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Las claves

Europa se ha lanzado al rearme. Los presupuestos de Defensa crecen, Bruselas ha puesto en marcha nuevos instrumentos financieros y la industria comienza a recuperar parte de la capacidad productiva perdida durante décadas. Pero el gran desafío no es ya cuánto dinero se destina a Defensa, sino cuánto de ese esfuerzo conseguirá convertirse en poder militar efectivo antes de 2030.

El Tribunal de Cuentas Europeo advierte de que la UE difícilmente alcanzará a tiempo el nivel de preparación militar que se ha fijado, debido a la fragmentación de capacidades nacionales, una cooperación todavía insuficiente, la falta de planificación común, los cuellos de botella industriales y la dependencia de proveedores no europeos.

La advertencia llega en pleno auge del gasto: los presupuestos nacionales de Defensa subieron de 262.000 millones de euros en 2022 a 343.000 millones en 2024, y se estima que alcanzarán los 454.000 millones en 2026; en términos reales, el gasto conjunto creció un 78,6% entre 2020 y 2025, pero el dinero por sí solo no resuelve las carencias acumuladas.

La guerra de Ucrania ha funcionado como una prueba de estrés para la Defensa europea. El conflicto de alta intensidad ha puesto de manifiesto unas reservas insuficientes de munición y misiles, una industria acostumbrada durante años a producir a bajo ritmo y unos plazos de fabricación demasiado largos para responder con rapidez a un escenario bélico.

El Tribunal señala que la Base Industrial y Tecnológica de la Defensa Europea (BITDE) se ha visto perjudicada por años de falta de inversión y por una cooperación insuficiente entre los Estados miembros.

No se trata únicamente de un problema generado por la invasión rusa. El informe sitúa parte de las raíces en décadas de bajo gasto, el denominado dividendo de la paz, y en la ausencia de una mayor cooperación europea.

Según sus cálculos, si los Estados miembros hubieran dedicado el 2% de su PIB a Defensa entre 2006 y 2020, el gasto acumulado habría sido 1,1 billones de euros superior. Además, el coste anual de la falta de una acción común europea se estima entre 18.000 y 57.000 millones de euros.

Batería Patriot Raytheon

Ucrania ha convertido esas deficiencias estructurales en una cuestión urgente. Las reservas europeas no fueron suficientes para atender siquiera las necesidades de apoyo a un socio inmerso en una guerra de alta intensidad, mientras la industria afrontaba una capacidad limitada para reponerlas.

El Tribunal subraya además que los largos plazos de fabricación dificultan recuperar rápidamente los arsenales.

Las capacidades que tardan años

El problema central que identifica el Tribunal es precisamente el desfase entre financiación y capacidad operativa.

Pese al incremento de los presupuestos y a los nuevos programas europeos, la institución advierte de que “alcanzar la preparación pertinente en materia de defensa de aquí a 2030 supone un reto”.

Entre las causas señala la insuficiente coordinación entre las distintas fuentes de financiación europeas y nacionales y la ausencia de un proceso de planificación eficaz “de arriba abajo”.

El resultado puede ser una inversión mayor sin que desaparezcan necesariamente las carencias. El informe alerta del riesgo de “inversiones fragmentadas, duplicidades y carencias persistentes en materia de capacidades”.

Y existe otro límite: el tiempo. “La asignación de financiación adicional no se traduce inmediatamente en la adquisición de capacidades operativas”, señala el Tribunal, porque desarrollar y producir nuevos sistemas requiere años.

A ello se añaden problemas muy concretos en las cadenas de suministro. La inflación puede reducir el impacto real de los presupuestos adicionales, mientras la falta de materiales, componentes esenciales y personal cualificado puede dificultar incluso la ejecución de los fondos disponibles.

La otra gran debilidad es la fragmentación. La industria europea continúa organizada en torno a mercados nacionales y los Estados miembros siguen realizando buena parte de sus adquisiciones de manera independiente.

