó patente en mayo de 2026, durante la guerra contra Irán, cuando SpaceX exigió al Pentágono pagar más por Starlink, la red empleada por los los drones suicidas LUCAS.

Pedro Duque, presidente de Hispasat y primer astronauta español, reconocía estos días en París la dificultad de competir con SpaceX. “Es muy difícil competir”, admite, en referencia a Starlink, que ha contado con una enorme inversión pública y privada y con años de desarrollo tecnológico para desplegar una gran constelación de satélites.

Europa busca cerrar esa brecha con IRIS², su futura constelación de comunicaciones seguras. La UE ha decidido ampliar el proyecto a más de 350 satélites, con los primeros lanzamientos previstos a partir de 2029, y orientará la infraestructura inicialmente a gobiernos, fuerzas de seguridad y otros servicios estratégicos.

“Para eso sí que va a servir el IRIS²”, explica Duque. La prioridad es contar primero con capacidad propia antes de plantearse competir en el mercado comercial. “Una vez que aprendamos a hacer eso, quizás inventemos algo mejor que ellos. Vamos a ver, pero hay que empezar por algo”.

El espacio entra en la agenda

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha reclamado también en Cumbre Espacial Internacional “invertir a gran escala” para evitar que Europa pierda terreno en un sector que considera decisivo para su economía y su seguridad.

Y ha recordado que la Comisión ha propuesto destinar 131.000 millones de euros a defensa, seguridad y espacio dentro del próximo presupuesto europeo a largo plazo, cinco veces más que la financiación disponible actualmente. Asimismo, plantea movilizar 2.000 millones de euros de capital riesgo para empresas espaciales europeas.

Ursula von der Leyen en la Cumbre Espacial Internacional. Comisión Europea (CE)

Von der Leyen utilizó precisamente la experiencia de Ucrania para justificar este esfuerzo. “Como hemos visto con la guerra en Ucrania, lo que ocurre en la órbita baja es un elemento clave para nuestra seguridad”, afirmó.

Las amenazas tampoco se limitan a las comunicaciones. La presidenta de la Comisión citó interferencias y falsificaciones de señales de navegación, ciberataques contra redes de satélites y drones que utilizan tecnologías dependientes de la navegación espacial.

Y subrayó algo que es de vital importancia, “Nuestra seguridad en la Tierra depende cada vez más de nuestra seguridad en el espacio”.

En paralelo, Bruselas impulsa el denominado Escudo Espacial Europeo, destinado a reforzar la protección frente a interferencias y suplantaciones de señales y a cubrir carencias en ámbitos como la alerta temprana y la protección de satélites.

“Ningún Estado miembro puede desarrollar estas capacidades por sí solo. Pero juntos, Europa tiene la dimensión necesaria para hacerlo”, defendió Von der Leyen.

"La Europa del espacio es débil"

El presidente francés, Emmanuel Macron, fue igualmente contundente al valorar la posición europea en la inauguración de la citada Cumbre celebrada en París: "La Europa del espacio sigue débil".

Macron reclamó acelerar las inversiones y generar una demanda suficiente que permita a la industria europea acometer proyectos de gran escala. “Europa no puede invertir miles de millones en sus cohetes y luego comprar sus lanzamientos a cuentagotas”, afirmó.

"Sin que construyamos nuestra competitividad [europea], no tenemos ninguna oportunidad", advirtió.

El director general de la Agencia Espacial Europea (ESA), Josef Aschbacher, aseguraba en esa misma inauguración que Europa necesita invertir 10.000 millones de euros durante diez años para avanzar hacia una mayor independencia espacial. La ESA estima que serían necesarios unos 1.000 millones de euros anuales durante una década.

El director general de la Agencia Espacial Europea (ESA, en inglés), Josef Aschbacher. EFE/ ESA

No realizar ese esfuerzo también tendría un coste. Según Aschbacher, alrededor de 5.000 millones de euros en diez años se destinarían a comprar vuelos a proveedores extranjeros y quedarían sujetos a autorizaciones para operar fuera del control europeo.

Y planteó un pregunta incómoda a los ministros europeos de Defensa asistentes al evento: “¿Seremos pasajeros o pilotos?”.

La industria reclama 60.000 M

La presión para aumentar el esfuerzo financiero también procede de la industria. Las asociaciones aeroespaciales y de defensa de Francia, Alemania e Italia —GIFAS, BDLI y AIAD— han reclamado conjuntamente que el espacio sea reconocido como una infraestructura crítica y un pilar de la soberanía europea.

Las tres organizaciones piden al menos 60.000 millones de euros para el componente espacial del Fondo Europeo para la Competitividad, destinados tanto a los grandes programas como a la cadena industrial que los sostiene.

También defienden una preferencia europea para las tecnologías y actividades críticas vinculadas a la autonomía estratégica, aunque sin cerrar la puerta a cooperar con socios fiables de terceros países cuando esa colaboración refuerce las capacidades europeas, la interoperabilidad o la seguridad de suministro.

La batalla que afronta Europa no consiste simplemente en construir más satélites. Se trata de controlar las capacidades espaciales esenciales para su seguridad, desde las comunicaciones y la navegación hasta la protección de satélites y el acceso independiente al espacio.

Starlink ha demostrado la ventaja que proporciona una constelación de órbita baja desplegada a gran escala. Europa trata ahora de construir capacidades propias que reduzcan esa vulnerabilidad y le permitan mantener el control sobre sus comunicaciones estratégicas.

El desafío, en definitiva, es convertir la inversión espacial en autonomía tecnológica y capacidad estratégica. Porque, como advirtió Aschbacher, “la dependencia tiene un coste”.