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Las claves

El espacio aéreo sobre la región de Kursk, zona fronteriza que se ha convertido en uno de los puntos más convulsos en el conflicto entre Rusia y Ucrania, ha sido el escenario de un grave incidente que vuelve a poner en entredicho a las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia. Dos cazas Su-35S, considerados la columna vertebral de la aviación de combate de vanguardia de Moscú, han colisionado entre sí mientras realizaban maniobras a gran altura.

Hasta el momento, ni las autoridades rusas ni ucranianas han brindado una explicación oficial sobre este suceso, que tuvo lugar el pasado lunes. Los primeros datos sobre el mismo han sido compartidos a través de canales especializados en Telegram vinculados al ámbito militar ruso. Según la información, uno de los pilotos perdió la vida mientras que el segundo logró eyectarse y sobrevivir.

A lo largo de toda la guerra, la flota táctica rusa ha sufrido un desgaste severo y constante. El Su-35S, una evolución de generación 4+ del histórico diseño soviético Su-27, representa uno de los activos más valiosos del Kremlin.

Con capacidad para desempeñar misiones tanto de superioridad aérea como de ataque a tierra, estos aviones son habitualmente desplegados para escoltar a los cazabombarderos Su-34, interceptar misiles y aeronaves no tripuladas, o neutralizar los sistemas de defensa antiaérea enemigos.

La colisión sufrida en Kursk incrementa el cómputo de bajas de este modelo específico a una cifra que ya alcanza la decena desde febrero de 2022, habiéndose producido estas pérdidas por una combinación de fuego enemigo, incidentes mecánicos y fatales errores de fuego amigo.

Caza Su-35 ruso Sputnik

La región de Kursk ha intensificado su peligrosidad para los aparatos rusos desde la incursión transfronteriza efectuada por las fuerzas ucranianas a finales del verano de 2024.

A este entorno hostil se suma el historial de fallos propios registrados a lo largo de la contienda, donde analistas independientes han documentado episodios en los que las defensas antiaéreas rusas derribaron por error sus propios cazas en frentes como Zaporiyia, además de casos donde fallos de navegación vinculados a la cartografía militar condujeron a pilotos a zonas de alto riesgo.

Aunque resulta prematuro adjudicar el choque a un factor único antes de que concluyan los peritajes correspondientes, la colisión entre dos plataformas tan avanzadas evidencia que la tecnología de vanguardia sigue estando supeditada a la precisión humana y a la correcta coordinación espacial.

En operaciones de combate, la pérdida de separación visual, los fallos en las líneas de comunicación o la simple fatiga de los tripulantes pueden desencadenar desenlaces nefastos.

Esta pérdida resulta especialmente dolorosa para el mando ruso si se tiene en cuenta la dinámica de reabastecimiento de su flota. Apenas unos días antes de la colisión, la aviación rusa había recibido un nuevo lote de cazas Su-35S recién salidos de fábrica, los cuales formaban parte de un esfuerzo continuo por mantener la capacidad operativa frente a los retrasos productivos del modelo de quinta generación Su-57.

A pesar de los riesgos, los Su-35S han demostrado ser temibles en el combate aire-aire, acumulando numerosas victorias contra aeronaves de Kiev y participando recientemente en incursiones tácticas profundas dentro del territorio ucraniano.