La inacción absoluta de Marruecos para frenar la entrada masiva de personas ha derivado en el caos y el colapso de los cuerpos policiales en el lado español de la frontera.
La jornada del jueves y la madrugada del viernes será recordada por todos los españoles como una de las crisis más importantes entre Madrid y Rabat desde la invasión del islote Perejil.
Dos operaciones admitidas y potenciadas por Marruecos de naturaleza muy diferente, pero con el mismo objetivo: desestabilizar España y socavar la soberanía nacional.
Fuentes militares consultadas por EL ESPAÑOL apuntan a que esta situación "no es casual, sino causal, y responde a algo".
Asimismo, apuntan a que la presión migratoria podría deberse a factores que trascienden el propio fenómeno migratorio. "Es una guerra híbrida", aseguran.
Otras fuentes de inteligencia consultadas por este periódico sostienen que movimientos de tal magnitud son inviables sin la connivencia de Marruecos, que mantiene una presencia militar y policial permanente en la frontera y los accesos a Ceuta.
A juicio de estas mismas fuentes, la pasividad marroquí a la hora de frenar el paso constituye, de facto, una maniobra deliberada para impulsar el flujo migratorio hacia la Ciudad Autónoma.
Este es el mismo diagnóstico que ha publicado hace unas horas JUPOL, el sindicato mayoritario de la Policía Nacional.
"Marruecos ha levantado de facto el veto a las salidas hacia Ceuta, en el marco de una estrategia de presión propia de una guerra híbrida, está permitiendo y favoreciendo una situación absolutamente inasumible para la ciudad", recalcan.
El país africano, aseguran, "utiliza la presión migratoria como instrumento de chantaje hacia España, con Ceuta como principal escenario de esa presión".
Este escenario lleva siendo analizado y preparado por el Ministerio de Defensa desde hace años. De hecho, ya hay referencia a ello en la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en 2021.
En ese documento ya apuntan al aumento del uso de las "estrategias híbridas" ejecutadas "mediante acciones coordinadas y multidimensionales" para tratar "de explotar las vulnerabilidades de los Estados y sus instituciones".
El objetivo, afirman, es la "desestabilización o coerción política, social o económica". Todo ello sin cruzar el umbral de conflicto armado.
La instrumentalización de los flujos migratorios se recoge también en el Reglamento de la Unión Europea, concretamente en el documento por el que se abordan las situaciones de crisis y de fuerza mayor en este ámbito.
"Sin perjuicio de la adopción de las medidas preventivas necesarias, no puede excluirse la posibilidad de que se produzca una situación de crisis o de fuerza mayor en el ámbito de la migración y el asilo debido a circunstancias que se escapen al control de la Unión y sus Estados miembros".
Entre dichas "situaciones excepcionales" cabe incluir "la llegada masiva de nacionales de terceros países y apátridas al territorio de uno o más Estados miembros".
Así como "la instrumentalización de los migrantes por un tercer país o un agente no estatal hostil con el fin de desestabilizar a un Estado miembro" o a la propia Unión Europea.
Desde la UE apuntan a que podría darse una situación de este tipo cuando un país fuera de la UE o un agente no estatal hostil fomente o facilite el desplazamiento de nacionales de terceros países a las fronteras exteriores o a un Estado miembro.
Y también cuando tales acciones puedan poner en peligro funciones esenciales, como el mantenimiento del orden público o la salvaguardia de su seguridad nacional.
Zona gris
Todas estas operaciones se constituyen dentro de la denominada zona gris, un concepto de la estrategia militar que se sitúa entre la paz formal y la guerra abierta.
En este escenario, un actor —estatal o no— busca alcanzar sus objetivos estratégicos mediante el empleo de tácticas de guerra híbrida, como puede ser la instrumentalización de la migración, pero también otras como la desinformación, el ataque a infraestructuras —como energéticas o de comunicaciones— u operaciones en el ciberespacio. Todas ellas de difícil atribución.
La zona gris se mantiene de forma deliberada por debajo del umbral que desencadenaría una respuesta militar convencional o la activación de las cláusulas de defensa colectiva.
Otro de los pilares es la denegación plausible, por la que el agresor busca que la autoría de las acciones sea difícil de atribuir. Se recurre entonces a actores interpuestos o fenómenos aparentemente espontáneos o de emergencia nacional.
El agresor usualmente explota el respeto que las democracias tienen por el Estado de derecho y los Derechos Humanos, la legalidad internacional y las libertades públicas para ejecutar las operaciones y utilizarlos como una vulnerabilidad en su contra.
