Boeing ha aprovechado el Salón Aeronáutico de Farnborough para exhibir el Ghost Bat, el avión de combate colaborativo más avanzado de su cartera, en un momento en el que la competición por desarrollar cazas autónomos entra en una fase decisiva.
Mientras la compañía estadounidense mostró una aeronave plenamente operativa, sus principales rivales, General Atomics y Anduril Industries, presentaron maquetas a escala real de los sistemas con los que aspiran a conquistar uno de los mercados de defensa con mayor potencial de crecimiento de la próxima década.
La carrera por los denominados Collaborative Combat Aircraft (CCA), conocidos también como loyal wingman, drones capaces de operar junto a cazas pilotados como el F-35, ha atraído a los principales fabricantes aeronáuticos y de defensa de Estados Unidos y Europa, entre ellos Lockheed Martin, Northrop Grumman y Airbus.
Este tipo de drones están llamados a asumir las misiones de mayor riesgo, reduciendo la exposición de los pilotos y aumentando la supervivencia de las aeronaves tripuladas.
La Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) pretende incorporar estos sistemas como multiplicadores de fuerza, con un coste equivalente, como máximo, a una tercera parte del precio de un F-35, que puede superar los 80 millones de dólares.
Para Boeing, el Ghost Bat es actualmente el programa más avanzado de esta nueva categoría de aeronaves de combate. A principios de este mes se convirtió en el primer avión de combate colaborativo en participar en un ejercicio militar multinacional liderado por EEUU después de haber superado en diciembre una prueba de fuego real contra un blanco aéreo.
"Tenemos el avión de combate colaborativo más maduro", aseguró a Reuters Bernd Peters, vicepresidente de Desarrollo y Estrategia de Boeing. "Es un sistema real que está delante de ustedes", añadió, recordando que la empresa trabaja en este programa desde 2017.
El fabricante está construyendo siete Ghost Bat para las Fuerzas Armadas australianas tras la firma, el pasado diciembre, de un contrato de tres años valorado en 754 millones de dólares australianos (528 millones de dólares estadounidenses).
Además, afirma haber completado más de un centenar de vuelos de prueba y contar con capacidades avanzadas de autonomía ya demostradas.
Anduril y General Atomics
Pese a la ventaja que reivindica Boeing, sus competidores aseguran estar acortando distancias. Jason Levin, vicepresidente sénior de Anduril, afirmó a Reuters que su empresa ha logrado en apenas dos años superar el nivel de desarrollo alcanzado por otros fabricantes tras muchos más años de trabajo.
La competición se intensificó el mes pasado, cuando la USAF adjudicó a Anduril y General Atomics los contratos de producción de la primera fase del programa CCA, con el que pretende crear una primera flota de acompañantes de combate semiautónomos.
Aeronave de combate colaborativo Fury en pleno vuelo
La semana pasada, la Fuerza Aérea estadounidense anunció además una prueba de fuego con una aeronave de Anduril sobre el desierto de Mojave. Paralelamente, la compañía ha iniciado la producción de su dron de combate Fury en una nueva planta de Ohio, con capacidad potencial para fabricar hasta 150 aeronaves al año.
General Atomics confirmó igualmente que ya ha producido varias aeronaves para el programa CCA y destacó que la autonomía constituye el principal salto tecnológico respecto a generaciones anteriores de sistemas no tripulados, asegurando haber acumulado miles de horas de vuelo autónomo durante los últimos años.
El YFQ-42A despega durante un vuelo de pruebas.
La USAF prevé seleccionar un proveedor principal para esta primera fase del programa durante el verano de 2027 y adquirir más de 150 aeronaves de combate colaborativo antes de que finalice la década.
En paralelo, el Pentágono también ha impulsado el desarrollo del software de autonomía mediante contratos adjudicados a seis empresas, entre ellas Lockheed Martin, que confirmó que su propio avión de combate no tripulado ya se encuentra en fase de construcción y realizará su primer vuelo el próximo año.
Europa impulsa sus programas
Estos drones se han consolidado como un elemento clave en el nuevo escenario de seguridad, marcado por la guerra en Ucrania, el avance de la inteligencia artificial y el creciente debate europeo sobre la autonomía estratégica en defensa.
La carrera por los cazas autónomos también está ganando velocidad en Europa. Varios gobiernos desarrollan iniciativas propias, mientras fabricantes estadounidenses buscan alianzas industriales para adaptar sus plataformas al mercado europeo.
En este contexto, Boeing ha anunciado acuerdos con varias empresas alemanas para ofrecer una versión del Ghost Bat a la Fuerza Aérea de Alemania con vistas a su entrada en servicio en 2029.
Airbus también presentó en Farnborough el U760 Ravenstorm, cuya entrada en servicio prevé para comienzos de la próxima década. Mientras tanto, el fabricante europeo desarrolla el U740 Valkyrie, con el que espera iniciar vuelos de prueba antes de que termine este año utilizando dos aeronaves adquiridas a la estadounidense Kratos Defense.
Con estos desarrollos, la competición por dominar el mercado de los cazas autónomos entra en una nueva etapa, en la que la madurez tecnológica, la capacidad de producción y el grado de autonomía serán determinantes para hacerse con los futuros contratos de las fuerzas aéreas occidentales.
