La mayor crisis migratoria en Ceuta desde mayo de 2021 ha reabierto un debate que excede el mero control fronterizo: la instrumentalización de los flujos migratorios como palanca de presión política en el marco de las llamadas operaciones híbridas.
La llegada masiva de más de 60.000 personas, la respuesta del Gobierno y las incógnitas sobre el origen de la avalancha han convertido el episodio en un asunto con evidentes implicaciones para la seguridad nacional y la estabilidad del flanco sur de Europa.
Y es que, como asegura a EL ESPAÑOL el general Miguel Ángel Ballesteros, "el problema lo ha generado Marruecos por acción u omisión". "Hay que llevarse bien con los vecinos, pero también hay que saber ponerles límites y exigirles responsabilidades, porque probablemente en esta crisis Marruecos ha tenido más de 100 muertos, 88 en aguas de soberanía española y, por lo tanto, de responsabilidad de nuestro país".
Además incide en que el problema no se ha resuelto: "El número de menores se ha multiplicado por siete y España tendrá que repartirlos ahora por las distintas comunidades autónomas".
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, calificó esta llegada masiva de migrantes como "una violación de la integridad territorial de España", una expresión que subraya la dimensión estratégica que el Ejecutivo otorga a la crisis.
La magnitud del episodio suscita numerosos interrogantes. Resulta difícil concebir que una movilización orquestada durante varios días a través de redes sociales, capaz de congregar a decenas de miles de personas junto a la valla, hubiera pasado inadvertida para los servicios de seguridad marroquíes.
Marruecos dispone de uno de los sistemas de control territorial e inteligencia más sofisticados del norte de África, con una extensa red de vigilancia sobre movimientos sociales y migratorios. Por ello, múltiples analistas consideran difícil sostener que un desplazamiento de tal envergadura pudiera producirse al margen del conocimiento de las autoridades del país.
"Es impensable", aseguran a EL ESPAÑOL el general de brigada (R) Francisco José Dacoba, exdirector del Instituto Español de Estudios Estratégicos, y Jordi Cañas, exeurodiputado y director de Asuntos Europeos de la consultora The Grey.
Tampoco escapan al escrutinio las capacidades de anticipación españolas.
La preparación del movimiento, el incremento sostenido de la presión migratoria en los días previos y las advertencias lanzadas desde Ceuta plantean dudas sobre el funcionamiento de los mecanismos de inteligencia y coordinación responsables de la seguridad nacional.
El ejército español se despliega en la frontera entre el enclave español de Ceuta y Marruecos, horas después de que miles de migrantes entraran en Ceuta por mar.
Aunque el Ministerio del Interior estuviera centrado en los graves incendios forestales de Madrid y Ávila, considerados entonces la principal emergencia nacional, una situación como la de Ceuta no podía minimizarse.
Resulta incomprensible, y poco creíble, que ningún informe operativo ni ningún servicio de información de Interior o Defensa anticipase una relajación del control fronterizo por parte de Marruecos ni un flujo migratorio que pudiera alcanzar cifras próximas a las 70.000 personas en apenas una jornada.
Esa explicación ayuda a comprender parte del retraso en la respuesta, aunque no elimina todas las dudas. La presión sobre Ceuta llevaba varios días creciendo y el presidente de la Ciudad Autónoma, venía alertando públicamente de la llegada diaria de más de 200 inmigrantes a nado, mientras reclamaba un refuerzo inmediato de medios.
Además los datos no engañan, y el deterioro progresivo de la situación era evidente. Hasta el 15 de julio habían entrado por tierra en Ceuta 2.826 personas, un 150% más que en el mismo periodo de 2025.
Inmigrantes ilegales, este fin de semana, abandonan Ceuta, ante la mirada de los militares españoles.
La crisis migratoria de Ceuta ha vuelto a poner de manifiesto que la frontera sur de España ya no puede analizarse únicamente desde la óptica del control migratorio.
Lo ocurrido durante los últimos días se desarrolla en un escenario donde convergen la rivalidad estratégica entre Estados, la presión sobre las fronteras exteriores de la Unión Europea, el nuevo equilibrio de poder en el Mediterráneo occidental y la utilización de instrumentos no militares para alcanzar objetivos políticos.
No existen pruebas públicas que permitan afirmar que Marruecos organizó deliberadamente la avalancha migratoria. Sin embargo, tanto el desarrollo de los acontecimientos como el contexto estratégico en el que se producen han reabierto el debate sobre "la instrumentalización de la migración como herramienta de presión dentro de las denominadas operaciones híbridas".
