Estados Unidos y Reino Unido se alistan para un singular experimento de guerra naval, un Sinkex: hundir una fragata de 4.200 toneladas para medir no solo la potencia de sus armas, sino cómo se propaga el daño en la estructura y qué ocurre con el casco durante el naufragio. O lo que es lo mismo, saber cómo "muere" un buque.
La prueba, enmarcada en el ejercicio Atlantic Thunder 26, prevista entre el 17 y el 21 de septiembre frente a la costa noroccidental de Escocia, permitirá correlacionar la secuencia exacta de impactos con el estado final de una fragata a escala real y obtener datos sobre uno de los grandes interrogantes del combate naval: cuánto daño resiste un buque antes de perder capacidad de combate, flotabilidad e integridad estructural.
Como blanco se ha seleccionado la USS Klakring (FFG-42), una fragata Oliver Hazard Perry de 138 m de eslora y 14 de manga, retirada en 2013. Será sometida a fuego real desde múltiples plataformas y, posteriormente, a una inspección submarina.
Pero el ejercicio no terminará cuando la fragata desaparezca bajo la superficie. La USS Klakring está destinada a reposar a más de 1.900 metros de profundidad, donde vehículos submarinos no tripulados (UUV) estudiarán el pecio mediante sistemas de alta resolución.
Su misión será reconstruir el estado final del casco, determinar su orientación y analizar los daños provocados por los impactos, la inundación progresiva, el descenso y el choque contra el fondo marino.
La USS Klakring pertenece a la variante de casco largo de la clase Oliver Hazard Perry.
El objetivo es convertir el hundimiento en un experimento destructivo controlado. Una fragata no se comporta como un blanco estático: dispone de numerosos compartimentos estancos, maquinaria, depósitos de combustible, espacios de munición, mamparos estructurales y una compleja red de sistemas.
Por ello, un impacto que provoque una perforación localizada no implica necesariamente el hundimiento inmediato. La clave está en determinar cómo se acumulan los daños y cuándo la pérdida de flotabilidad y de resistencia estructural se vuelve irreversible.
Diseñada para resistir impactos
La USS Klakring pertenece a la variante de casco largo de la clase Oliver Hazard Perry, desarrollada para operar con helicópteros SH-60B Seahawk. Contaba con dos hangares, un sistema RAST para asegurar y trasladar las aeronaves y una arquitectura interna densamente compartimentada.
Su propulsión estaba formada por dos turbinas de gas General Electric LM2500, con una potencia conjunta de unos 41.000 shp, que movían un único eje y una hélice de paso variable. El buque podía superar los 29 nudos.
La USS Klakring (FFG-42), 32. fragata de misiles guiados de la clase Oliver Hazard Perry construida para la Armada de EE UU, fue dada de alta el 20 de agosto de 1983 y retirada del servicio el 22 de marzo de 2013.
La clase ya ha demostrado su capacidad para sobrevivir a daños severos. La USS Stark permaneció a flote después de recibir dos misiles antibuque Exocet AM39 en 1987, aunque el ataque provocó 37 muertos.
Un año después, la USS Samuel B. Roberts resistió la explosión de una mina y consiguió mantenerse a flote tras dos días de lucha contra los incendios y las inundaciones.
Estos precedentes permiten entender el interés de la prueba. El hundimiento no depende únicamente de la potencia de un misil, sino de factores como el número de impactos, su localización, la distancia entre ellos y el orden en que se producen.
El ejercicio Atlantic Thunder 26 permitirá estudiar cómo una sucesión de daños puede terminar comprometiendo la estanqueidad, la reserva de flotabilidad y, finalmente, la estructura principal del casco.
Una segunda prueba con un casco similar
Las maniobras permitirán comparar resultados con Atlantic Thunder 22, cuando fue hundida la USS Boone (FFG-28), otra Oliver Hazard Perry.
Entonces, el blanco fue sometido a una combinación de ataques desde múltiples plataformas: misiles Martlet desde un helicóptero Wildcat de la Royal Navy, el último Harpoon disparado por el HMS Westminster, SM-6 desde el USS Arleigh Burke y bombas JDAM desde un F-15E Strike Eagle.
Sistema de misiles Martlet desde un helicóptero Wildcat de la Royal Navy
La elección de otra fragata de la misma familia facilita una comparación directa: casco, desplazamiento, manga, propulsión y gran parte de la arquitectura interna son similares, lo que permite aislar el efecto de las distintas combinaciones de armamento.
La USS Klakring conserva además las características estructurales de una plataforma de combate real.
Aunque los sistemas de la época, como el lanzador Mk 13 para SM-1MR y Harpoon, fueron retirados en la década de 2000, el buque mantiene espacios de antiguos pañoles, soportes, mamparos, canalizaciones y compartimentos de maquinaria.
Es decir, un escenario realista para estudiar la propagación de explosiones, fragmentos e inundaciones.
Drones submarinos para la "autopsia"
La fase más innovadora llegará tras el hundimiento. A más de 1.900 metros, los buceadores no podrán acceder al pecio: la inspección recaerá en UUV (drones) de larga autonomía y sistemas con IA, encargados de localizar el casco y escanear los restos.
Los equipos deberán determinar si la fragata reposa sobre su quilla, de costado o fragmentada, e identificar aberturas, planchas desgarradas, estructuras colapsadas y posibles fracturas principales.
La profundidad convierte la misión en un desafío tecnológico. Las comunicaciones acústicas submarinas tienen menor capacidad y mayor latencia que los enlaces de radio.
Los vehículos submarinos no tripulados procesarán la información de forma autónoma y almacenarán grandes volúmenes de imágenes antes de transmitirlas a superficie.
El análisis del pecio permitirá diferenciar los daños causados por los misiles de los producidos durante el hundimiento. Una explosión puede abrir compartimentos o debilitar la estructura, pero las cargas posteriores por flexión del casco, inundación, colapso interno o impacto contra el fondo pueden generar nuevas fracturas.
Un Sinkex va más allá de verificar si un misil alcanza el blanco: permite estudiar si el impacto queda confinado, si se rompen compartimentos estancos, cómo se propaga la inundación, cuándo la flotabilidad resulta insuficiente y cuándo los daños acumulados provocan el fallo estructural.
Antes de ser empleada como blanco, la USS Klakring será despojada de sustancias contaminantes como PCB, derivados del petróleo, mercurio y materiales fluorocarbonados.
