La guerra de Ucrania no solo ha transformado la forma de combatir; también está redefiniendo la manera de fabricar armamento. Francia ha comprendido que la próxima ventaja estratégica no dependerá únicamente de diseñar el dron más avanzado, sino de disponer de la capacidad industrial necesaria para producir decenas de miles de unidades con la misma rapidez, escala y eficiencia con las que durante décadas ha fabricado automóviles.
Para lograrlo, el Gobierno de Emmanuel Macron ha decidido trasladar al ámbito militar el modelo industrial que convirtió a la automoción francesa en una potencia europea: cadenas de montaje altamente automatizadas, procesos robotizados, fabricación en serie y costes reducidos. En esa estrategia, fabricantes como Renault y gigantes de los componentes como Valeo y Forvia han pasado a ocupar un papel protagonista.
El objetivo es construir una base industrial capaz de producir drones a gran escala y, sobre todo, de multiplicar rápidamente el ritmo de fabricación si Europa se enfrenta a un conflicto de alta intensidad.
Desde comienzos de 2026 se han anunciado al menos seis acuerdos de colaboración entre la industria automovilística y la de defensa, un movimiento que refleja un profundo cambio de paradigma: aprovechar la experiencia de la industria automovilística en automatización, control de calidad y producción masiva para responder a las nuevas necesidades militares.
"¿Por qué ahora? Porque la necesidad existe ahora; los drones son el presente. ¿Y por qué en Francia? Porque se nos pide garantizar nuestra soberanía", resumía recientemente a Reuters Christophe Périllat, consejero delegado de Valeo.
Aunque París no contempla un escenario inmediato en el que deba desplegar miles de drones sobre su territorio, sí considera imprescindible disponer de una industria capaz de incrementar la producción en cuestión de semanas si el contexto estratégico empeora.
La preocupación queda reflejada en un informe publicado en julio por la Comisión de Defensa del Senado francés, que calificó de "insuficiente para alcanzar una masa crítica" el actual inventario nacional, limitado a apenas unos miles de drones.
Renault, Valeo y Forvia
Las principales compañías de la automoción francesa ya han comenzado a adaptar su capacidad productiva a las necesidades de la defensa.
Valeo suministrará motores eléctricos para los drones desarrollados por la empresa francesa Harmattan AI, aprovechando su experiencia en sistemas de propulsión para vehículos electrificados.
Forvia, uno de los mayores fabricantes mundiales de componentes de automoción, ha alcanzado un acuerdo con una empresa europea especializada en sistemas antidrones basados en inteligencia artificial y estudia crear en Francia una línea capaz de fabricar hasta 1.000 drones interceptores al mes.
Renault ha dado un paso más en su regreso al ámbito de la defensa. Tras asociarse con Turgis & Gaillard para desarrollar drones de largo alcance, el fabricante selló en junio una alianza con Thales para industrializar la producción del dron kamikaze Toutatis, con el objetivo de alcanzar una cadencia de 1.000 unidades mensuales a partir de 2027.
El presidente y consejero delegado de Thales, Patrice Caine y el CEO de Renault Group François Provost.
Además, Renault y Thales lanzaron durante el salón Eurosatory 2026 celebrado en París, el 4 TROOP, un prototipo de Vehículo Civil Multirrol (VCMR), que convierte los drones y la IA en armas de coordinación terrestre. Cuenta con capacidad para actuar como centro de mando móvil.
La operación se apoya en unos vínculos con la industria militar que Renault nunca llegó a romper por completo. La compañía contó en el pasado con una división específica de defensa, Renault Trucks Defense, posteriormente rebautizada como Arquus y adquirida por la belga John Cockerill Defense. Ahora Renault vuelve a poner su capacidad industrial al servicio de nuevos programas militares.
Junto a Turgis & Gaillard, Renault trabaja en dos proyectos estratégicos: Chorus, un dron de largo alcance que se fabricará en las plantas de Le Mans y Cléon, y Aarok, un sistema MALE destinado a misiones de vigilancia, reconocimiento y ataque de precisión.
