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Las claves

Estados Unidos ha dado un nuevo paso en la escalada militar contra Irán al incorporar a su campaña aérea los bombarderos estratégicos B-1B Lancer, una de las plataformas de ataque convencional más potentes de su Fuerza Aérea.

Así lo ha revelado Axios, citando a funcionarios de Washington, uno de estos aviones participó el pasado 21 de julio en una ofensiva contra objetivos de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), marcando la primera intervención conocida de este modelo desde el inicio de las hostilidades hace casi dos semanas.

La entrada en combate del B-1B supone mucho más que un refuerzo puntual. Representa la capacidad de EEUU para proyectar una elevada potencia de fuego sobre Irán desde bases situadas fuera del Golfo Pérsico, reduciendo la vulnerabilidad de sus instalaciones militares en la región y ampliando su margen de maniobra en una campaña que busca debilitar la infraestructura militar iraní.

De acuerdo con las citadas fuentes estadounidenses, el B-1B participó en los bombardeos dirigidos contra centros de mando, infraestructuras marítimas, hangares de aeronaves, instalaciones de almacenamiento de drones y redes logísticas utilizadas por la Guardia Revolucionaria para sostener las amenazas contra el tráfico comercial en el estrecho de Ormuz.

El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó la naturaleza de los objetivos alcanzados, aunque evitó identificar qué blancos concretos fueron atacados por el bombardero o el armamento empleado durante la misión. Tampoco ha revelado el perfil de vuelo ni la ruta seguida por el aparato.

Esa falta de detalles impide determinar el peso exacto del B-1B dentro de la operación, pero su mera participación confirma una ampliación significativa de la campaña aérea estadounidense y el recurso a medios de ataque de largo alcance para mantener la presión sobre la red militar iraní.

Diseñado para lanzar ataques masivos

El B-1B Lancer continúa siendo uno de los principales activos de bombardeo convencional de Estados Unidos gracias a una combinación de velocidad supersónica, alcance intercontinental y enorme capacidad de carga.

Puede transportar hasta 75.000 libras (34 toneladas) de armamento convencional, suficiente para lanzar hasta 24 bombas guiadas de 2.000 libras o 24 misiles de crucero AGM-158 JASSM, capaces de alcanzar objetivos estratégicos desde cientos de kilómetros de distancia.

Dos B-1B Lancer volando en formación Tyler Harmon / USAF

Esta capacidad permite que un solo avión ataque numerosos objetivos dispersos en una misma misión, reduciendo el número de aeronaves necesarias para una operación y aliviando la demanda sobre aviones cisterna y cazabombarderos tácticos.

Aunque el B-1B no dispone de capacidades furtivas comparables a las de los bombarderos de nueva generación, sigue siendo una plataforma especialmente eficaz para lanzar misiles de largo alcance contra infraestructuras militares, depósitos logísticos, centros de mando o bases de drones, mientras los aviones furtivos se reservan para los objetivos más protegidos.

Menos dependencia de las bases del Golfo

Uno de los aspectos más relevantes de la operación es el lugar desde el que habría despegado el bombardero. Según Axios, el aparato inició la misión desde el Reino Unido, una información respaldada parcialmente por observadores de aviación que detectaron vuelos de B-1B desde la base británica de RAF Fairford.

Aunque estos seguimientos mediante plataformas de tráfico aéreo no permiten confirmar el destino ni la misión del avión, sí apuntan a un cambio en la forma de operar de Estados Unidos.

Lanzar ataques estratégicos desde Europa reduce la dependencia de las bases estadounidenses desplegadas en el Golfo, mucho más expuestas a posibles represalias iraníes mediante misiles balísticos, misiles de crucero o drones de ataque.

Al mismo tiempo, demuestra la capacidad de Washington para coordinar operaciones complejas que integran reabastecimiento en vuelo, inteligencia, comunicaciones seguras, planificación táctica y, previsiblemente, medios de guerra electrónica distribuidos entre Europa y Oriente Próximo.

Con independencia del armamento empleado, la entrada en combate del B-1B Lancer confirma la apuesta de Washington por una estrategia basada en ataques de largo alcance lanzados desde una red global de bases. Una capacidad que no solo incrementa la presión militar sobre Irán, sino que también complica la planificación defensiva de Teherán al obligarle a hacer frente a amenazas que pueden llegar desde miles de kilómetros de distancia.