Estados Unidos quiere consolidar su ventaja militar frente a China y Rusia con la mayor inversión en defensa de su historia. La Cámara de Representantes ha aprobado la Ley de Autorización de la Defensa Nacional (NDAA) para el ejercicio fiscal 2027, un proyecto que contempla 1,15 billones de dólares para financiar desde bombarderos estratégicos y submarinos nucleares hasta armas hipersónicas y el futuro escudo antimisiles conocido como 'Cúpula Dorada'.
El texto salió adelante por un estrecho margen de 216 votos a favor y 212 en contra, tras una votación marcada por las divisiones entre republicanos y demócratas sobre el creciente gasto militar y la financiación de las operaciones estadounidenses contra Irán. La iniciativa pasa ahora al Senado, donde deberá superar un nuevo debate político.
Más allá de la confrontación partidista, el presupuesto dibuja con claridad cuáles serán las prioridades del Pentágono durante los próximos años: ampliar la capacidad industrial de defensa, acelerar la producción de armamento y modernizar las Fuerzas Armadas para afrontar un escenario de competencia simultánea con China, Rusia y las amenazas en Oriente Próximo.
Uno de los principales beneficiarios será la aviación militar estadounidense. El proyecto reserva 56.000 millones de dólares para el desarrollo y adquisición de plataformas aéreas de nueva generación.
Entre ellas destaca el bombardero estratégico B-21 Raider, llamado a sustituir progresivamente a los B-1 y B-2 y convertirse en el principal vector de penetración de largo alcance de la Fuerza Aérea estadounidense durante las próximas décadas.
F-35 estadounidense en la cubierta de un portaviones
La financiación también permitirá continuar la adquisición de cazas F-35 Lightning II. De hecho, en el proyecto de presupuesto del Pentágono para el año fiscal 2027, avanzado en abril, se contemplaba la adquisición de 85 aviones de combate de Lockheed Martin, frente a los 47 solicitados el año pasado, lo que representa un impulso significativo para el mayor programa de armamento de Estados Unidos.
Asimismo, se plantea un aumento en la producción del F-15EX Eagle II hasta 24 y continuar el desarrollo de plataformas de sexta generación como el F-47 y el F/A-XX.
Los presupuestos también prevén reforzar la flota de aviones de patrulla marítima y mantener la producción de helicópteros CH-47 Chinook y UH-60 Black Hawk, dos de las aeronaves más empleadas por el Ejército estadounidense.
Submarinos nucleares
El ámbito naval concentra otra de las partidas más relevantes del presupuesto de defensa, reflejando la prioridad estratégica que Washington otorga al dominio marítimo y a la modernización de su tríada nuclear.
La propuesta prevé una inversión superior a los 60.000 millones de dólares destinada tanto a la construcción como al mantenimiento de buques de guerra.
Representación artística de un submarino de clase Columbia.
Entre los programas más destacados figura la financiación de un cuarto submarino estratégico de la clase Columbia, concebido para sustituir progresivamente a los actuales Ohio, que constituyen el pilar central de la disuasión nuclear estadounidense basada en el mar.
Estos nuevos submarinos incorporan avances significativos en sigilo, autonomía y capacidad de supervivencia, elementos clave para garantizar la credibilidad del segundo ataque nuclear.
El plan también incluye la adquisición de dos submarinos de ataque de la clase Virginia, fundamentales para misiones de guerra antisubmarina, proyección de fuerza y recopilación de inteligencia en entornos altamente disputados.
A ello se suma la construcción de dos destructores de la clase Arleigh Burke, plataformas versátiles equipadas con el sistema de combate Aegis, capaces de desempeñar funciones de defensa antiaérea, antimisiles y operaciones de superficie.
Además de las nuevas unidades, el presupuesto contempla inversiones sostenidas para mantener el ritmo de producción de la industria naval, reforzar la base industrial y acometer la modernización de la flota existente.
Este esfuerzo busca evitar cuellos de botella en los astilleros, mejorar la disponibilidad operativa y asegurar que la Armada estadounidense conserve su ventaja tecnológica y numérica frente a competidores estratégicos como China y Rusia.
Hipersónicos y municiones
El Pentágono quiere además acelerar la producción de armamento considerado crítico para un eventual conflicto de alta intensidad.
Para ello solicita 40.000 millones de dólares destinados a ampliar las líneas de fabricación de motores de combustible sólido, bombas guiadas JDAM, armas hipersónicas y sistemas antidrones.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, explicó ante el Senado que esos recursos también servirán para reforzar las capacidades espaciales y digitales del país mediante nuevas redes de satélites resilientes y otras tecnologías orientadas a garantizar la superioridad militar estadounidense.
Otra de las grandes prioridades presupuestarias es el desarrollo de la denominada 'Cúpula Dorada' (Golden Dome), el ambicioso escudo nacional de defensa antimisiles impulsado por la Administración de Donald Trump.
El presidente de EE.UU., Donald Trump, realiza un anuncio sobre el escudo antimisiles Golden Dome junto al secretario de Defensa, Pete Hegseth, en el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington D.C., Estados Unidos, el 20 de mayo de 2025.
El proyecto pretende crear una arquitectura multicapa capaz de detectar e interceptar misiles balísticos, hipersónicos y de crucero antes de que alcancen territorio estadounidense, integrando sensores espaciales, interceptores terrestres y sistemas avanzados de mando y control.
La iniciativa se perfila como uno de los programas estratégicos más importantes del Pentágono durante la próxima década.
En el dominio terrestre, el Departamento de Defensa mantiene su apuesta por la modernización de las fuerzas del Ejército y el Cuerpo de Marines, con una inversión conjunta cercana a los 65.000 millones de dólares. El objetivo es reforzar capacidades clave frente a amenazas emergentes, con especial énfasis en misiles, vehículos blindados y aviación.
Dentro de este esfuerzo, destacan los 31.800 millones de dólares destinados a misiles terrestres críticos, incluyendo un aumento en la adquisición de sistemas Patriot, THAAD, misiles de ataque de precisión y capacidades de alcance intermedio.
La guerra con Irán
El proyecto incorpora igualmente financiación para las operaciones militares desarrolladas recientemente contra Irán, cuyo coste ha sido estimado por el Pentágono en 37.500 millones de dólares.
Durante su comparecencia en el Senado, Hegseth defendió además una petición suplementaria de 87.600 millones de dólares para sostener el esfuerzo militar, reforzar la base industrial de defensa y acelerar la producción de capacidades consideradas críticas.
Los republicanos justifican el aumento del gasto por la necesidad de mantener la superioridad militar de Estados Unidos frente a sus competidores estratégicos y responder a un entorno internacional cada vez más inestable.
Los demócratas, en cambio, cuestionan el incremento del presupuesto mientras se reducen otros programas federales y critican la decisión del presidente Donald Trump de ordenar ataques contra Irán sin autorización previa del Congreso.
Aunque la NDAA es una de las pocas leyes que tradicionalmente se aprueban cada año en Washington —ha sido promulgada durante 65 ejercicios consecutivos—, la correspondiente a 2027 afronta uno de los debates más complejos de los últimos años debido a la creciente polarización política y a las discrepancias sobre el papel que debe desempeñar Estados Unidos en los principales escenarios de conflicto internacionales.