Para el exdirector del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), el primer error consiste en analizar la relación entre España y Marruecos desde una lógica coyuntural. "Las relaciones entre España y Marruecos siempre serán tensas, con mayor o menor intensidad, porque somos vecinos y existen disputas. Pensar que por ceder en determinadas cuestiones o por evitar reaccionar se va a alcanzar un punto de encuentro permanente es ingenuo".
El ejército desplegando en la frontera del Tarajal en Ceuta ante la atenta mirada de los inmigrantes este viernes.
Desde esa perspectiva, Ceuta y Melilla constituyen mucho más que dos ciudades autónomas. "Hay que asumir que para Mohamed VI, Ceuta y Melilla son una palanca que siempre tendrá en la mano y que activará, modulará o desactivará en función de sus intereses".
La afirmación adquiere especial relevancia en un momento en el que Marruecos ha reforzado su posición regional gracias a una intensa modernización militar y al fortalecimiento de sus relaciones estratégicas con Estados Unidos e Israel, dos actores que han incrementado significativamente su cooperación con Rabat durante los últimos años.
Dacoba considera que ese contexto internacional limita el margen de maniobra español. "La situación geopolítica de España, en estos momentos, no es nada halagüeña"
Y añade un elemento que, a su juicio, condiciona cualquier análisis de la crisis. "Existe un eje Washington-Rabat-Tel Aviv que para nosotros resulta fundamental y con el que atravesamos un momento especialmente complejo".
La migración como arma
La utilización de los movimientos migratorios como mecanismo de presión política no constituye un fenómeno nuevo. Polonia, Lituania y Letonia denunciaron una estrategia similar por parte de Bielorrusia y, en el caso español, el precedente inmediato sigue siendo la crisis de mayo de 2021.
Lo que cambia ahora es el contexto internacional. Según Dacoba, las denominadas guerras híbridas se caracterizan precisamente por explotar las vulnerabilidades del adversario sin recurrir al enfrentamiento militar convencional.
La presión migratoria destaca como un instrumento particularmente eficaz porque genera al mismo tiempo tensión política, desgaste institucional, impacto mediático y polarización social", sostiene.
"No podemos olvidar que, en la confrontación híbrida, la weaponización de la población civil ya ocurrió en 2021 y, por desgracia, puede volver a producirse cuando Marruecos lo considere oportuno", señala el exdirector del Instituto Español de Estudios Estratégicos.
El general añade un elemento especialmente duro sobre la lógica de estas estrategias. "La vida humana, desde el punto de vista de la monarquía marroquí, tiene un valor muy distinto al que le damos nosotros". "Estamos hablando del menosprecio que tiene Marruecos por las vidas humanas".
España no supo anticipar
Otro de los grandes interrogantes es si el Estado español fue capaz de interpretar las señales previas. Jordi Cañas, exeurodiputado asegura que en Ceuta "falló todo".
A su juicio, durante los días previos existían suficientes indicadores para prever una escalada: "Las narrativas que circulaban en redes sociales, en grupos de WhatsApp y Telegram, hablaban abiertamente de que la frontera estaba abierta. El presidente de Ceuta llevaba días alertando de la situación. Cuando miles de personas llegan corriendo al Tarajal ya es imposible contener el fenómeno".
Ese análisis coincide parcialmente con la reflexión de Dacoba sobre el funcionamiento de los sistemas de inteligencia, que en su opinión funcionan.
El problema, según él, es que "existe una tendencia creciente a que los dirigentes políticos no escuchen las valoraciones de sus servicios de inteligencia. En el mejor de los casos no se quiso pensar que algo así pudiera ocurrir... y ocurrió. La única duda es cuándo volverá a repetirse".
Del conflicto bilateral
Para Cañas, la principal diferencia de esta crisis respecto a la de 2021 reside en que entonces España consiguió trasladar el conflicto desde el ámbito bilateral hacia el europeo.
"España ganó el relato porque consiguió internacionalizar la crisis. El gran objetivo de Marruecos era impedir que el Parlamento Europeo interviniera. Cuando el problema deja de ser bilateral y pasa a ser europeo, cambian completamente las reglas del juego". Sin embargo, considera que esa ventaja estratégica no tuvo continuidad.
"No se aprovecharon las lecciones aprendidas ni se adaptó la política exterior ni la política de fronteras al nuevo escenario", añade.
Para este experto en geopolítica, la presión migratoria ya no puede interpretarse de forma aislada. "Hoy el debate real ya no es únicamente la inmigración. Detrás de lo sucedido existe una alineación de intereses históricos de Marruecos con intereses estratégicos de potencias extranjeras que sitúan sobre la mesa una cuestión mucho más amplia: el control del Estrecho".
Aunque reconoce que esa competencia geopolítica no explica por sí sola la crisis, sostiene que condiciona el entorno estratégico en el que España debe desenvolverse.
