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Las claves

La avalancha migratoria de Ceuta del 30 y 31 de julio fue una operación planificada. Así lo revela un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía (CENIF), adelantado en exclusiva por EL ESPAÑOL, que atribuye a las fuerzas de seguridad marroquíes la organización y ejecución de la llegada de unas 72.000 personas como instrumento de presión contra España.

El documento, remitido a la juez de la Audiencia Nacional María Tardón y en poder de la Fiscalía, describe una actuación coordinada con participación de agentes marroquíes, uniformados y de paisano, en los momentos previos y durante la invasión en las costas ceutíes.

Expertos en inteligencia y seguridad consultados por EL ESPAÑOL encuadran el episodio en la guerra híbrida: la instrumentalización de flujos migratorios como arma geopolítica. Javier Valencia, de la Organización de Ciencia y Tecnología (STO) de la OTAN y del grupo de expertos del Departamento de Seguridad Nacional contra la desinformación, lo resume así: "Lanzar a la población como misiles humanos".

La expresión no pretende convertir a los migrantes en combatientes, sino describir el uso deliberado de grandes movimientos de población como vector de presión contra otro Estado. El objetivo es generar un impacto político, social y de seguridad considerable sin necesidad de recurrir directamente a la fuerza militar.

Además, sostiene que la finalidad migratoria habría sido la cobertura formal de una operación dirigida desde Marruecos. El documento de la (CENIF) incorpora imágenes y otros elementos de información para respaldar esta interpretación. Dando alas a la hipótesis de que fue un proceso planificado que tenía por objetivo violar la frontera española (y de la Unión Europea) bajo la apariencia de una crisis migratoria.

La doctrina internacional, incluida la OTAN, denomina "instrumentalización de la migración" al uso de personas como proyectiles en la guerra híbrida. En jerga estratégica, se las conoce como "armas de migración masiva" (Weapons of Mass Migration).

El concepto describe la manipulación deliberada de migrantes o refugiados como vector de presión cinética y psicológica: saturar fronteras, desestabilizar instituciones, polarizar sociedades y provocar parálisis estratégica sin disparar un solo proyectil. Algo que se ha visto, y se sigue observando, cada día, en Ceuta.

Un 'arma' de presión de bajo coste

El citado miembro de grupo de expertos del Departamento de Seguridad Nacional contra la desinformación explica que el control de los movimientos migratorios constituye una de las herramientas más eficaces dentro del repertorio de la guerra híbrida.

"Dentro de las distintas técnicas, tácticas y procedimientos que se utilizan en la guerra híbrida, una de las más importantes es el control de los movimientos migratorios", explica a EL ESPAÑOL.

El experto destaca el desequilibrio entre el coste de la operación para quien la impulsa y el impacto que puede provocar en el Estado objetivo. "Simplemente tiene que montar una campaña de desinformación y lanzar a la población como misiles humanos", "Sale muy barato", afirma.

Valencia recuerda que Rusia ha empleado mecanismos similares a través de Bielorrusia, en diferentes episodios de presión sobre las fronteras europeas. A su juicio, el caso de Ceuta presenta elementos comparables.

Aunque, a diferencia de estos movimientos, aquí, el 90% de los migrantes que entraron ilegalmente en España, abandonaron el país de forma voluntaria, algo que no suele ocurrir.

El principal problema en este tipo de operaciones es la "atribución". Identificar al Estado responsable y reunir pruebas suficientes para demostrar su implicación puede prolongar las investigaciones de los servicios de inteligencia.

Sin embargo, en el caso de Ceuta, Valencia considera que existen elementos especialmente significativos. "Todos hemos visto, en la comunidad de inteligencia, vídeos con camiones pasando por delante de personal de la Gendarmería y por ciudades que se encuentran a pocos kilómetros de Ceuta", señala.

También recuerda los acontecimientos de 2021, aunque entonces la magnitud de la entrada fue menor.

A su juicio, incluso los responsables de la operación pudieron verse sorprendidos por sus dimensiones: "Nadie, ni siquiera en Marruecos, pensaba que el éxito de esta operación iba a ser tan grande", sostiene.

Una guerra que no necesita tanques

David Ramírez, analista del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), dependiente del CESEDEN, recuerda que "la guerra híbrida no es un fenómeno nuevo", aunque sus métodos se han adaptado a las transformaciones de las sociedades actuales.

Los conflictos contemporáneos combinan cada vez más instrumentos militares y no militares. La desinformación, la presión económica, los ataques cibernéticos o la manipulación de los flujos migratorios pueden formar parte de una misma estrategia destinada a erosionar la capacidad de respuesta de un adversario.

"Las sensibilidades han cambiado", explica Ramírez, al referirse a las características de las sociedades occidentales y a la forma en que determinados actores pueden explotarlas.

El objetivo ya no tiene por qué ser ocupar inmediatamente un territorio. Puede consistir en desestabilizar, dividir y desgastar a la sociedad que se encuentra al otro lado de la frontera.

Presión estratégica contra España

En el caso de Ceuta, las conclusiones del CENIF plantean precisamente esa hipótesis: que una emergencia aparentemente migratoria pudiera haber sido utilizada como instrumento de presión estratégica contra España.

La diferencia es sustancial. Una crisis migratoria requiere una respuesta policial, humanitaria y administrativa. Una operación de instrumentalización exige además analizar quién la promueve, qué objetivos persigue y qué mecanismos deben activarse para impedir que vuelva a repetirse.

Porque en la guerra híbrida no siempre hace falta disparar un misil para atacar a un adversario. A veces basta con convertir una frontera, una crisis social o un movimiento de población en un arma de presión.