Las estratégicas aguas del mar de China Meridional han sido testigo de un episodio tan crítico como revelador sobre el estado actual de la flota de superficie de la Marina de Estados Unidos (US Navy) cuando el USS Benfold, un destructor de la emblemática clase Arleigh Burke, quedó completamente a la deriva en alta mar tras sufrir un colapso energético total en sus sistemas.
Pronto, lo que se suponía debía ser una navegación de rutina en una de las zonas de mayor tensión geopolítica del planeta, se transformó en una prueba de supervivencia extrema para su tripulación, que permaneció durante cuatro días privada de los servicios básicos más elementales en un entorno hostil.
La pérdida de potencia eléctrica no sólo inhabilitó la red general del buque, sino que interrumpió de forma drástica el funcionamiento de la planta potabilizadora, las cocinas, el sistema sanitario de los baños y el suministro de aire acondicionado.
Esta última carencia resultó especialmente severa dadas las sofocantes condiciones climáticas y la alta humedad que caracterizan al mar de China Meridional en pleno verano. En este contexto, la falta de ventilación convierte el interior blindado de estas embarcaciones en un auténtico horno de metal, multiplicando el agotamiento físico y mental de los marineros.
El incidente, que tuvo lugar a finales del pasado julio, fue confirmado por el alto mando de la US Navy esta semana. El comandante Matthew Comer, portavoz de la Séptima Flota de la US Navy, explicó al medio especializado Military Times que el destructor sufrió una "avería técnica" en sus generadores principales mientras ejecutaba operaciones rutinarias en la región.
Aunque Comer no especificó la posición exacta en la que el navío quedó inmovilizado, análisis de tráfico marítimo confirmaron que el evento tuvo lugar en pleno corazón del mar del sur de China, un espacio marítimo ampliamente vigilado por Washington, Pekín y otros actores regionales, como Filipinas y Vietnam.
Ante la imposibilidad de resolver el fallo electromecánico con los recursos propios de la nave, la estructura operativa de la Marina de EEUU tuvo que activar una compleja maniobra de asistencia logística: el USS Benfold dependió de manera crítica del auxilio prestado por el Grupo de Ataque del portaaviones USS George Washington, desplegado en la misma zona de operaciones.
USS Benfold
Entre las unidades de socorro destacó la intervención del crucero de misiles guiados de la clase Ticonderoga USS Robert Smalls, que asumió la responsabilidad de proveer alimentos cocinados y suministros de emergencia a la tripulación del destructor.
"La tripulación recibió apoyo directo de los buques del grupo de ataque mientras se encontraban en alta mar, y se hizo todo lo posible para garantizar que recibieran asistencia a su llegada a la bahía de Subic, en Filipinas", aseguró Comer.
La falla de ingeniería original se desencadenó el 24 de julio, según ha detallado posteriormente la US Navy. Tras 96 horas de parálisis, la Marina se vio obligada a recurrir al alquiler de remolcadores privados para arrastrar al buque de guerra hasta el archipiélago filipino.
A su llegada a puerto, una comitiva de especialistas y técnicos altamente cualificados procedentes del Centro Regional de Mantenimiento de la Instalación de Reparación Naval de la US Navy, con sede en Japón, aguardaba al barco para asumir las complejas tareas de reparación de los generadores inutilizados.
Destructor USS Benfold
Por su parte, la tripulación fue desembarcada y alojada en establecimientos privados en tierra firme.
Los trabajos permitieron que la corriente eléctrica del USS Benfold fuera restablecida el 30 de julio. Sin embargo, las reparaciones estructurales y de sistemas de apoyo se prolongaron durante más de una semana. No fue sino hasta el 7 de agosto cuando el destructor pudo abandonar el área de reparaciones para trasladarse al muelle principal con el fin de repostar combustible.
Finalmente, al día siguiente, el navío zarpó de aguas filipinas tras verificarse que la totalidad de los sistemas de ingeniería, de combate y de soporte vital volvían a funcionar con normalidad. Las causas técnicas de este imprevisto continúan bajo investigación, de acuerdo a lo informado por la US Navy.
"Ningún miembro de la tripulación resultó herido. Demostraron resiliencia, valentía, profesionalismo y una firmeza inquebrantable", destacó el comandante Comer.
El caso del portaaviones Lincoln
El episodio del USS Benfold no representa un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto de creciente preocupación por la operatividad, el mantenimiento y la salud del personal militar en misiones prolongadas en alta mar.
Recientemente, los medios estadounidenses han sacado a la luz el deterioro del bienestar en los buques de la US Navy. El caso más resonado es el del portaaviones USS Abraham Lincoln, desplegado desde hace nueve meses y actuando como pieza clave en las operaciones militares contra Irán, en el mar Arábigo.
Portaaviones USS Abraham Lincoln
La gravedad de la situación en el Lincoln requirió la intervención directa del almirante Brad Cooper, máximo responsable del Comando Central de Estados Unidos, quien visitó personalmente la unidad de la clase Nimitz tras conocerse que al menos dos marineros habían intentado saltar por la borda.
Frente a estos hechos, Cooper quiso quitar hierro al asunto afirmando que la vida en la mar siempre es un reto exigente, al tiempo que aseguró que el Lincoln registra la cifra más baja de casos documentados de salud mental entre los 11 portaaviones activos de la US Navy. Este miércoles, el Pentágono ha ordenado finalmente su relevo por el USS George Washington.
Sin embargo, las explicaciones oficiales no han logrado aplacar la inquietud política en Washington. Diversos legisladores del Congreso estadounidense, en su mayoría demócratas, han elevado la presión sobre los mandos de la Marina para exigir transparencia e informes detallados sobre la gestión de estos despliegues extremos.
Las peticiones parlamentarias reclaman respuestas concretas sobre las fallas reiteradas en el suministro de agua potable, los colapsos en los sistemas de fontanería, las deficiencias en la seguridad de las cubiertas de vuelo, la falta de recursos para atender la salud mental de las tropas e incluso los retrasos en el correo.
Sin embargo, tanto desde el Pentágono como de la Casa Blanca han minimizado el problema. El propio Donald Trump, por su parte, ha llegado a afirmar que la duración actual de los despliegues navales "no es ni de lejos suficiente" para hacer frente a las amenazas globales que enfrenta EEUU, anticipando que la exigencia sobre la flota no disminuirá a corto plazo.
