La guerra contra Irán ha dejado al descubierto una vulnerabilidad crítica en el escudo antimisiles de EEUU: según un informe del Center for Strategic and International Studies (CSIS), las Fuerzas Armadas estadounidenses han gastado cerca del 65% de sus interceptores Patriot y alrededor del 38% de los THAAD.
El análisis, elaborado a partir de información pública sobre el empleo de interceptores, los ritmos de producción de la industria y las estimaciones de inventario, calcula que Estados Unidos dispone actualmente de menos de un millar de misiles Patriot, mientras que las reservas del sistema Terminal High Altitude Area Defense (THAAD) se situarían entre 234 y 278 interceptores, frente a unos 2.200 Patriot y 452 THAAD previos a la guerra.
Un ritmo de consumo que, de no revertirse pronto, podría comprometer la disponibilidad de estos sistemas ante un nuevo conflicto de alta intensidad antes de que se repongan las existencias.
Para los analistas Mark Cancian y Chris Park, el principal riesgo estratégico no reside en sostener la actual campaña militar, sino en la capacidad de responder a una nueva crisis con unos arsenales significativamente reducidos.
En ese escenario, el think tank advierte que Estados Unidos y sus aliados podrían verse obligados a racionar el empleo de interceptores o reservarlos únicamente para hacer frente a las amenazas de mayor valor estratégico.
Los sistemas Patriot y THAAD constituyen el núcleo de la defensa estadounidense frente a misiles balísticos. Ambos protegen tropas desplegadas, bases militares, infraestructuras críticas y territorios aliados frente a ataques de largo alcance.
Durante la guerra con Irán fueron empleados de forma intensiva para interceptar los lanzamientos de misiles balísticos dirigidos contra fuerzas estadounidenses y países socios, aunque algunos proyectiles lograron superar las defensas y causaron víctimas y daños materiales.
Según el informe, el mayor consumo de interceptores se produjo durante la fase inicial de la Operación Furia Épica reduciendo de forma considerable las reservas disponibles para las operaciones posteriores. "No existen buenas alternativas al Patriot y al THAAD para la defensa frente a misiles balísticos", concluyen los analistas.
El estudio también advierte de que reconstruir estos inventarios requerirá varios años, prolongando un periodo de vulnerabilidad para Estados Unidos en otros escenarios estratégicos. Por el momento, el Pentágono no ha confirmado oficialmente las estimaciones del CSIS ni ha facilitado datos sobre el estado de sus reservas de interceptores.
Washington acelera la reposición
Las conclusiones del CSIS coinciden con el esfuerzo de Washington por ampliar su capacidad industrial para reponer las existencias de misiles antiaéreos. Como publicó recientemente EL ESPAÑOL, la reposición del stock de armamento se ha convertido en una de las principales prioridades del Departamento de Guerra estadounidense tras el intenso desgaste provocado por la campaña contra Irán.
En este contexto, el Ejército de Estados Unidos acaba de adjudicar a Lockheed Martin un contrato valorado en hasta 58.620 millones de dólares para suministrar interceptores Patriot Advanced Capability-3 Missile Segment Enhancement (PAC-3 MSE) hasta el año fiscal 2032.
El objetivo es garantizar el suministro de misiles para las baterías Patriot durante los próximos siete años y aumentar el ritmo de fabricación ante una demanda internacional cada vez mayor.
Se trata de la segunda fase del programa, después de que el pasado mes de abril la compañía recibiera un primer contrato de 4.700 millones de dólares, destinado exclusivamente al primer año de producción.
Línea de ensamblaje de PAC-3 MSE
La nueva financiación permitirá a Lockheed Martin triplicar su capacidad de fabricación de misiles PAC-3 MSE antes de finales de 2030, además de incrementar un 50% el empleo en su planta de Camden (Arkansas), donde se encuentra la línea de ensamblaje final de estos interceptores, pasando de 1.200 a 1.850 trabajadores.
La compañía sostiene que el PAC-3 MSE se ha consolidado como el interceptor de defensa aérea y antimisiles más avanzado de su categoría gracias a su rendimiento demostrado en operaciones reales. En los últimos años, la producción del sistema ha aumentado de forma sostenida, impulsada tanto por la guerra de Ucrania como por el incremento de las adquisiciones de sistemas Patriot por parte de numerosos países aliados.
Una vulnerabilidad
Pese al aumento de la capacidad industrial, los expertos advierten de que la reposición de estos arsenales no será inmediata. Según explicó Mark Cancian en declaraciones a la BBC, el ciclo de fabricación de un interceptor de estas características se prolonga durante varios años.
"Se necesitan varios años para producir un misil. Si hoy se invierte dinero, los misiles no estarán disponibles hasta dentro de tres o cuatro años, e incluso cinco. Los que estamos recibiendo ahora son los que se financiaron en 2023", señaló.
Para el CSIS, este desfase entre la financiación y la entrega efectiva de nuevos interceptores abre una "ventana de vulnerabilidad a corto y medio plazo".
Si EEUU tuviera que enfrentarse a otro conflicto de alta intensidad antes de reconstruir sus reservas de Patriot y THAAD, podría hacerlo con unas capacidades de defensa antimisiles sensiblemente inferiores a las que mantenía antes del estallido de la guerra con Irán.
