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Las claves

Reino Unido autoriza la desclasificación de planos y componentes del sistema de misiles franco-británico SCALP/Storm Shadow, una medida orientada a reducir la dependencia de Ucrania de los arsenales europeos y mantener la presión sobre objetivos estratégicos en Rusia. Londres y París trabajan ya con Kiev en la creación de una línea de producción del misil de crucero, que prevén poner en marcha antes de que finalice el año.

La iniciativa, avanzada por varios medios británicos, reforzaría la capacidad de Kiev para golpear en profundidad dentro de Rusia, pero también subraya una paradoja evidente de esta guerra: mientras Ucrania avanza hacia una mayor autonomía ofensiva, continúa dependiendo de Occidente —y en particular de Estados Unidos— para defender su territorio frente a los continuos ataques rusos.

La escasez de interceptores, sobre todo para las baterías Patriot, sigue siendo una de sus vulnerabilidades más críticas del gobierno de Zelenski, agravada durante los últimos meses por el desgaste de los arsenales occidentales, especialmente después de la guerra contra Irán, que obligó a EEUU y a sus aliados de Oriente Próximo a consumir grandes cantidades de misiles de defensa aérea.

La anunciada transferencia de tecnología militar británica supone un salto para la industria ucraniana y permite a Kiev avanzar hacia una mayor autonomía en la fabricación de misiles de largo alcance, tan necesarios para conseguir ataques más letales dentro de Rusia.

El misil SCALP/Storm Shadow, fabricado por MBDA, ya ha demostrado su capacidad en combate. En los últimos años, Ucrania ha empleado este tipo de misiles suministrados por sus socios occidentales contra objetivos rusos de alto valor, incluidos búnkeres y otras instalaciones fortificadas.

Tienen un alcance máximo de unos 550 kilómetros y puede transportar una cabeza de guerra de aproximadamente 400 kilos. Lanzado desde aviones Su-24 ucranianos o Mirage 2000, está diseñado para volar siguiendo el relieve del terreno, dificultando su detección e interceptación y permitiendo atacar instalaciones endurecidas.

"El misil SCALP/Storm Shadow franco-británico suministrado a Ucrania ha demostrado su eficacia en el combate moderno de alta intensidad, en situaciones decisivas", afirmó el ministro francés de Defensa, Sébastien Lecornu, cuando MBDA reactivó su producción.

El primer ministro británico, Andy Burnham, recibe del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, la distinción honorífica «Gratitud del pueblo ucraniano» durante la ceremonia conmemorativa del 35.º aniversario de la independencia de Ucrania, celebrada ante la catedral de Santa Sofía, en Kiev, el 24 de agosto de 2026. HENRY NICHOLLS Reuters

Aunque Londres ha autorizado la transferencia de tecnología, la fabricación a gran escala podría tardar varios años en alcanzar un ritmo elevado. No obstante, el primer ministro británico, Andy Burnham, aseguró que Londres respaldará a Kiev a largo plazo.

"El pueblo ucraniano no debe tener ninguna duda: el Reino Unido está a su lado hoy y lo estará durante todo el tiempo que sea necesario", declaró Burnham en un comunicado difundido el lunes para anunciar la cesión de tecnología de misiles británica.

"La seguridad de Ucrania es nuestra seguridad», añadió el primer ministro, que llegó este lunes a Kiev con motivo del Día de la Independencia de Ucrania, en su primer viaje al extranjero desde que asumió el cargo el 20 de julio.

Necesitan más interceptores

Aunque la situación de ataque ucraniano ha mejorado, su estrategia defensiva ha empeorado durante los últimos meses por el desgaste de los arsenales occidentales, especialmente después de la guerra contra Irán, que obligó a EEUU y a sus aliados de Oriente Próximo a consumir grandes cantidades de misiles de defensa aérea, convirtiendo cada interceptor en un recurso estratégico.

La escasez ha alcanzado un nivel crítico. Según el Financial Times, varias baterías ucranianas llegaron a quedarse sin interceptores durante las recientes oleadas de ataques rusos. En los bombardeos del 5 y el 8 de agosto, Ucrania no pudo interceptar ninguno de los misiles balísticos lanzados contra Kiev por falta de munición para los Patriot.