En 2021, solo alrededor del 18% del equipamiento de Defensa se adquirió conjuntamente. En investigación y tecnología de Defensa, la cooperación apenas representó el 7% del gasto, frente a unos objetivos de referencia del 35% y el 20%, respectivamente.

El Tribunal describe una BITDE todavía muy fragmentada y dominada por “líderes nacionales”, que atienden principalmente a sus mercados domésticos.

La consecuencia es estratégica: mientras Europa aumenta el volumen de dinero destinado a Defensa, mantiene una estructura industrial y de adquisiciones que dificulta aprovechar economías de escala, reducir costes y desarrollar capacidades comunes.

Bruselas ha tratado de corregir esta situación. El Fondo Europeo de Defensa (FED) dispone de 7.300 millones de euros para 2021-2027 y ya había seleccionado 281 proyectos hasta abril de 2026.

El programa de apoyo a la producción de municiones cuenta además con 500 millones de euros y ha financiado proyectos relacionados con explosivos, pólvora, proyectiles, misiles y capacidades de ensayo.

La dependencia de EEUU

La fragmentación de la industria europea se ve agravada por su elevada dependencia de proveedores externos. Entre el inicio de la guerra de Ucrania y junio de 2023, el 78% de las adquisiciones de Defensa de los Estados miembros se realizaron fuera de la UE, y EEUU concentró el 63% de esas compras.

El informe advierte, además, de que los países europeos incrementaron sus adquisiciones estadounidenses tras el inicio del conflicto.

Los recientes conflictos en Oriente Próximo han añadido un nuevo elemento de incertidumbre: la capacidad de EEUU para atender con rapidez las necesidades de los Estados miembros y de Ucrania puede verse condicionada por la reducción de sus propios arsenales.

Esta situación podría empujar a la UE a reducir su dependencia de proveedores extracomunitarios, especialmente de los estadounidenses.

Fábrica de los F-35 Lockheed Martin

El dilema para Bruselas es complejo. Priorizar la industria europea permitiría reducir la dependencia exterior a medio y largo plazo, pero puede chocar con las necesidades operativas más inmediatas si las empresas de la UE no disponen de capacidad suficiente para entregar determinados sistemas en los plazos requeridos.

Europa afronta así un doble desafío: rearmarse con rapidez mientras reconstruye la capacidad industrial necesaria para sostener ese esfuerzo.

El reto de llegar a 2030

Europa ha dado un giro profundo desde 2022. Ha aumentado el gasto, ha creado nuevos instrumentos financieros y ha situado la preparación militar en el centro de su política de Defensa.

Entre 2021 y 2027 se han destinado 11.300 millones de euros a programas relacionados con Defensa, se han reasignado otros 20.600 millones procedentes de otros fondos y se han puesto hasta 150.000 millones en préstamos a disposición de los Estados miembros.

Pero el Tribunal de Cuentas Europeo advierte de que el desafío consiste ahora en convertir ese esfuerzo financiero en capacidades militares reales.

El problema no es únicamente fabricar más proyectiles. Europa necesita reconstruir cadenas industriales, asegurar suministros, acelerar adquisiciones, mejorar la movilidad militar, coordinar los programas nacionales y europeos y reducir dependencias críticas. Y debe hacerlo mientras mantiene el apoyo a Ucrania y afronta un entorno de seguridad mucho más exigente.

El propio marco europeo para 2030 establece que la preparación implica disponer de capacidades capaces de afrontar una guerra moderna y de una base industrial que permita contar con “innovación de vanguardia y una producción rápida y a gran escala en momentos críticos”.

Ahí está la verdadera carrera contra el reloj. Europa ya ha puesto más dinero sobre la mesa, pero todavía tiene que demostrar que puede convertirlo en poder militar. Y el diagnóstico del Tribunal de Cuentas apunta a que conseguirlo antes de 2030 será uno de los mayores desafíos estratégicos de la Unión.