Marruecos prepara la llegada de sus nuevos F-16C/D Block 72 con una pieza clave que no despegará de ninguna pista: dos simuladores de misión completa para entrenar a sus pilotos en escenarios de combate. Estados Unidos ha adjudicado a la compañía de origen canadiense CAE un contrato de hasta 42,1 millones de dólares para suministrar estos sistemas a la Real Fuerza Aérea de Marruecos.
La operación consolida, aún más, la alianza estratégica entre Rabat y Washington y reafirma una máxima de la geopolítica militar: comprar un caza avanzado no garantiza la superioridad aérea. Para traducir la tecnología en poder de combate real, resulta indispensable desplegar un ecosistema integral que combine instrucción, simulación, armamento, sostenimiento logístico e interoperabilidad.
Con ello, Rabat podrá ultimar la incorporación de sus 25 nuevos F-16C/D Block 72, de Lockheed Martin, adquiridos a Washington mediante un programa valorado en unos 3.787 millones de dólares.
Según Army Recognition, el acuerdo de los dos simuladores, anunciado el 31 de agosto, incluye trabajos en Arlington (Texas) y en la base aérea marroquí de Sidi Slimane hasta abril de 2029, con un compromiso inicial de 37,98 millones de dólares a través del programa de Ventas Militares al Extranjero (FMS) de EEUU.
Los simuladores de alta fidelidad desarrollados por CAE para el F-16 Block 72 —que incluyen sistemas visuales, estaciones de instrucción, repuestos y el visor de casco JHMCS II para la designación visual de blancos— acelerarán la transición de las tripulaciones y optimizarán el uso de las aeronaves.
Los simuladores permitirán adiestrar a los pilotos en escenarios complejos: gestión de sensores, respuesta a guerra electrónica, coordinación aire-aire y empleo de armas en ventanas de tiempo críticas.
Al asumir el adiestramiento inicial y de sistemas, permitirán reservar los cazas para entrenamiento avanzado y misiones operativas reales, reduciendo el desgaste y las horas de vuelo.
Igualmente, toda esta infraestructura permitirá a los pilotos marroquíes adiestrarse en combate BVR (más allá del alcance visual), ataques de precisión, combate multiamenaza y entornos disputados por guerra electrónica o defensas antiaéreas, optimizando costes y eliminando los riesgos del entrenamiento real.
El F-16 más avanzado de Marruecos
El Block 72 representa un salto tecnológico respecto a las versiones anteriores del F-16 operadas por Marruecos. El paquete estadounidense aprobado en 2019 incluía, además de los citados 25 cazas, 29 motores Pratt & Whitney F100-PW-229, 26 radares AN/APG-83 AESA, sistemas avanzados de guerra electrónica, pods de designación y reconocimiento y comunicaciones seguras.
Entre estos elementos destaca el radar AESA AN/APG-83, que mejora la detección y el seguimiento de objetivos y proporciona al piloto una imagen más completa del espacio aéreo.
El nuevo F-16 Block 70/72.
Combinado con el ordenador de misión, el sistema de designación montado en casco y el armamento de precisión, permite al F-16 enfrentarse a objetivos a mayores distancias y gestionar escenarios aéreos más complejos.
Los simuladores permitirán entrenar precisamente esa combinación de capacidades: gestionar múltiples contactos, interpretar las señales de los sensores, responder a amenazas electrónicas, coordinarse con otras aeronaves y emplear las armas en ventanas de tiempo muy reducidas.
Un vínculo que trasciende los cazas
El contrato de los simuladores de misión no solo facilita la entrada en servicio de los nuevos F-16 Block 72, sino que refuerza la alianza estratégica entre Washington y Rabat.
Este vínculo se cimentó en 2004 con la designación de Marruecos como Aliado Principal no perteneciente a la OTAN (MNNA), un estatus blindado tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca que agiliza el acceso del país africano a financiación, adiestramiento y tecnología militar de vanguardia estadounidense.
Desde entonces, las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos han avanzado en una modernización sostenida basada en buena medida en sistemas de origen estadounidense.
Además de su flota de F-16, cuya futura ampliación con aeronaves Block 72 reforzará la capacidad de combate de la Real Fuerza Aérea Marroquí, Rabat ha incorporado carros de combate M1A1 Abrams, helicópteros de ataque AH-64E Apache y lanzacohetes de alta movilidad HIMARS.
El tanque M1A1 Abrams
En conjunto, estas adquisiciones apuntan a mejorar la capacidad del país para ejecutar operaciones combinadas, desde la defensa aérea y el ataque de precisión hasta la maniobra terrestre, el apoyo aéreo cercano y la disuasión frente a amenazas regionales.
Esta cooperación bilateral trasciende la simple compra de armamento; se demuestra en el terreno mediante maniobras multinacionales como African Lion.
En este escenario, los dos nuevos simuladores son una inversión directa en disponibilidad operativa. Su integración acelerará la transición de los pilotos al estándar Block 72, homogeneizará procedimientos y elevará la complejidad del adiestramiento táctico sin disparar los costes ni el desgaste de horas de vuelo.
Para Rabat, el reto no es solo recibir cazas de última generación, sino transformarlos en poder militar efectivo y sostenido. Esta apuesta refuerza la interoperabilidad con Estados Unidos y sus aliados occidentales, apuntalando la proyección de seguridad marroquí en el Magreb, el Sahel y el flanco sur del Mediterráneo.
Músculo aéreo frente a Argelia
La modernización de la aviación de combate marroquí se enmarca en un Magreb marcado por la rivalidad estratégica entre Rabat y Argel. Argelia mantiene una importante flota aérea, sustentada principalmente en tecnología rusa y articulada en torno a más de siete decenas de cazas polivalentes Sukhoi Su-30MKA, de generación 4,5.
Este arsenal se complementa con interceptores ligeros MiG-29 en sus versiones modernizadas M/M2, bombarderos tácticos Su-24MK adaptados para misiones de ataque a tierra y la reciente incorporación de cazas de superioridad aérea Su-35S.
Este despliegue refleja la estrecha relación en materia de defensa entre Argel y Moscú, al tiempo que evidencia el salto cualitativo que busca Argelia. El país norteafricano mantiene además su interés en adquirir a medio o largo plazo el caza ruso de quinta generación Su-57.
Marruecos, por su parte, ha optado por profundizar su cooperación militar con Estados Unidos, Israel y otros socios occidentales.
En este escenario, la rivalidad no se mide solo por el número de aeronaves disponibles. La capacidad de los sensores, el empleo de armamento de precisión, la guerra electrónica y, sobre todo, el nivel de preparación de las tripulaciones pueden resultar determinantes para establecer la eficacia real de una fuerza aérea.
Los simuladores permiten repetir las misiones más exigentes sin consumir combustible, agotar la vida útil de los motores ni incrementar las necesidades de mantenimiento de los cazas. Para Marruecos, esta capacidad cobra especial relevancia ante la incorporación de los F-16 Block 72: sus pilotos deberán adaptarse a una plataforma sensiblemente más avanzada que las versiones actualmente en servicio.
