En 2056, justo en 30 años, el reino de Marruecos cumplirá 100 años de existencia. Se trata de un país joven, comparado por ejemplo con su vecino español. Pero es que además en ese 2056 habrá una tormenta internacional perfecta para sus erróneas ansias expansionistas.
El mundo se hallará inmerso en las consecuencias de otros dos centenarios: la creación del Estado de Israel (1948) y por tanto la Nakba palestina y el surgimiento de la República Popular China (1949) y su reclamación sobre Taiwan. El futuro Hassan III, hijo y sucesor de Mohammed VI, tendrá 53 años. Putin tenía 62 cuando invadió Ucrania por primera vez. Hitler 49 cuando se anexionó los Sudetes.
Cualquiera que conozca el país vecino sabe que no se mueve un pelo en sus calles sin que lo autorice la Gendarmerie o la Sûreté Nationale. En otro país, puede. Pero lo que ha pasado en Ceuta en las últimas horas es imposible que suceda sin el conocimiento/participación de la oficialidad: Marruecos es culpable.
Se puede decir de otro modo: el gobierno tiene a demasiados policías en rotondas haciendo presencia/nada (según prefiramos la formulación amable y técnica o la real, incluyendo la recolección de dinero de turistas) como para evitar si quisiera esas presuntas acciones de supuestas bandas criminales.
A pesar de lo dicho, sí, dentro de unos años, con un apoyo político de EEUU y técnico de Israel reforzados, una UE distraída y una OTAN distinta (son todo futuribles, claro), Hassan III decidiera cometer el error de invadir plazas ajenas, no lo haría como su abuelo con una ‘Marcha Verde’.
Marruecos es culpable y está envalentonado. Tiene de amigos a las dos principales potencias bélicas del mundo: EEUU e Israel y España no pasa por sus mejores épocas con ninguno de los dos.
Para 2056, de seguir el ritmo actual (4% del PIB en inversión en Defensa, subiendo) hará mucho que Marruecos sea la primera potencia militar africana, lista para incluso mirar de tú a tú a algún país europeo por separado.
En este punto quiero dejar claro que personal/profesionalmente, a la luz de acontecimientos y declaraciones, me encuentro evolucionando: de pensar que en los últimos años la carrera de armamento marroquí tenía a Argel principalmente en mente a considerar que se basa en construir una disuasión suficiente frente al freno a cualquier movimiento expansionista que se decida contra Argelia/Sáhara Occidental… o contra España.
Mientras, cuando uno, cada pocos años, permite/alienta/organiza asaltos a una frontera, lo que hace es tomar muchas notas. Yo haría eso. Tomaría nota de todo: tiempos de reacción policiales, militares y políticos. Anotaría qué y cuándo habla Bruselas, no sólo Moncloa. Radiografiaría al milímetro la reacción fronteriza, continental, internacional.. Tomaría nota y seguiría con mi estrategia.
¿Y qué hacer frente a esto? Marruecos es culpable y está envalentonado. Tiene de amigos a las dos principales potencias bélicas del mundo: EEUU e Israel y España no pasa por sus mejores épocas con ninguno de los dos. Dejando a Trump de lado, de hecho, posiblemente tengamos las peores relaciones con Tel Aviv desde Franco (que nunca reconoció el Estado de Israel).
No es ya solo que Ceuta y Melilla sean españolas siglos antes de que Marruecos fuera país, es que, en Europa, sólo Ucrania enfrenta un riesgo mayor de que le arrebaten algo propio.
La respuesta de España a este desafío potencial (hablo del estratégico e histórico, el operativo y político materializado en las violaciones como la de Ceuta de esta semana es muy real y actual) debe empezar por ahí. Por supuesto que las relaciones con Marruecos son delicadas y deben tratarse con guante de seda... pero bajo el cual haya un guantelete. España debe usar toda su potencia exterior para hacer ver al mundo que Marruecos puede ser un buen amigo de España/Europa/OTAN sólo si Marruecos quiere.
Debe existir un despliegue decidido en la frontera de nuestras Fuerzas Armadas. Entre sus cometidos, las FAS tienen la obligación de defender la integridad territorial española y no hay un desafío físico mayor para España que las ambiciones de Marruecos.
No es ya solo que Ceuta y Melilla sean españolas siglos antes de que Marruecos fuera país, es que, en Europa, sólo Ucrania enfrenta un riesgo mayor de que le arrebaten algo propio. Los militares españoles tienen tatuada la integridad territorial del país, específicamente Ceuta y Melilla. Y un soldado español es lo último a lo que debería querer enfrentarse un invasor político y militar, si es hábil, por más F-35s que le venda EEUU.
Y Frontex. La policía fronteriza europea debe incrementar presencia a la entrada del Mare Nostrum. Y debemos conseguirlo porque en Grecia, Italia y los Balcanes operan grupos criminales.
Al hilo de esto, hay muchas más realidades en el contexto internacional que aconsejan tomarse mucho más en serio la inversión en Defensa.
En Ceuta, Melilla y de paso las Canarias, las masas de gente están impulsadas por un actor estatal, mucho más poderoso y con recursos por tanto que las bandas organizadas. Al hilo de esto, hay muchas más realidades en el contexto internacional que aconsejan tomarse mucho más en serio la inversión en Defensa.
Contraofensiva política: entre las cosas en las que derecha e izquierda española se dan la mano está la cuestión del Sáhara Occidental. España debe llevar la cuestión pendiente de la descolonización a su Congreso de los Diputados y recuperar y avanzar desde la postura española desde 1975 sobre esta exprovincia y enfrentar la escandalosa resolución 2797/2025 de la ONU, aprobada al calor de las relaciones internacionales de Rabat, con la inacción activa de Madrid.
A nivel menos oficial, es empero igualmente necesario que alguien le cuente a los marroquíes de a pie en qué gasta su gobierno el dinero, que no es en mejorar sus condiciones de vida (por eso miles salen huyendo).
Aquí hay toda una panoplia de categorías, desde la suntuosidad y opulencia de los gastos reales a la reciente y explosiva inversión histórica en las ‘provincias del sur’ que poco o nada van a hacer por hacer avanzar a los jóvenes de Fez, Casablanca o Tánger. No digamos Merzouga.
Por supuesto, enfrente está el hecho de que en Marruecos se dé de manera muy extendida la peor clase de nacionalismo callejero: el que tiene todos los vicios y ninguna de las virtudes del patriotismo. Pero nadie ha dicho que la comunicación estratégica fuera fácil.
Soy un convencido de la necesidad de las buenas relaciones con el ‘incómodo’ vecino del sur (como analiza genialmente la periodista Sonia Moreno). Deberíamos poder llevarnos bien. Pero Marruecos es culpable. Manos a la obra para indultarlo, si lo merece.
*** Francisco J. Girao, director de Defensa, Seguridad y Aeroespacial de Atrevia
