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Las claves

La US Navy quiere recuperar el protagonismo de los grandes acorazados, pero adaptados a la guerra del siglo XXI. Lejos de las plataformas concebidas para los conflictos del pasado, la futura clase Trump combinará propulsión nuclear, misiles hipersónicos, armas láser y capacidad para lanzar misiles de crucero con carga nuclear, convirtiéndose en el buque de combate de superficie más poderoso jamás proyectado por Washington.

El precio de esa apuesta también será histórico. La Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO) calcula que el programa para construir 15 acorazados nucleares supondrá una inversión de 275.000 millones de dólares entre 2027 y 2056, una cifra que sitúa esta iniciativa entre los proyectos navales más ambiciosos y costosos de la historia de Estados Unidos.

El informe estima que la primera unidad, la BBGN-1, que se llamará USS Defiant, requerirá una inversión de 23.400 millones de dólares -bastante más de lo anunciado hasta ahora-, mientras que las catorce restantes tendrán un coste medio de 18.000 millones cada una. Como referencia, el portaaviones nuclear USS Gerald R. Ford, el buque más caro construido hasta la fecha por la Marina estadounidense, costó alrededor de 13.300 millones de dólares.

El programa, anunciado por la Administración Trump en diciembre de 2025, supone un giro de calado en la estrategia naval estadounidense.

Tras décadas apostando por destructores, fragatas y plataformas distribuidas, Washington vuelve a priorizar grandes combatientes de superficie capaces de concentrar una potencia de fuego muy superior para operar en escenarios de alta intensidad frente a rivales como China.

El mayor buque desde la II Guerra Mundial

Con un desplazamiento superior a 35.000 toneladas, la nueva clase Trump eclipsará a los actuales destructores Arleigh Burke y Zumwalt. Según la CBO, si finalmente se construye con las especificaciones previstas, será el mayor combatiente de superficie del mundo y el más grande desarrollado por la Marina estadounidense desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Tendrá más de tres veces y media el tamaño de un Arleigh Burke y duplicará al de un Zumwalt.

La primera unidad recibirá el nombre de Defiant, rompiendo además con la tradición de la US Navy de bautizar el buque inicial con el nombre de la propia clase.

La principal diferencia respecto a los actuales buques de superficie será su capacidad ofensiva.

El diseño incorpora 128 celdas de lanzamiento vertical (VLS) para misiles antiaéreos, antibuque y de ataque a tierra, además de cuatro lanzadores para misiles hipersónicos Conventional Prompt Strike (CPS), con capacidad para albergar tres proyectiles cada uno.

A ello se sumarán misiles de crucero con capacidad nuclear (SLCM-N), sistemas láser de gran potencia, un cañón electromagnético (rail gun) y un amplio conjunto de sensores y sistemas defensivos frente a drones y amenazas aéreas.

La combinación de estas capacidades convertiría al nuevo acorazado en el buque de superficie con mayor potencia de fuego de la flota estadounidense, únicamente superado en capacidad de disuasión nuclear por los submarinos estratégicos de la clase Ohio y, en el futuro, por los Columbia.

Un reto para los astilleros

El desafío no será únicamente tecnológico o presupuestario. También lo será industrial.

La CBO advierte de que el nuevo plan naval obligará a incrementar un 60 % la producción de grandes combatientes de superficie respecto a la planificación anterior, mientras reduce la fabricación de buques de menor tamaño.

Ese incremento exigirá ampliar significativamente la capacidad de unos astilleros que ya acumulan importantes retrasos en varios programas de la Marina.

Para cumplir el calendario previsto, Estados Unidos deberá botar aproximadamente un acorazado cada dos años entre 2028 y 2056, sin interrumpir al mismo tiempo la producción de dos destructores Arleigh Burke anuales.

¿Cinco destructores o un solo acorazado?

El debate sobre el programa ya está servido.

La propia CBO recuerda que el coste medio de un único acorazado permitiría adquirir alrededor de cinco destructores Arleigh Burke, aunque sostiene que la propulsión nuclear reducirá significativamente los costes de operación durante décadas al eliminar el consumo de combustible fósil, si bien todavía no existen datos suficientes para cuantificar ese ahorro.

Más allá de las cifras, el proyecto refleja una profunda transformación doctrinal. La Marina estadounidense apuesta por recuperar grandes plataformas capaces de concentrar un enorme volumen de fuego, incrementar la capacidad de disuasión y mantener la superioridad naval frente al acelerado rearme marítimo de China en el Indo-Pacífico.