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Las claves

Estados Unidos ha cambiado su forma de responder a la campaña de ataques iraníes en Oriente Próximo. Lejos de intentar interceptar todos los misiles balísticos y drones lanzados por Teherán, el Pentágono aplica desde finales de febrero una estrategia de defensa selectiva destinada a preservar sus limitadas reservas de interceptores Patriot y THAAD, dos de los sistemas antimisiles más avanzados y costosos de su arsenal.

Según ha revelado NBC News, citando a dos altos funcionarios estadounidenses, los mandos militares solo ordenan la interceptación de aquellos proyectiles que supongan una amenaza directa para las fuerzas estadounidenses, infraestructuras críticas o países aliados. Los misiles y drones cuya trayectoria indique que no impactarán sobre objetivos estratégicos pueden quedar sin respuesta.

La decisión refleja un cambio doctrinal impulsado por la evolución del conflicto y por la necesidad de sostener una campaña defensiva prolongada frente a una amenaza que busca precisamente desgastar las capacidades antimisiles de Washington.

Ante informaciones de medios como CNN que apuntan a la preocupación en la Casa Blanca por el nivel de las reservas de munición, en un momento en que el mandatario sopesa una ofensiva a gran escala contra la República Islámica, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, abordó este lunes la cuestión del arsenal disponible.

Trump reconoció que le gustaría contar con un mayor volumen de armamento de cara a la guerra con Irán, si bien aseguró que el país dispone de reservas suficientes de munición para sostener la ofensiva.



"Estamos en muy buena forma. Pero, para algunas de las cosas más sofisticadas, sin duda nos gustaría tener más", declaró a la prensa a bordo del avión presidencial Air Force One, de camino a Míchigan.

Antes del estallido de la actual escalada, Estados Unidos reforzó significativamente su arquitectura de defensa aérea en Oriente Próximo desplegando baterías Patriot y THAAD en Jordania, Kuwait, Baréin, Arabia Saudí y Catar.

El objetivo es proteger tanto a las tropas desplegadas como a instalaciones estratégicas, entre ellas la base aérea de Al Udeid, en Catar, sede del principal centro de operaciones aéreas estadounidenses en la región; el cuartel general de la Quinta Flota en Bahréin; centros logísticos en Kuwait y grandes aeródromos militares en Jordania y Arabia Saudí.

A esta red se suma una batería THAAD desplegada en apoyo de Israel y la presencia permanente de destructores equipados con el sistema Aegis en el estrecho de Ormuz, el mar Arábigo, el mar Rojo y el Mediterráneo oriental, ampliando la cobertura frente a posibles ataques con misiles balísticos.

Cada sistema cubre una capa distinta de la defensa. El THAAD intercepta misiles balísticos a gran altitud durante la fase terminal de su vuelo mediante el radar AN/TPY-2 de banda X y un interceptor de impacto cinético.

El Patriot protege la capa inferior con el misil PAC-3 Missile Segment Enhancement (PAC-3 MSE), mientras que los buques Aegis incorporan interceptores de la familia SM (Standard Missile) y sensores capaces de ampliar el tiempo de detección y respuesta.

La estrategia iraní

La campaña iraní no busca únicamente alcanzar objetivos militares, sino erosionar la capacidad defensiva estadounidense.

Teherán combina misiles balísticos de corto y medio alcance, misiles de crucero y drones de ataque unidireccional, lanzándolos desde distintos ejes o sincronizando su llegada para saturar las defensas. También puede mantener ataques de baja intensidad durante semanas con el objetivo de agotar las dotaciones y reducir las reservas de interceptores.

Los drones, más lentos y numerosos, complican la identificación de amenazas, mientras que los misiles balísticos reducen al mínimo el tiempo de reacción.

Algunos ataques también buscan neutralizar radares, centros de mando y posiciones de defensa aérea antes de golpear hangares, depósitos de combustible, cuarteles generales o zonas de alojamiento de tropas.

Misil contra dron barato

La nueva doctrina estadounidense responde también a una cuestión económica e industrial. Cada misil PAC-3 MSE tiene un coste aproximado de 4,2 millones de dólares, mientras que un interceptor THAAD supera los 12 millones de dólares. Además, la doctrina operativa puede requerir el lanzamiento de más de un interceptor contra un único objetivo especialmente complejo.

Ese equilibrio resulta difícil de mantener cuando muchos de los drones empleados por Irán cuestan solo una fracción del precio de los misiles encargados de destruirlos.

Por ello, los mandos estadounidenses evalúan la calidad del seguimiento del blanco, el punto previsto de impacto, la disponibilidad de interceptores y la prioridad del objetivo protegido antes de autorizar un lanzamiento.

El objetivo es reservar las baterías para salvas masivas o amenazas de mayor entidad y evitar que un dron de bajo coste obligue a consumir un interceptor estratégico.

No obstante, la estrategia entraña riesgos. Las trayectorias pueden modificarse durante el vuelo, los restos de un misil pueden caer fuera de la zona prevista y una instalación aparentemente vacía puede albergar personal.

Además, el propio planteamiento reconoce que ningún sistema de defensa multicapa puede garantizar una protección absoluta frente a ataques coordinados.

La industria acelera

El desafío también alcanza a la industria de defensa estadounidense.

Lockheed Martin asegura haber entregado 620 misiles PAC-3 MSE en 2025 y ha acordado con el Pentágono aumentar la producción anual desde unas 600 unidades hasta 2.000 en un plazo de siete años.

Imagen ilustrativa de un misil PAC-3 del sistema Patriot Lockheed Martin

Sin embargo, ese incremento no permitirá reponer rápidamente las existencias, ya que la misma cadena de fabricación debe abastecer tanto a las Fuerzas Armadas estadounidenses como a clientes internacionales.

Con el objetivo de ampliar la profundidad de los arsenales, la compañía presentó el pasado 20 de julio de 2026 el nuevo PAC-3 Adapted Capability Effector (PAC-3 ACE), un interceptor que, según el fabricante, costará menos de la mitad que el PAC-3 MSE.

El nuevo misil será compatible con el sistema Patriot y con el Integrated Battle Command System (IBCS) y estará destinado a neutralizar aeronaves, misiles de crucero y misiles balísticos de corto alcance. No sustituirá al PAC-3 MSE frente a las amenazas más exigentes, sino que actuará como un complemento para aumentar el número de interceptores disponibles.

La guerra también se libra en los arsenales

La experiencia de los últimos meses confirma que la superioridad tecnológica ya no basta para garantizar la defensa aérea en un conflicto de alta intensidad. La clave reside en combinar interceptores de alta capacidad como THAAD y Patriot con soluciones más económicas frente a drones, apoyadas por guerra electrónica, armas de energía dirigida o sistemas de menor coste.

Pero esa arquitectura solo será sostenible si Estados Unidos logra mantener un equilibrio entre el ritmo de consumo en combate y la capacidad de su industria para reponer las existencias.

En la competición estratégica con Irán, la batalla ya no se libra únicamente en el cielo de Oriente Próximo, sino también en las fábricas encargadas de producir los interceptores que sostienen el escudo antimisiles estadounidense.