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Las claves

Tras cumplirse el divorcio a tres bandas del FCAS, el único país que ha movido ficha de forma clara es Francia. París, de la mano de la compañía Dassault, ya anunció que desarrollaría un caza de sexta generación en solitario si los otros dos países —Alemania y España— decidían irse por su lado.

Sin embargo, desde Nueva Delhi se encuentran trabajando para unirse al programa francés, que se ha erigido como la alternativa actual al GCAP desarrollado entre Reino Unido, Italia y Japón.

En su informe sobre las medidas adoptadas presentado ante la Comisión Permanente de Defensa del Parlamento, el Ministerio de Defensa indio afirmó haber "iniciado esfuerzos de manera concertada para adherirse" al FCAS francés, tal y como recoge The New Indian Express.

Se trata de un movimiento impulsado por la Fuerza Aérea de la India, que ya en marzo estaba considerando unirse a uno de esos dos programas de caza de sexta generación que competían entre sí.

La iniciativa, explican, surge en un momento en que las principales potencias militares compiten por desarrollar aviones de combate de sexta generación, furtivos, con elevado peso de la nube de combate, sensores avanzados, inteligencia artificial, guerra electrónica y operaciones conjuntas entre aeronaves tripuladas y no tripuladas.

India mantiene actualmente un desarrollo de avión de quinta generación, conocido como Advanced Medium Combat Aircraft (AMCA), cuyo primer vuelo tiene previsto realizarse en 2029 y sirva de espina dorsal de la capacidad aérea del país.

De forma paralela y a mayor plazo, la comisión parlamentaria ha solicitado una hoja de ruta y un cronograma para el desarrollo de la capacidad de sexta generación. En este caso, recurriendo a tecnología extranjera.

La elección de Francia se produce en un momento dulce en las relaciones industriales y diplomáticas entre Nueva Delhi y París. La India está ultimando la adquisición de 114 cazas Dassault Rafale con una importante participación nacional en la fabricación.

Otra francesa, Safran, está trabajando igualmente para ultimar el acuerdo con el Centro de Investigación de Turbinas de Gas (GTRE) de la India para el desarrollo de un motor de caza de alto empuje para la segunda versión del AMCA.

Más allá del caza estadounidense que, por el momento, no admite socios, varios países se han sumado últimamente al GCAP. El último, anunciado hace un par de semanas, Canadá como observador del programa.

Desde el consorcio de este último modelo de caza ya han anunciado que el plazo para sumarse terminará dentro de un año, por lo que no sería de extrañar que otros países aliados opten por sumarse y conseguir un lugar preferente en el programa.

La otra cara de la misma moneda la protagonizan España y Alemania, cuyos Gobiernos mantienen silencio. Tras el anuncio del fracaso del FCAS a tres bandas, la industria de ambos países ha sido la única en mover ficha y anunciar una alianza a disposición de Berlín y Madrid para continuar trabajando.

Una de las alternativas que más peso ha ganado en los últimos meses es un potencial consorcio entre España, Alemania y Suecia.

Fuentes consultadas por EL ESPAÑOL apuntan a que todavía no hay nada decidido y que existen varias alternativas sobre las mesas de los despachos del Ministerio de Defensa y del Ejército del Aire y del Espacio.