El Gobierno de Taiwán prepara un nuevo salto en su presupuesto de Defensa para hacer frente a la creciente presión militar de Pekín y reforzar su capacidad de disuasión. El Ejecutivo del presidente Lai Ching-te prevé elevar el gasto militar hasta 1,1 billones de dólares taiwaneses en 2027, alrededor de 29.500 millones de euros, lo que supondría un incremento cercano al 16% respecto al año anterior.
La cifra, que será presentada oficialmente el próximo 20 de agosto tras una reunión del gabinete, según ha adelantado la agencia estatal de noticias Central News Agency (CNA), volvería a situar el esfuerzo de Defensa de la isla por encima del 3% de su PIB. El porcentaje definitivo dependerá, no obstante, de las previsiones oficiales de crecimiento económico para 2027.
El movimiento supone un nuevo paso en la estrategia de rearme emprendida por Taipei ante la transformación militar de China y el aumento de la presión sobre la isla. Pekín considera Taiwán una parte "inalienable" de su territorio y no ha renunciado al uso de la fuerza para lograr la reunificación.
En los últimos años, el Ejército Popular de Liberación ha incrementado de forma sostenida sus actividades militares alrededor de la isla, mientras desarrolla una profunda modernización de sus capacidades aéreas, navales, misilísticas y espaciales.
El nuevo presupuesto taiwanés no se limitará estrictamente a la partida del Ministerio de Defensa Nacional. De acuerdo con CNA, los 1,1 billones de dólares taiwaneses incluirán también fondos destinados a la Guardia Costera, los veteranos y distintos programas especiales de adquisición militar, lo que amplía el esfuerzo real de preparación de la isla ante un eventual escenario de conflicto.
Un salto hacia el 5% del PIB
La decisión encaja con el objetivo marcado por Lai Ching-te de mantener una trayectoria ascendente del gasto militar hasta alcanzar el 5% del PIB en 2030. El presidente taiwanés ha situado el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas y de la capacidad de resistencia de la isla entre las prioridades de su Gobierno.
La apuesta tiene una doble dimensión. Por un lado, responde a la necesidad de elevar el coste que tendría para Pekín cualquier intento de coerción o intervención militar. Por otro, pretende reforzar la posición de Taiwán frente a su principal aliado de facto, Estados Unidos, que lleva años reclamando a Taipei un mayor esfuerzo para garantizar su propia defensa.
La presión estadounidense cobra especial relevancia en un momento en el que Washington está reclamando a sus socios y aliados un mayor gasto militar y una mayor responsabilidad sobre su propia seguridad.
En el caso taiwanés, el aumento presupuestario se convierte así en una señal dirigida simultáneamente hacia Pekín y Washington: hacia China, como demostración de voluntad de resistencia; hacia Estados Unidos, como compromiso de Taipei con el reparto de la carga defensiva.
El incremento también se produce mientras Taiwán revisa su preparación ante un conflicto que ya no contempla únicamente como una invasión anfibia convencional. Sus ejercicios militares están incorporando escenarios de ataques con misiles y drones, interrupciones de las comunicaciones, operaciones de defensa de infraestructuras críticas y continuidad del Gobierno en condiciones de guerra.
Los recientes ejercicios Han Kuang han puesto precisamente el foco en la resistencia nacional y en la capacidad de mantener el funcionamiento del Estado bajo ataque.
Pekín mantiene el pulso
El movimiento de Taipei adquiere mayor relevancia cuando se compara con la evolución del presupuesto militar chino. Pekín ha previsto para 2026 un gasto de 1,91 billones de yuanes para la Administración central, un 7% más que el año anterior. El presupuesto total de Defensa incluido en el presupuesto público general asciende a 1,94 billones de yuanes.
Aunque el crecimiento porcentual chino es inferior al anunciado ahora por Taiwán, la diferencia de escala sigue siendo enorme. China dispone de una base industrial, económica y demográfica muy superior y está destinando recursos crecientes a desarrollar capacidades concebidas para disputar a Estados Unidos el control del entorno marítimo y aéreo del Pacífico occidental.
Desde la llegada de Xi Jinping al poder en 2012, Pekín ha acelerado la modernización del Ejército Popular de Liberación, con una expansión especialmente significativa de sus capacidades navales, aéreas, misilísticas, espaciales y de guerra electrónica.
El objetivo declarado de alcanzar una modernización militar básica en 2035 y disponer de unas Fuerzas Armadas de primer nivel convierte a Taiwán en uno de los principales escenarios de esa transformación.
Para Taipei, el problema no es tanto competir en volumen con China —una batalla presupuestaria que la isla no puede ganar— como construir una fuerza capaz de elevar el coste y la incertidumbre de cualquier operación militar china. De ahí la creciente importancia de capacidades asimétricas, defensa aérea y antimisil, misiles antibuque, drones, sistemas no tripulados, dispersión de fuerzas y resiliencia de las infraestructuras.
Batalla política
El incremento previsto para 2027 llega además en un contexto de tensión política interna. El presupuesto general del Gobierno central para 2026, que contemplaba 949.500 millones de dólares taiwaneses para Defensa, todavía no ha recibido la aprobación definitiva del Parlamento, controlado por una mayoría opositora.
La pugna presupuestaria refleja hasta qué punto el rearme se ha convertido también en una cuestión política interna. Lai necesita mantener el respaldo suficiente para financiar una transformación militar que considera imprescindible ante Pekín, mientras la oposición mantiene una posición crítica sobre distintas decisiones del Ejecutivo.
El presupuesto de 2027, por tanto, será mucho más que una cifra económica. En el estrecho de Taiwán, cada incremento del gasto militar forma parte de la ecuación de disuasión entre Taipei y Pekín.
La apuesta de Lai por alcanzar el 5% del PIB en 2030 muestra que la isla está asumiendo que esa competición será prolongada y que su seguridad dependerá, cada vez más, de su capacidad para demostrar que cualquier intento de alterar el statu quo mediante la fuerza tendría un coste militar y económico elevado.
El nuevo presupuesto supone así otro paso en la transformación de Taiwán desde una política centrada en mantener unas Fuerzas Armadas suficientes hacia un modelo de preparación permanente para un escenario de conflicto de alta intensidad en el Indo-Pacífico.