Para el exdirector del IEEE, "hay que recomponer lazos con Europa, que es lo que somos y lo que queremos ser y a donde queremos pertenecer, y buscar una solución que nos satisfaga a todos y dejarnos de apriorismos confrontacionales y de posturas que a veces rozan lo infantil, porque el problema es grave y necesita una solución sensata"
Efectos políticos en Europa
Los expertos coinciden en que la dimensión migratoria trasciende ya el ámbito de la seguridad fronteriza.
Según Cañas, la inmigración irregular se ha convertido en uno de los principales factores de transformación política dentro de la Unión Europea. De ahí la reacción de la mayoría de los países europeos ante la avalancha de migrantes en Ceuta.
"En prácticamente toda Europa, el control de la inmigración condiciona el debate público, los resultados electorales y las decisiones de los gobiernos". Y, añade, cualquier episodio de presión migratoria adquiere una dimensión política que excede con mucho el ámbito nacional.
"La percepción en las sociedades europeas de que están siendo 'invadidas' tiene un correlato político directo. Todos estos países han reaccionado por dinámicas internas. Casi todos han endurecido sus políticas migratorias. Y España tiene que ser consciente de ello", asegura Cañas.
Dacoba, por su parte, subraya que "la respuesta no pasa por militarizar el problema, aunque sí por asumir que España afronta un desafío permanente". "El recurso militar siempre es el último. Pero eso no significa que no debamos preocuparnos. Marruecos está desarrollando un rearme extraordinario con el apoyo de Estados Unidos e Israel, aunque es evidente que su principal foco estratégico continúa siendo Argelia, hay que estar atentos".
Aun así, insiste en que el principal terreno de confrontación seguirá situándose por debajo del umbral del conflicto armado, en la denominada "zona gris" donde hoy se dirime buena parte de la competencia entre Estados: crisis migratorias, presión diplomática, campañas de influencia y explotación de vulnerabilidades políticas.
Y, según advierten ambos expertos, Ceuta constituye uno de los escenarios donde esa nueva realidad geopolítica se manifiesta con mayor claridad.
La frontera sur, un desafío
Especialistas en geopolítica y defensa sostienen que la protección de las fronteras exteriores de la Unión Europea exige combinar capacidades policiales, inteligencia, cooperación internacional, instrumentos jurídicos y capacidad de respuesta militar cuando las circunstancias lo requieren.
Este tipo de actuaciones se enmarcan dentro de las operaciones híbridas, una combinación de herramientas no militares destinadas a ejercer presión diplomática, provocar desgaste político y generar inestabilidad sin recurrir al empleo directo de la fuerza.
En este contexto, la cooperación entre Madrid y Rabat continúa siendo uno de los pilares de la seguridad del flanco sur de la OTAN y de la política migratoria de la Unión Europea. Cuando esa colaboración se deteriora o simplemente pierde intensidad, el impacto se deja sentir de forma inmediata en la frontera.
Un escenario en el que también adquiere relevancia el papel de Frontex, la agencia europea de la Guardia de Fronteras y Costas, cuya coordinación con el Ministerio del Interior resulta esencial para reforzar las capacidades de vigilancia y gestión de las fronteras exteriores de la Unión.
Lo sucedido demuestra, una vez más, que la frontera sur de España constituye uno de los principales frentes geopolíticos de la Unión Europea y un escenario donde la seguridad, la diplomacia y la inmigración convergen de forma cada vez más estrecha.
Para los expertos consultados por EL ESPAÑOL, "Marruecos utilizó la frontera para lanzar proyectiles humanos en una guerra híbrida difícil de asumir".
El debate de fondo, insisten los expertos en geopolítica, es el control del Estrecho. "No sirve ya la política de apaciguamiento", advierte Jordi Cañas. "Este episodio ha podido revertirse, pero imagina que no hubiera sido así".
El exeurodiputado reclama abandonar la inacción: "No puede seguir haciéndose lo mismo: la política de contemporización, las decisiones pequeñas y permanentes para no despertar a la bestia", en clara alusión a Marruecos.
Para Cañas, "esta vez hay un salto cualitativo que no es solo la utilización de las personas en una magnitud que recuerda la Marcha Verde". Y va un paso más allá: "Quien no entienda que detrás de lo sucedido se mueve una alineación de intereses históricos de Marruecos con intereses coyunturales o estratégicos de potencias extranjeras, que eleva el debate al ámbito internacional y territorial, es que no ha entendido nada".
A su entender, "personas importantes, tanto del Partido Republicano norteamericano como de think tank ultras están apoyando la reivindicación de Marruecos".