La automotriz francesa también trabaja con John Cockerill Defense para desarrollar drones terrestres. En este proyecto, Renault aporta ingeniería industrial, optimización de costes y subconjuntos maduros, mientras que John Cockerill y Arquus contribuyen con su experiencia en movilidad militar, adaptación para entornos exigentes, integración de sistemas y acceso a clientes del sector de la defensa.
La tecnología del Renault 4 TROOP procede de Thales.
Aunque se conocen pocos detalles de este proyecto, el dron sería lo que los militares denominan un "robot mula": un pequeño vehículo de cuatro ruedas -y, por tanto, no de orugas- guiado a distancia y con una elevada capacidad de carga. Se emplean para transportar material o evacuar heridos en zonas donde la intensidad de los combates impide que los soldados realicen estas tareas.
La transformación del sector alcanza igualmente a Delair, uno de los principales fabricantes franceses de drones, que junto al proveedor alemán Schaeffler pondrá en marcha antes de noviembre una línea de producción con capacidad para fabricar alrededor de un centenar de drones diarios.
Si todos estos proyectos alcanzan las cifras previstas, Francia dispondrá de una capacidad cercana a los 60.000 drones al año. Aunque esa cifra sigue lejos de los niveles de producción alcanzados por Ucrania y Rusia, supone un salto industrial imposible de asumir únicamente por startups especializadas.
Fabricar drones como si fueran coches
La verdadera revolución no consiste únicamente en aumentar el volumen de producción, sino en transformar por completo la forma de fabricar estos sistemas.
Hasta ahora, buena parte de los drones militares se ensamblaban en series limitadas mediante procesos con una elevada carga artesanal. La estrategia francesa pretende exactamente lo contrario: simplificar los diseños para que puedan fabricarse mediante robots industriales, reducir el número de componentes y acortar al máximo los tiempos de ensamblaje.
Patrick Pailloux, director de la Dirección General de Armamento (DGA), considera que esta transición será decisiva en una guerra de desgaste. "No es lo mismo fabricar un dron en una startup de defensa que desarrollar un producto que pueda reproducirse en muy grandes volúmenes utilizando robots en una cadena de producción", explica.
Renault ya aplica esa filosofía. Su consejero delegado, François Provost, ha confirmado que el dron Toutatis está siendo rediseñado para reducir piezas y sustituir componentes impresos en 3D por otros fabricados mediante moldeo por inyección, una tecnología del automóvil que acelera la producción y abarata costes.
Una industria preparada
El desafío no pasa únicamente por fabricar más drones, sino por evitar que miles de unidades queden obsoletas antes incluso de entrar en servicio.
El presidente de Thales, Patrice Caine, recordaba este verano que los drones evolucionan a un ritmo muy superior al de otros sistemas de armas. Por ello, Francia apuesta por mantener una capacidad industrial flexible y escalable antes que acumular grandes arsenales de plataformas que podrían quedar desfasadas en pocos meses.
Con ese objetivo, el ministro francés de las Fuerzas Armadas, Sébastien Lecornu, anunció el pasado diciembre una inversión de 150 millones de euros para desarrollar una industria nacional específica de drones.
Sin embargo, parte del sector considera que el esfuerzo sigue siendo insuficiente. Antoine Level, presidente de la asociación francesa de fabricantes de drones, sostiene que Alemania continúa por delante en la financiación de programas de corto alcance y lamenta que todavía "no existen suficientes pedidos para impulsar realmente a la industria".
Una vuelta a la defensa
La convergencia entre la automoción y la industria militar se ha convertido en una de las grandes tendencias industriales en Europa. El incremento del gasto en defensa, la necesidad de elevar la producción de armamento y la crisis que atraviesa el automóvil están impulsando un acercamiento que hace apenas unos años parecía improbable.
El proceso se ve reforzado por iniciativas como ReArm Europe, que prevé movilizar hasta 800.000 millones de euros antes de 2030, y por el compromiso adquirido por los aliados de la OTAN de elevar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB en 2035.
La estrategia francesa refleja un cambio de época. Si durante el siglo XX la fortaleza industrial de un país se medía por el número de automóviles que era capaz de fabricar, en la nueva economía de guerra esa capacidad comienza a medirse por el volumen de drones que puede producir en cuestión de semanas. Renault, Valeo y Forvia ya forman parte de esa transformación.
