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Las claves

El Reino Unido quiere recuperar músculo militar ante el deterioro del escenario de seguridad europeo, pero su Ejército afronta una paradoja: mientras Londres prepara un fuerte incremento del gasto en Defensa, algunas unidades están teniendo que reducir sus ejercicios por falta de fondos para mantener la actividad ordinaria.

Las unidades con base en Reino Unido que no están desplegadas ni preparándose para una misión concreta han recibido la orden de reducir o suspender determinados ejercicios colectivos considerados “no esenciales”. La medida afecta a algunas de las maniobras previstas para este año y permitirá ahorrar alrededor de 30 millones de libras, según adelantaban The Times y la BBC.

La decisión llega mientras el Gobierno británico trata de elevar progresivamente el presupuesto militar y alcanzar el 3% del PIB. El contraste evidencia una de las dificultades del actual proceso de rearme europeo: aumentar la inversión no garantiza que todas las necesidades de funcionamiento lleguen al mismo tiempo a las unidades.

Entre los ejercicios suspendidos figuran maniobras de gran entidad. Una de ellas debía reunir durante seis semanas al Royal Tank Regiment para realizar entrenamiento con fuego real en Gales. El ejercicio fue cancelado pocos días antes de su inicio.

También se ha suspendido otra maniobra que debía combinar carros de combate Challenger 2 y helicópteros de ataque Apache, mientras que parte de las actividades previstas para los reservistas se han visto igualmente afectadas.

El Challenger 2 durante una exhibición. Wikimedia Commons Omicrono

El recorte no supone, sin embargo, la paralización general del adiestramiento del Ejército británico. Las unidades desplegadas, en alerta, preparándose para una misión o integradas en fuerzas de reacción rápida mantienen sus programas de entrenamiento.

La medida se concentra en las unidades que permanecen en territorio británico sin un despliegue inmediato, cuyos ejercicios colectivos de mayor escala han pasado a un segundo plano para liberar recursos.

Fuentes militares citadas por los medios británicos han cuestionado la decisión y han advertido de sus consecuencias sobre la preparación de las tropas. Justin Maciejewski, director del National Army Museum, llegó a calificarla de “escándalo”, mientras que el exjefe del Ejército Patrick Sanders la describió como “increíblemente miope”.

El Ejército cambia sus prioridades

La respuesta del Ejército británico es que no existe un “parón general” del entrenamiento, sino una redistribución de los recursos disponibles hacia las capacidades consideradas prioritarias.

La guerra de Ucrania se encuentra en el centro de esta transformación. Londres está reforzando el adiestramiento relacionado con drones, sistemas antidron, guerra electrónica y nuevas formas de combate, al tiempo que revisa las necesidades de cada ejercicio antes de autorizar su financiación.

El conflicto ha demostrado la vulnerabilidad de las grandes concentraciones de tropas y vehículos ante drones, municiones merodeadoras, misiles y sistemas de vigilancia.

Para el Ejército británico, esto obliga a adaptar el entrenamiento a un campo de batalla donde cobran mayor importancia la dispersión, el camuflaje, la movilidad, la conciencia situacional y la capacidad para detectar y neutralizar amenazas aéreas no tripuladas.

Pero la adaptación tecnológica no elimina la necesidad de practicar operaciones convencionales a gran escala. Los carros de combate, helicópteros y demás sistemas requieren unidades capaces de integrarlos y emplearlos conjuntamente en escenarios complejos.

El Ejército asegura que está priorizando la actividad que contribuye directamente a la “preparación, capacidad de despliegue y eficacia operativa”. Además, el Ministerio de Defensa ha comprometido 2.000 millones de libras durante los próximos 15 años para transformar el entrenamiento de las Fuerzas Armadas.

Una situación incómoda

La tensión tiene una dimensión presupuestaria. El aumento del gasto anunciado por Londres está destinado en buena medida a nuevas capacidades y programas de adquisición, mientras que las partidas necesarias para sostener la actividad cotidiana —mantenimiento, combustible, munición, personal y ejercicios— continúan sometidas a presión.

La cuestión, por tanto, no es sólo cuánto gasta Reino Unido en Defensa, sino cómo distribuye ese dinero entre inversión y funcionamiento.

Fuentes militares citadas por The Times atribuyen directamente la suspensión de las maniobras a la falta de fondos para los costes ordinarios del Ejército. El diario señala además que los presupuestos destinados a los reservistas han sufrido un recorte del 10%.

El resultado es una situación incómoda: mientras el Gobierno anuncia nuevos programas de armamento y una profunda transformación de las Fuerzas Armadas, algunas unidades están reduciendo precisamente el entrenamiento que necesitan para sacar partido a esas capacidades.

El 3% como nuevo objetivo

Londres prevé elevar el gasto en Defensa hasta el 2,7% del PIB en 2027/28 y alcanzar el 3% en 2030. El Gobierno ha defendido que Reino Unido afronta el mayor incremento sostenido del gasto militar desde los años ochenta y que necesita recuperar capacidad ante un entorno internacional más peligroso.

El país también ha asumido el compromiso de avanzar hacia el 3,5% del PIB en 2035, en línea con el nuevo objetivo acordado por la OTAN.

Alcanzar el 3% en 2030 exigiría, según cálculos citados por Reuters, unos 17.300 millones de libras adicionales. Al mismo tiempo, el actual plan de inversiones militares presenta un déficit de alrededor de 4.700 millones.

Los conservadores reclaman acelerar el aumento del presupuesto hasta el 3% y han propuesto financiar parte de ese esfuerzo mediante recortes del gasto social. El debate sobre cómo sufragar el rearme se ha convertido así en uno de los principales asuntos de la política británica.

Un rearme a dos velocidades

La situación pone de manifiesto una dificultad que afecta también a otros ejércitos europeos: el rearme no consiste únicamente en comprar armas. Para convertir una inversión en capacidad militar hacen falta personal, mantenimiento, munición y, sobre todo, entrenamiento.

De ahí la preocupación expresada por antiguos mandos británicos. El coronel retirado Hamish de Bretón-Gordon ha advertido de que el entrenamiento constituye “la base de la capacidad militar”.

La paradoja británica es, por tanto, evidente. Londres prepara una nueva etapa de rearme, pero mientras llega el incremento presupuestario algunas unidades deben decidir qué ejercicios mantienen y cuáles pueden permitirse cancelar.

El verdadero desafío será conseguir que los nuevos recursos no sólo se traduzcan en más armas, sino también en tropas suficientemente adiestradas para utilizarlas.