Cuando la guerra en Ucrania ya se acerca a cumplir cuatro años y medio, el tejido industrial de la defensa de Rusia continúa sorteando las restricciones e incrementando los ritmos de producción de vehículos.
De esta forma, la compañía estatal Rostec acaba de entregar a las Fuerzas Armadas rusas un nuevo lote de vehículos de combate de infantería (VCI) BMP-3 con algunas mejoras integradas.
Según explican en un comunicado, el volumen de vehículos enviados al frente "ha aumentado anualmente" y "ya triplica las cifras anteriores" al inicio de la invasión. Aunque no aportan cifras exactas.
"Al mismo tiempo, el diseño de los vehículos de combate está evolucionando", apuntan, principalmente con la experiencia acumulada "en el frente".
El BMP-3 es un vehículo blindado de orugas diseñado para el transporte de infantería en el campo de batalla y proporcionar apoyo de fuego directo.
A diferencia de un vehículo de transporte de personal básico, que únicamente protege a los militares mientras se mueven hacia el frente, los VCI cuentan con una capacidad de ataque considerable.
El origen del modelo data de la época soviética, entró en servicio a finales de los años 80 del pasado siglo y se ha mantenido en producción durante todo este tiempo, aunque con mejoras importantes que lo han mantenido actualizado.
En cuanto a las novedades que el BMP-3 ha recibido este año, Rostec señala la integración de mayor protección de los bajos del vehículo contra explosiones, así como resistencia a la munición de fragmentación en la parte delantera y trasera.
Además, cada vehículo está equipado con medidas de protección adicionales que cubren la plataforma desde todos los ángulos, incluso desde arriba.
Este refuerzo de la protección de la parte superior responde a una de las lecciones aprendidas en el frente ucraniano: los drones.
Los vehículos aéreos cargados con explosivos han producido una cantidad de pérdidas personales y materiales incalculable y, precisamente, el ataque desde arriba, dejando soltar la carga, es uno de los métodos más empleados.
Debido a esto, los ingenieros rusos han ideado todo tipo de protecciones —como jaulas y superestructuras— para salvaguardar la entrada de explosivos por la escotilla superior de los vehículos.
Se trata de una situación muy similar al incremento de blindaje en la parte baja de los BMP-3. En este caso, Ucrania lleva varios años empleando drones terrestres cargados que pueden meterse debajo de los vehículos.
También han diseminado minas antitanque enterradas que igualmente han sido causantes de muchas bajas.
En cuanto a la producción, las empresas estatales rusas publican con cierta frecuencia incrementos en los ritmos de fabricación de sistemas militares, aunque se desconoce su alcance real.