Sistemas Patriot entregados a Ucrania. Ministerio de Defensa de Alemania. Twitter

La dependencia de Washington resulta especialmente relevante porque Ucrania ha solicitado autorización para fabricar sus propios interceptores Patriot.

Donald Trump respaldó inicialmente esta posibilidad en julio, aunque posteriormente surgieron dudas sobre el alcance y los plazos del proyecto. Las negociaciones entre Washington y Kiev continúan y la autorización política todavía no se ha traducido en una producción operativa.

El problema es que fabricar un interceptor Patriot no es comparable a producir un dron de largo alcance. Se trata de una tecnología mucho más compleja, sometida a un estricto control estadounidense y con unos tiempos de producción elevados.

Un PAC-3 MSE, de Lockheed Martin tiene un plazo de fabricación aproximado de 24 meses de extremo a extremo.

Ante las presiones de Donald Trump a los productores de sistemas de defensa antiaéreas, la citada compañía anunció un acuerdo elevar en 2026 la capacidad desde unas 600 unidades anuales a 2.000, pero esa expansión es un objetivo de capacidad escalonado, no una disponibilidad inmediata de misiles.

Incluso si Washington termina dando luz verde definitiva al proyecto, Ucrania no dispondría de una producción masiva de interceptores de forma inmediata. De hecho, Kiev estima que necesitaría al menos 300 interceptores PAC-3 para afrontar con garantías la próxima campaña rusa contra sus infraestructuras durante el invierno.

Misil Patriot Departamento de Defensa de EEUU

Y ahí reside la paradoja: Kiev puede estar construyendo una industria capaz de golpear cada vez más lejos dentro de Rusia, pero sin suficientes interceptores occidentales corre el riesgo de no poder proteger aquello que necesita para seguir haciéndolo.

Ucrania necesita PAC-3 para los Patriot, misiles para los sistemas franco-italianos SAMP/T, interceptores para los alemanes IRIS-T, munición para NASAMS y también misiles para los veteranos Hawk.

El Ministerio de Defensa ucraniano ha incluido expresamente estas capacidades entre sus necesidades prioritarias, sin ellos, la ecuación defensiva difícilmente mejorará de forma sustancial.

A más largo plazo, Kiev participa en el desarrollo del Freyja, un proyecto europeo de defensa antimisiles concebido como una alternativa de menor coste y arquitectura abierta frente al Patriot. Ucrania aspira a tener un primer prototipo durante el primer semestre de 2027.

El Flamingo, la otra apuesta de Kiev

Ucrania intenta cubrir parte de esta brecha mediante el desarrollo de su propia industria de misiles. La empresa Fire Point ha desarrollado el FP-5 Flamingo, un misil de crucero con un alcance declarado de hasta 3.000 kilómetros. Se estima que la producción en territorio de Ucrania está en marcha a un ritmo de 210 unidades mensuales.

Este tipo de misiles fue empleado el pasado mes de mayo para destruir una fábrica militar de Rusia a 1.500 km de distancia, como confirmó el gobierno de Zelenski.

Si bien el Gobierno ucraniano no ha revelado oficialmente las especificaciones del Flamingo, su diseño recuerda al misil FP-5 presentado, en 2025, por la compañía británica Milanion. Cabe recordar que Reino Unido ha sido uno de los países que más material ha enviado a Ucrania desde el comienzo de la invasión de Rusia.

De hecho, esa estrecha relación diplomática entre Londres y Kiev también habría facilitado la transferencia de información y tecnología necesaria para fabricar estos misiles en suelo ucraniano.

El sistema representa la evolución de una estrategia destinada a llevar la guerra cada vez más lejos dentro de Rusia y obligar a Moscú a dispersar sus recursos de defensa aérea sobre un territorio gigantesco.

Misil Flamingo ZN

Pero esta capacidad ofensiva tampoco elimina la vulnerabilidad de Ucrania. Cuanto más lejos pueda golpear Kiev, más importante resulta que pueda proteger las fábricas, depósitos y centros desde los que salen esas armas.

Ahí vuelve a aparecer el Patriot.