La guerra de Ucrania entra en una nueva fase de desgaste estratégico. Mientras Rusia acelera la producción de misiles balísticos, intensifica su cooperación militar con Corea del Norte y prepara una nueva campaña contra la infraestructura energética ucraniana de cara al invierno, Kiev afronta un rápido deterioro de su capacidad de defensa aérea.
El presidente Volodímir Zelenski ha revelado que los aliados occidentales han suministrado en 2026 apenas un tercio de los misiles antiaéreos entregados durante el mismo periodo del año anterior, una caída que amenaza con reducir la capacidad de Ucrania para contener los ataques de largo alcance rusos.
La escasez afecta especialmente a los interceptores Patriot de fabricación estadounidense, el sistema más eficaz para neutralizar misiles balísticos. La magnitud del problema quedó patente este miércoles, cuando las defensas ucranianas no lograron interceptar ninguno de los 24 misiles balísticos ni de los cuatro misiles hipersónicos Zircon lanzados por Rusia. "Y esto no es solo un fenómeno del verano; afecta a todo el primer semestre de 2026", advirtió Zelenski en un mensaje difundido a través de Telegram.
El presidente ucraniano atribuyó el descenso de los suministros al conflicto en Oriente Próximo, que ha tensionado las reservas mundiales de interceptores. Sin embargo, también dejó entrever una lectura política al sugerir que la ralentización de las entregas podría buscar una Ucrania "más dispuesta a comprometerse" en unas futuras negociaciones de paz con Moscú.
Las previsiones de los responsables militares ucranianos apuntan, además, a un escenario aún más complejo. Serhii Beskrestnov, asesor presidencial en tecnologías de defensa, estima que Rusia ya dispone de capacidad para lanzar cerca de un centenar de misiles balísticos al mes contra infraestructuras críticas y centros logísticos. "La guerra de desgaste ha entrado en una nueva fase", resumió.
A esa amenaza se suma el regreso del armamento norcoreano al campo de batalla. Según la inteligencia militar ucraniana, Moscú ha vuelto a emplear misiles balísticos suministrados por Pyongyang y Corea del Norte habría desplegado en el oeste de Rusia una unidad equipada con hasta seis lanzadores y 120 misiles.
Ante el agotamiento de las reservas occidentales y la dificultad de la industria para reponer interceptores al ritmo que exige el conflicto, Kiev redobla la presión sobre sus aliados. Sus prioridades pasan por obtener autorización para fabricar misiles Patriot bajo licencia estadounidense y acelerar el desarrollo de un sistema europeo de defensa antimisiles.
Tras conversar con Zelenski, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, aseguró que ya trabaja con los aliados para reforzar de forma urgente la defensa aérea ucraniana.
Más allá del frente, la evolución de la guerra refleja un desafío de mayor alcance: la capacidad de Occidente para sostener el suministro de munición estratégica empieza a convertirse en un factor tan decisivo como la propia capacidad de Rusia para producir misiles.
El pulso industrial y logístico entre ambos bloques se perfila así como uno de los elementos que marcarán el desarrollo del conflicto durante los próximos meses.
